Sipnosis
Memento Mori
Tras el festival

Fue un mes de locura, el que transcurrió luego del Festival de Invierno, luego de los cepelios de las víctimas, el poder quedó en las manos del Gobernador, Everett Goodweatherm tendría el control total sobre la ciudad, pero Azuka había logrado parte de su objetivo: Los rumores de que el gobierno de Washington ya no estaba tan convencido de compartir el poder con los vampiros; la situación se estaba saliendo de manos, y los cainitas y garras rojas parecían estar ganando la partida. Pero ninguno de los artífices de la destrucción, pensaron que los berkeser se volverían un problema para todos, porque los vampiros que no fueron asesinado por ellos, se transformaron en berkeser, que se han transformado en una manada que deambula por las alcantarillas atacando a quien se les enfrente o quien esté en su menú del día.

Humanos y Vampiros ya no tenían una alianza tan sólida como antes, y las desconfianzas estaban surgiendo.

Mientras que en medio quedaban los licanos, o por lo menos, parte de ellos, Fenrir y Fianna, pero quien padeció la peor parte fueron los Fenrir que en el atentado perdieron a su líder, del que jamás encontraron el cuerpo. Quedaría en manos del nuevo líder de los Fenrir y de Gissiel Earhart, determinar el destino de su clan y tradiciones, pero entre los licanos, se sabía la atrocidad cometida por las Garras Rojas, comandados por Arthur Redclaw, que se habían vuelto muy fuertes.

Por su parte, los rebeldes, el pequeño grupo de disidentes ya no parecían estar tan solos en su lucha, el gobierno de Washington los contactaría extra oficialmente para conseguir sus fines: controlar la ciudad, de una o de otra manera. Etienne LeBlanc, tendría que decidir..

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Unpleasant arrival

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Unpleasant arrival

Mensaje por Invitado el Vie Ene 25, 2013 4:18 pm

- No me siento interesado, Alexander. No me falta nada aquí, tengo humanos de esclavos, tengo comida por ellos y si se me antoja sangre de vampiro, mis muchachos siempre pueden traerme algún que otro idiota para que beba de el ¿ Que puedes ofrecerme tú, que me haga re-considerar lo que dices?

- Humanos, sangre, sexo, energía negativa. Parece que lo tienes todo, hermano. Entonces, déjame preguntarte ¿ Porque es que me estás escuchando? Ah, cierto. Porque estas interesado o al menos sientes curiosidad por lo que yo pueda decirte ¿ Porque? Porque hay algo que quieres, hay algo que yo puedo ofrecerte, que tú no tienes, hermano.

- Mas que nada me siento intrigado por el motivo u objetivo, que te haya sacado del infierno. Sé muy bien lo mucho que te gusta ese horrible lugar. Siempre has sido extraño, en muchos sentidos, pero no por eso menos inteligente. Sí, me atrapaste, siento curiosidad por lo que puedas ofrecerme y sí, deseo algo. Solo me queda preguntar ¿ Que quieres tú, de mi?

- Esa es la pregunta mas sencilla de todas, hermano. Conocimiento. Tú sabes algo que yo necesito saber. La ubicación de algo o alguien, quizá. Ahora, siempre siento como si tirara una moneda al aire cuando me arriesgo a adivinar de esa forma. Siempre es placentero acertar.

- Habla, Alexander, no soy de mucha paciencia...dime, ¿ Porque has abandonado el infierno?

- Mis motivos son solo míos, así como mis objetivos, Valerion, no te ofendas si no te lo digo.

- Entonces, dime que me ofreces por lo que sea que yo sé...

_____________________

Descanso eterno.

_______

* Central Park. 12:39 pm.

De ser precisa la información que su hermano le había brindado, Alexander se encontraba en el buen camino. Por lo visto, lo que el demonio estaba buscando, se encontraba en la zona cero, mas precisamente, dentro del Central Park. Sí, el fin del mundo no le sentaba para nada bien a la ciudad de Nueva York, ni mucho menos al Central Park. En su momento, un lugar precioso para pasar el día, actualmente, el lugar mas lleno de violaciones y asesinatos de toda la ciudad. Una Jungla peligrosa de la que pocos volvían. En general, la zona cero en sí, no era mas que una jungla. Después de todo, lo que había sucedido allí, no había sido mas que el catalizador de una cadena de sucesos que explotaron todos en conjunto con la llegada de los demonios. La apertura de los portales y la llegada de los ángeles, no había hecho mas que empeorar el ya presente problema entre vampiros. Tanto de Hijos de Caín, como de los miembros de la Brotherhood. Sin contar, la revelación de los Licántropos. Todo se reducía a un gran caos. Una guerra. Un apocalipsis. Y Alexander parecía tan ajeno a todo aquello. Después de todo, para el, lo que sucedía no era una guerra. Eran un conjunto de egos chocando unos contra otros, matando a los pobres inútiles que se encontraran en el medio.

Su llegada, por suerte, había pasado desapercibida. Nadie sabía que Alexander se encontraba en el mundo humano. No tenía amigos demonios, tampoco aliados. Simplemente tenía conocidos, conocidos que lo podrían informar sobre lo que el necesitara, siempre que el pagara el precio, como lo venía haciendo. Pero ni siquiera sus conocidos, por pocos que fueran, se habían enterado de la llegada del demonio de ojos azules. Solo una pequeña niña lobo estaba al tanto de su llegada. Y ella solo sabía lo que Alexander quería que sepa. Ella lo dejaba hospedarse en su refugio y el le enseñaba a pelear con demonios, a asesinarlos. Un intercambio justo, al menos, a los ojos del demonio.

Sin embargo, el panorama del Central Park, era muy diferente al panorama del refugio de la niña Lobo. La tranquilidad del refugio, era un polo completamente opuesto al caos que allí había. Demonios vociferando insultos e insultos al aire, sin objetivo alguno mas que el de ocasionar mas desorden. Gritos de moribundos, de heridos y de algunos no-muertos, que veían como su inmortalidad se les escapaba de las manos. Un campo de batalla sin duda. Y los restos de algunos combates, no hacían mas que infectar el ya desagradable aire con olor a podrido. El demonio vestido de traje no pudo evitar fruncir la nariz al llevar caminados un par de minutos. La cautela ere esencial. Después de todo, sus hermanos se encontraban inmersos en el frenesí de la batalla, pasar sin que ellos lo vean, iba a ser lo mejor. Para su suerte, un grupo de Hijos de Caín les presentó pelea a unas cuadrillas de demonios que se encontraba en el camino de Alexander, por lo que este pudo pasar sin ningún problema. Ya no se encontraba muy lejos de la ubicación. Le faltaba poco realmente.

" Estas maldito, cobarde asqueroso, esto no es lo que acordamos, dijiste que...ibas a darme a esa mujer, no que ibas a atacarme. Te maldigo, impío infeliz, volveré y cuando lo haga, te daré caza. Te mataré con mis propias manos..."

Las palabras de su hermano no hacían mas que ir y venir en la mente de Alexander. Le causaban gracia. El robusto demonio, siempre se había jactado de su poder, de sus cosas, de lo que había logrado construir dentro de tanto caos. De tanta guerra. Al fin y al cabo, era otro imbécil mas. Su muerte era necesaria, de lo contrario no lo habría asesinado. De haberle perdonado la vida, aquél demonio hubiera corrido la voz de su llegada y honestamente eso hubiera sido muy contraproducente. El anonimato de sus acciones era necesario, al menos por unos días. Asesinado por un cobarde. Vaya final para un egolatra infeliz. Al menos había llegado a sacarle la información que necesitaba. Había cumplido su función.

" Duerme ahora hermano, no en el infierno, sino en la nada eterna. Soy un ilusionista y tú, como todos, se confiaron...descansa, eternamente. "


La parte fácil se había terminado con el asesinato de Valerion. Nunca había sido el mas inteligente de los demonios. Sí había sido poderoso, por algo tenía lo que tenía en este plano tan destruido y caótico. Con su sentido de la autoridad y su poder, había erigido un buen refugio, un buen grupo de seguidores y una serie de prisioneros/as que eran realmente una delicia. Pero no pudo preveer una traición de un aparente cobarde. O la traición de alguien mas inteligente que el.

El grito de una muchacha. Eso lo sacó de los pensamientos que se relacionaban con su hermano. Sin darse cuenta, al menos del todo, Alexander ya se encontraba muy dentro del Central Park, pero para su suerte, seguía en curso. Pero claro, una humana lo sacó de su tranquilidad. O al menos, parecía una humana.

¿ Una violación ? ¿ Un asesinato? ¿ Un robo? No, para que robar, si ya nada tiene mas valor que la comida. Por ahí se trataba de un robo de comida. Quién sabe. Ah, bueno, un asesinato. Por lo visto, un grupo de tres o cuatro demonios había dado con dos humanos, dos valerosos o muy estúpidos humanos. Un padre y una hija, sí. El hombre yacía muerto a los pies de su hija, la cual no dejaba de gritar de dolor. Alexander no pudo evitar sonreír al momento que observaba a uno de los pequeños y jóvenes demonios, insultar a los otros dos por matar al padre. Novatos.

- Yo quiero violarla primero, he oído que los placeres de la carne son exquisitos, muy...muy...

- Son perfectos ¡Idiota! De cualquier forma, yo iré primero. Tú mataste al padre, tú irás último.

- Yo solo quiero su alma, no me interesa su carne.

- Al alma la dividimos, se ve que es de buen corazón, ninguno de los tres se la va a quedar toda para él ¿ Entendiste, basura?

Penosa demostración. Penoso espectáculo. Crueldad excesiva, sí. No era algo que al propio Alexander le agradara. En absoluto...

- Ya basta, lárguense antes de que los envíe de vuelta al infierno a que maduren un poco. Trío de inútiles. - Espetó con autoridad Alexander, al hacerse presente en la escena. Vestía un traje, llevaba peinado el cabello y su rostro era muy apuesto, contrastando las apariencias de sus hermanos menores - Detesto a los que torturan su comida, váyanse, última advertencia...

- No pienso irme a ningún la-

La voz del pequeño demonio fue interrumpida por un puñetazo de Alexander en el rostro del mismo. Al ver la velocidad del mayor, los otros dos salieron corriendo, dejando solo al tercero, que aún permanecía dolorido en el suelo. Al cerciorarse de que los menores habían abandonado la escena, el demonio de ojos azules, se volteó y le ofreció una mano a la muchacha para que se ponga de pie.

- No es lugar para que un humano ande solo, nunca. Lamento lo de tu padre, pequeña, pero debes irte, rápido.

- N- no me deje sola!

Demonios, digo ángeles... Trabajo de niñera. Lo que le faltaba.



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Re: Unpleasant arrival

Mensaje por Temperance Brunswick el Sáb Ene 26, 2013 3:40 pm

La cacería se había vuelto una especie de adicción, y no por sangre o poder, sino por el mero hecho de cazar y cumplir lo que se había auto impuesto cuando despertó de ese terrible sueño, pero aquella peregrinación hacia la muerte la estaba mutando, su cuerpo estaba muriendo, transformándose lentamente en lo que parecía ser un vampiro, pero sin el deseo de sangre, sólo el persistente deseo de erradicar demonios. Incluso esa misión la estaba alejando de Luca, que intentaba retenerla, pero aún sin lograr comprender los verdaderos ribetes de lo que a su amada le estaba pasando.

Lo único bueno era que la joven no había vuelto a tener esos episodios en que su conciencia se perdía y terminaba envuelta en sangre de demonios y lastimada como si hubiera peleado contra los ejércitos del averno. Eso también hacia que la marca en su pecho no siguiera extendiéndose por su cuerpo, aunque ahora llegaba hasta su mano izquierda que estaba tan helada como un témpano de hielo. Era extraño tocar así ahora, sentir lo que un vampiro siente cuando toca otra piel, ese hielo de ultratumba que la recorre por completo.

Pero ya estaba de vuelta en las calles de lo que antes fueron los territorios de los Brothehood, el Central Park estaba a sus espaldas, y no muy lejos de ahí, estaba la antigua mansión donde ella creció desde la muerte de su madre, rodeada entre vampiros y los considerados y mullidos detalles de una muñeca de cerámica que el príncipe le otorgaba a una de sus más preciadas posesiones. Pero ahora la joven miraba las altas copas de los arboles que antes fueron la atracción mayor de la ciudad, el pulmón verde que ahora se extendía como una jungla, reconquistando los territorios que antes le pertenecían, antes de que los humanos lograran dominar y crear sus ciudades que ahora no eran más que las tristes reinas de un reino dominado por la destrucción y la muerte.

La brisa de la noche sopló con violencia, la noche era profunda, y las estrellas habían escapado del la bóveda celeste, porque esa noche no había luz alguna, ni para demonios, ni vampiros, ni licanos, nadie. La esperanza también había desaparecido para muchos de los que estaban en aquel mundo, y no eran pocos los humanos que abandonaban el fuerte humano, en busca de algo más, quizás, salir de lo que quedaba de la ciudad, buscar un edén, pero por desgracia, ya no había lugar en el mundo donde no estuviera sumido en la misma destrucción. Esa era seguramente la intensión de aquel hombre que había intentado proteger a su hija de los demonios, pero su vida había sido segada de este mundo por la mano destructiva de aquellos seres.

Y fueron precisamente los gritos de aquella chica que la pusieron alerta, no estaba demasiado lejos, pero era extremadamente extraño escuchar la voz de algún humano que se aventurara solo a esos territorios, incluso, los mismos vampiros y licanos, evitaban ir solos a la zona cero, más tan cerca del Bronx, donde la joven deseaba llegar para seguir investigando sobre los monolitos de fuerza oscura que parecían alimentar a los demonios.

Temperance corrió en la dirección en la que escuchó aquellos gritos, pero al llegar, vió a otro demonio ¿atando a otros demonios?, ¿que estaba pasando? seguramente se estaban peleando por quién se llevaría a la joven que aterrada, estaba de rodillas en el suelo, ante el cuerpo de su padre. Dos de los demonios escaparon, pero ella actuaria, corriendo por la cornisa, y disparando a la cabeza de uno de ellos, haciéndolo caer al suelo, y luego, a otro en su espalda, destrozándole la espina, también caería pero ninguno de los dos estaría muerto, y cuando la joven llegó al suelo, extendió sus manos, y luego de pronunciar unas palabras, un gran sello de salomón se abrió, despachando a los dos demonios al infierno. Ella ya no sentía dolor ni se agotaba tras realizar esos exorcismos, era como si de pronto la joven fuera lo suficientemente fuerte como para mantener aquellos rituales, sin caer sin aire. Pero aún su cuerpo se agitaba,su corazón incluso latía con mayor violencia, como si hubiera corrido una maraton, mas no caía de rodillas al borde de sus fuerzas.

Se giró hacia la chica, junto a otro demonio que parecía ser más fuerte, no era similar a otros demonios a los que se había enfrentado. Mientras tanto, la chiquilla sollozaba, abrazada así, y elevando su deseo de que el demonio la llevara...¿vendiendo su alma? La espiritista entornó sus ojos, y apuntó su arma hacia el hombre de impactantes ojos azules, claro... un demonio jamás sería un ser despreciable, y la belleza en este era incuestionable... incluso su presencia producía un deseo de acercarse, de tocar..ante el cual la joven lograba manipular. Un demonio carecía de poder cuando había convicción en las ideas y los principios.

-¿repartiendo la mercancía?- preguntó-niña corre y ponte detrás de mí- ordenó, pero la joven no quería moverse, como si estuviera irremediablemente prendada del demonio de aspecto humno -ven ya- exhortó con mayor fuerza, pero la muchacha se negaba, moviendo su cabeza de lado a lado y yendo a sujetar la pierna del demonio -¿eh?...¿te pertenece? - preguntó la joven con un evidente desdén en su voz, era un demonio después de todo.


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Re: Unpleasant arrival

Mensaje por Invitado el Dom Ene 27, 2013 10:45 am

" No siento cariño alguno por los de mi raza. Solo respeto a los que merezcan el mismo. La crueldad en exceso es de lo mas contraproducente ¿ Para que pelear, si hay posibilidades de conseguir las cosas hablando? ¿ Para que arriesgar la carne de uno, solo para obtener algo? Peligro, para aumentar un ego innecesario. No vale la pena. Eso es lo que me hace sentir repulsión o mejor dicho, rechazo, hacia los de mi raza ¿ He respondido a tu pregunta? "


Era cierto. Alexander nunca había destacado como alguien popular en el infierno. La crueldad de sus hermanos y su salvajismo siempre habían sido muy opuestos a su siempre presente deseo de evitar conflictos que puedan ser evitables. Sus hermanos siempre parecían ansiosos de probar su poder, de esgrimir lo que el padre nos dio, solo para ocasionar dolor, para sembrar el caos a donde sea que fueren. En el infierno la historia no era muy diferente a lo que era en la tierra. Constantes enfrentamientos, constantes combates que no llevaban a nada mas que un ego inflado y carne magullada por heridas sangrantes. Para el de los ojos azules, aquello no era mas que una simple pérdida de tiempo. Sirviendo fielmente, se conseguía el respeto y el conocimiento de que uno es útil. No peleando entre hermanos. No matándose entre sí, enviando a otros demonios al letargo para que se recuperen. Aquellos tres, lo tuvieron que entender por las malas.

La pequeña humana acababa de desatar algo, que ni siquiera se le hubiera llegado a ocurrir. Los demonios son muchas cosas, pero olvidadizos, nunca. Aquellos tres seguramente quedarían resentidos por lo que Alexander había hecho. Por la comida que el les había arrebatado. La muchacha era ciertamente pura de corazón. Después de todo, no era mas que una simple niña, muy pequeña. Seguramente no habría sentido a un hombre en su interior aún. Sí, no lo había sentido. Que extraño tesoro, algo raramente visible en el mundo actual. Donde padres violaban a sus propias hijas, con tal de que otros no lo hicieran. Donde padres vendían a hijos con tal de conseguir un poco de protección, un poco de comida. Donde hijos se convertían en simples parricidas, malditos a los ojos de cualquier deidad que los vea. " No hay hombre mas maldito que el que asesina a su propia sangre". O al menos eso creía haber escuchado...

Disparos. Eso acababa de escuchar.

Alarmado por los repentinos y rotundos sonidos, Alexander se giró instintivamente en la dirección de la cual provenían los mismos. No le extrañó, para nada, ver en el suelo a los dos demonios cobardes que habían abandonado a su compañero inconsciente. No le dieron pena, sino que aquello le sacó una pequeña sonrisa. Al ver como la mujer completaba el trabajo, al despacharlos nuevamente al infierno, el demonio de forma instintiva alzó ligeramente una mano, como para proteger a la muchacha. Al notarlo, suspiró y devolvió la mano a su posición original. Su sonrisa había desaparecido y su expresión se había tornado seria, atenta a lo que sucedía delante suyo. Al hacerse presente la voz de la mujer en la escena, comprendió que no se trataba de una cazadora común y corriente. Por la gran maestría en el uso del sello de salomón, de seguro se trataría de una espiritista. Y no una cualquiera, una muy hábil. Sería un dolor en el culo tener que lidiar con ella, que ahora le apuntaba con tanta determinación. Alexander podía sentir su agotamiento físico, podía sentir ese violento latir. Sonrió de medio lado al momento que la voz ajena, comenzaba a llamar a la pequeña.

" Ve, vete y desaparece de mi vida. Eres una preocupación y este lugar, definitivamente no es lugar para andar con preocupaciones al hombro..."


Eso le hubiera gustado decir. Pero no lo dijo, sin saber precisamente el porque. Solo se quedó allí, mientras la muchacha se negaba a ir con la cazadora e incluso llegaba a aferrarse a la pierna de Alexander, casi con desesperación. La última pregunta, no hizo mas que sacarle una sonrisa al demonio. En aquél momento, fue que se tomó el tiempo de observar mejor a la cazadora. No parecía tener nada especial, nada en absoluto. Muy hábil, muy buena puntería, pero al mezclar magia con proezas físicas, se extenuaba o al menos su cuerpo lo hacía. Ella mantenía muy bien su porte, no lo demostraba, demasiado. Pero, sí...había algo mas en ella. Algo que no se notaba a simple vista. Algo oculto. Algo, puro...

" ¿Lo has notado ya, Alexander? "


No era posible, de serlo, ¿Como un cuerpo así, podría contener un poder como ese? Su padre ya lo había notado. Después de todo, era su hermano el que estaba ahí dentro. El mensajero de Dios, uno de los cuatro grandes del cielo. Hermano de Lucifer, Miguel y Rafael. Eran ciertos los rumores de que Gabriel ya había desertado, pero era demasiado el estar en presencia del mismo. Nunca había sido el mas fuerte, pero seguía siendo un arcángel. La mujer ciertamente, sería un dolor en el culo. Y uno muy doloroso. Tendría que manejarse con cautela. Era completa y absolutamente necesario.

- No me pertenece, simplemente le salvé la vida - Habló con tono cortés y tranquilo, pero muy seguro de si mismo. No dejaría que se hiciera obvia la sorpresa de sentir aquella presencia allí - Los cachorros de demonio son demasiado crueles y eso es algo que no me parece apropiado - Replicó mirando de reojo al padre de la muchacha. El hombre ya no tenía garganta prácticamente. Por suerte su rostro aún estaba intacto. La visión de la cabeza sin rostro de su padre, podría haber sido demasiado para la pequeña - En vistas de que no quiere dejar mi lado, asumo que tendré que llevarla hasta algún sitio seguro - Suspiró con desgano al momento que miraba a la cazadora y se acomodaba la corbata, dado que se le había corrido- Los cazadores carecen de respeto...deberían de saber el nombre de aquellos que envían al infierno. Nunca puedes saber cuando alguno pueda volver a atormentar tu alma. Mi nombre es Alexander Michael Hartfield, señorita Cazadora, encantado de conocerla - Dijo sonriente al momento que ofrecía una mano a la pequeña, que parecía tomarla con fuerza.

Que cuadro tan ridículo. Un demonio, una cazadora con un arcángel dentro suyo y una humana que no tendría mas de quince años, que dicho sea de paso, parecía anonadada con la apariencia del demonio, el que le sonreía de cuando en cuando, provocando que los sonrojos se hicieran presentes. Luego de sonreirle a la pequeña, miró los alrededores, en busca de cualquier tipo de salida, algún refugio, cualquier cosa. Pero fue inútil, estaban muy en el centro del parque. Estaban muy en el medio del campo de combate. Tenían que salir de allí y hacerlo rápido. Alexander miró a la pequeña y realizó algunos cálculos mentalmente. Al terminar de pensar, la miró y posó la mano libre en su hombro, en un gesto tranquilizador.

- Tendré que llevarte en brazos, así podremos movernos con mayor rapidez, es la mejor opción que tenemos e intentaremos pasar desapercibidos ¿ Tienes a donde ir? - Al negar la muchacha con la cabeza, Alexander suspiró - Te dejaré con una amiga mía ¿ De acuerdo? Está un poco lejos, pero llegaremos rápido. Anda, ven - Acto seguido la levantó en brazos y se puso a caminar, no por el camino, sino por los pocos árboles que quedaban - ¿ Viene, Señorita Cazadora? No dejará sola a la niña con un demonio...¿ No? - Cuestionó sin mirarla mientras mantenía el paso tranquilo.


Un demonio niñera. Pf, que desastre.





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Re: Unpleasant arrival

Mensaje por Temperance Brunswick el Dom Ene 27, 2013 4:06 pm

la muchachita se aferraba a la pierna del demonio, seguramente para ella, el aquel hombre no era más que un humano, y su poder de atracción debía estar haciendo estragos en sus adolescentes hormonas, aunque para Temperance no era sorpresa, la verdad es que el demonio había escogido un cuerpo particularmente atractivo, tanto que si fuese otra la circunstancia, lo habría dibujado y pintado la cazadora. Pero Temperance no estaba para esas cosas, apuntaba su arma a la cabeza del demonio, su fin era el de erradicar demonios, y hasta ese momento, jamás había cambiado. Aunque claro, era la primera vez en que se encontraba con un demonio que hablaba y que parecía mostrar algo de interés en alguien...

¿esa será la respuesta por el color de su aura?. Temperance apretaría sus labios, y escucharía hablar al sujeto, que se presentaría con un singular nombre, "Alexander" El cual no era el nombre de un demonio, no por lo menos de los que había escuchado, así que asumió que no era su nombre real, sino una careta para engañar a niñas como las que ahora estaba aferrada en su pierna. Levantó una ceja.

- Guapo no... debes estar sintiendo el calor entre tus piernas...- Gabriel apareció a su lado, su helado halo congelaba la espalda de Temperance y sólo por eso se encogió de hombros, perdiendo por unos instantes la atención del demonio - si... puedo sentirlo, porque lo que tú sientes, yo siento...- murmuró en su oído, aquel ser con la capa de sombras, y con su mismo rostro - vamos... porqué no te vas con él y tienes algo más de sólo mimos salameros de ese al que llamas "pareja"? - se rió, Temperance ya no escuchaba al demonio, pero no bajaba su arma - porque no me negaras que ahora lo necesitas...- se movió al otro lado de la joven, susurrando más cosas del demonio, que sus ojos, que su torso, que debía probar el placer con un demonio, y dejar de lado la frialdad de los vampiros.

-agggggr pareces más un demonio que un án,,, angel- susurró con rabia y luego miró al demonio a los ojos, ya Gabriel no estaba, Temperance comprendió que era una prueba, una de las tantas que hacía, esos juegos mentales para medir la resistencia de la cazadora - digo... más pareces un ángel que un demonio- alzó más la voz, para simular que sus palabras primeras no era hacia su otro yo, sino para el demonio que tomaba los brazos de la chica.

-¿salvando una vida?... ¿a quién intentas engañar?- replicó, pero notó que aquella aura no revelaba agresividad, pero si los colores del infierno, y fue bajando el arma, también era evidente que si seguía apuntando a los dos, la chica no se iría con ella. Suspiro, y se fue acercando al demonio, desafiándolo con la mirada, aquellos ojos verdes intensos que lo miraban sin perder la atención de los movimientos del sujeto.

-¿a donde la llevas?- preguntó, guardando su arma en el cinto, y acercándose a la chica, sonriendo mucho más dulce, era otro el rostro de la joven, y levantó su mano para acariciar la mejilla de la chica, que se asuntó, pero luego de volver a ver sus ojos, la joven sonrió -me llamo Temperance.. y te llevaré al fuerte... ¿está bien?- le preguntó pero la joven comenzó a sollozar, no quería dejar a su padre tirado e aquel lugar, Temperance, que comprendía sobre los ritos y el descanso de las almas, suspiró.

-no podemos dejar su cuerpo aquí, su alma no tendrá descanso... hay una iglesia cerca, y tiene catacumbas, ahí podríamos dejarlo, en suelo sagrado, ¿te parece?- le preguntó a la niña que se colgó de su cuello, ahí, lanzaría una mirada inquisidora contra el demonio - hay que cargar el cuerpo- exclamó ya sin mucha dulzura, como si esta se hubiera quedado entre los brazos de la joven que ahora estaba colgando del cuello de la chica.

-con respecto a los demonios, pueden venir por mi cuando quieran, les daré frente, como lo he hecho siempre - desafiante le dejó claro que no se fiaba de él para nada -y la chica, luego de dejar a su padre en la iglesia, se irá al fuerte de los humanos, ni me imagino quien será tu amiga.... digo, si lo hago, y creeme no quiero que termine en algún antro de sexo y perdición, en donde suelen llevar a las chiquillas inexpertas - abrazó a la chica, pero esta justo la tomó del costad y Temperance se quejó, encogiéndose sobre si misma, la muchacha comenzó a disculparse, pero Temperance intentó calmarla, solo se había lastimado un poco antes, tras pelear contra otros demonios, pero era cierto, necesitaban un refugio, porque el dolor ahora era enorme incluso al respirar.


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Re: Unpleasant arrival

Mensaje por Invitado el Mar Ene 29, 2013 2:15 pm

" No podríamos tener una mejor oportunidad que esta. Incluso si desertó, Gabriel es la segunda o la tercer arma mas poderosa del cielo. Solo Miguel lo supera. Solo un simple arcángel y hay muchos que dicen que está por encima incluso de Rafael. Asesinarlo me ahorraría muchos problemas, Alexander. Mientras esté atado a ese cuerpo mortal endeble no podrá hacer mucho para interceder. "

" Justamente porque no estamos en iguales condiciones, no quiero pelear con él. No es apropiado matar a un enemigo de tal calibre en desventaja "

" Eres un necio, esa mujer tiene el cuerpo maldito. Sí, se que tú también lo has notado. Su calor corporal cambia radicalmente en ciertos puntos de su cuerpo. Esa maldición está ligada a su oficio de cazadora de Demonios...su carne muere, mientras ella siga asesinando Demonios. Mátala, no seas idiota "

" No lo haré, mi camino es la neutralidad, matar a la humana y a Gabriel, me pondría de un bando y prefiero estar al margen "

" No tienes remedio "

No iba a abandonar su camino, no pensaba convertirse en un demonio mas, el siempre se había regido bajo ese código y así seguiría siempre. Sin importar que Miguel o Gabriel, aparezcan en estas situaciones tan favorables. Sin importar que se le cruce cualquier ser del cielo, si el enemigo se encontraba desvalido, Alexander simplemente no lo mataría, como no asesinaba a la humana que representaba un peligro latente para el, pero que por lo visto, de a poco, se fiaba mas, lento, pero mas al fin. Si ella se la llevaba al fuerte humano o no, realmente no le interesaba, le tenía sin cuidado la pequeña, siempre y cuando esta no resultara herida por algún que otro enemigo mas poderoso que ella.

El camino que tenían por delante no era corto y la compañía de la cazadora, no prometía ser para nada agradable. Sí, era pésima notando cuando un demonio mentía de cuando hablaba con la verdad. Era pésima para notar cuando un demonio, no es como los demás. O si lo notaba, simplemente se cerraba absolutamente a aquella posibilidad. O solo parcialmente. Sea como fuere, la mujer tomó a la pequeña en brazos y por lo visto, logró ganarse su confianza. No era nada muy complicado, la pequeña estaba hambrienta de cariño, de amor, de todo lo que ese padre recientemente asesinado, nunca podría darle. Y justo cuando parecía que iban a dejar aquél horrendo y poco ventajoso epicentro, la niña se empecinó en darle el descanso apropiado a su padre. Algo que no le agradó al demonio y que por supuesto, la humana avaló con entusiasmo. Era lógico lo dicho por ella y estaba claro que esperaba que Alexander cargara el cuerpo degollado del padre de la pequeña. Sus palabras poco significaban para Alexander, claro que, no podía evitar que su rostro respondiera por sus labios. Sonrisas, cejas arqueándose, todo tipo de reacciones que respondían en silencio a los desafíos, a los diferentes tratos, a todo.

El demonio de ojos azules al observar como la mujer le espetaba aquello, en forma mas de orden que de sugerencia, suspiró y se encaminó al inerte cuerpo del padre de la pequeña. Pobre hombre, su cuerpo se encontraba encima de un gran charco de nada menos que de su propia sangre. La garganta o el lugar donde esta se había encontrado, fue la herida que provocó que el viejo se desangrara y dejara toda su vida esparcida en el viejo y débil pavimento. La traquea, la nuez, ya no quedaba mas que carne viva, nada mas que sangre coagulada e hilachas de piel colgándole de un músculo al otro. De un tendón partido o simplemente, colgando. No era un espectáculo agradable. Para nada. Un suspiro se escapó de los labios del demonio al momento que chasqueaba los dedos y el cadáver desaparecía en un instante. Al volver con la cazadora, el cuadro fue muy diferente al de una mujer desafiante. Era una mujer, casi moribunda.

- Mi amiga no es mas que una chiquilla, una cachorra de lobo de no mas de 70 años de edad. No es capaz de herir a una pequeña humana, a sabiendas de que me necesita para mantenerse en este mundo. Si la toca, la mato, es así de sencillo el trato. Pero, por otro lado - Tono calmado, tranquilo, pero seguro. Al pronunciar las ultimas palabras, hizo una pausa antes de continuar - Tú salud, Temperance. - La tuteó sin importarle lo que ella pudiera comentarle. Era muy sencillo notar como aquella maldición y el agotamiento físico, mermaban la gran fuerza de voluntad que ella poseía. Era admirable que siquiera se mantuviera en pie - El fuerte humano atraviesa completamente el Central Park, honestamente, tú en ese estado, con una niña a cuestas, no llegarás muy lejos. Si no te matan a ti la matan a ella - Aquello era cierto, la cazadora estaba agotada y la niña no era parámetro de nada. Solo era una pequeña damisela... - El refugio de la cachorra de lobo no se encuentra a mas de quince minutos a pie. En contra de las dos horas a pie a la ciudadela, es mas lógico elegir el refugio lobo. Pero, tú eres libre, tanto de si me sigues, como si eliges quedarte y elegir tu propio camino...

El demonio pasó a la mujer de largo y comenzó a caminar hacia la iglesia. El ya había enviado al cuerpo a la misma, pero claro, la pequeña no se detendría hasta ver a su padre allí dentro. Entrar, honestamente no iba a estar en los planes de Alexander.
Simplemente proteger a las que le siguieran, asegurarse de que nadie saliera herido sin poder defenderse.

Sin quererlo, la cazadora también era un objeto de protección para Alexander, por apabullante que eso pudiera ser para ella ¿ Una vergüenza? Sí, todo apuntaba al orgullo del cazador. Todo apuntaba a eso.

- Tú padre ya se encuentra en un ataúd vacío que allí había, lo envíe hace unos minutos. Entrarás a verlo, claro que si, Temperance te acompañará. Después de todo, allí no puedo entrar...

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Re: Unpleasant arrival

Mensaje por Temperance Brunswick el Vie Feb 01, 2013 2:46 pm

la herida en su costado estaba matándola, era una lesión que traía desde hace días, y que no terminaba de sanar, y claro que no sanaría cuando ella no descansaba lo suficiente y reconocía el hecho que era una humana que no dejaba de cambiar y de transformarse en un ser que no comprendía. Gabriel estaba a su lado, aunque esta imagen era más bien una proyección de este ángel, porque en realidad ambos compartían el mismo cuerpo, algo así como dos seres en el mismo espacio físico. Temperance mantenía en este mundo a Gabriel y Gabriel mantenía con vida a Temperance, para que la maldición no siguiera extendiéndose y terminara con su vida en ese plano, era un trato justo para ambas partes, y más cuando ahora Temperance era capaz de matar a tantos demonios como antes, y limpiar las tierras donde ella misma había abierto las puertas para que esos seres pisaran el mundo que ahora no era más que una roca llana y hostil.

La chica lloriqueaba aún sujetándose del cuello de la cazadora, que intentaba evitar que la jalara demasiado, porque su costado dolía, pero la niña no terminaba de moverse, de lloriquear en un repentino ataque de histeria terrible que se desencadeaba ahora, ya cuando el peligro, por lo menos inminente había desaparecido; porque aquel demonio estaba delante de ella, y hasta que no se comprobara lo contrario, aquel ser era peligroso y buscaría la destrucción de todos los seres, o ¿no? Temperance ya habia notado el color de su aura, así como Gabriel, que con el mismo rostro de la mujer, se quedaba observando al demonio.

-"curioso espécímen... aún tiene sus alas, rotas, pero las tienes " - se burló el ángel, a lo que Temperance sólo movió su cabeza en señal de que lo había escuchado, mientras sujetaba las manos de la joven para que se separara de sí y fuera a la iglesia para enterrar a su padre, lo miraría de reojo, buscando en él algún rasgo que le dijera que ese demonio era igual a todos los demás, y que se había ganado su destrucción, la ruina de su existencia, pero no, el demonio se mostraba distinto, y es más, había reparado en su salud, señalándoselo sin mayores detalles.

"Tu salud, Temperance..."

La joven se encogió de hombros sin aún comprender la extraña reacción del demonio que no sólo se estaba preocupando de la jovencita, sino que ahora de ella misma y de su salud, claro, era obvio que se había dado cuenta de la herida en su costado, sus costillas rotas, llevando su mano insconcientemente sobre su dolor, se encogió de hombros, siguiendo a la joven se enfilaba hacia al iglesia.

-que extraño demonio... eres, aún tienes tus alas- le dijo con una media sonrisa en los labios y quedando con un gesto aún de confusión, sus labios se movieron, como si fuera a decir algo más, pero la chica ya se habia adelantado a la iglesia para poder ir a enterrar a su padre -aún el límite de la iglesia es territorio donde no puedes pisar- le dijo cruzando el límite invisible de las fronteras de la tierra sagrada, y que el demonio podía ver más clara, un poco de luz en medio de toda la oscuridad de la zona cero.

Se fue detrás de la joven, debió apurar el paso porque la joven parecía correr donde su padre, a donde fuese que el demonio lo había metido. Temperance se preguntó como el demonio había hecho eso, pero bueno, lo importante era que el cuerpo del desafortunado estaba ya en tierra sagrada. La joven llegó a las puerta de la iglesia y miró a la jovencita que lloraba sobre el pecho de su padre muerto, se acercó la espiritista, y le habló al oído de la niña, diciéndole a la joven que su padre estaría bien, que estaba delante de ellas e intentaba despedirse de su hija. Dirían una oración y cerraron la urna, dejándola justo debajo del altar de la iglesia.

-ve... con aquel hombre, yo... me encargaré de algo- le dijo a la chica, y se quedó delante de la urna pensando en que hacer, el fantasma del hombre estaba a su lado.

"dejarás que se vaya con él... no... NO!" le gritó en su oído, Temperance se cubrió los oídos con sus manos, y suspiro, luego volvería a llevar el cuerpo a un mejor lugar donde sería su última morada, "No puedes.. no puedes.." seguía gritando e hizo que se giró hacia el fantasma -busca otros fantasmas y lleva tu cadáver a las catacumbas o no podré ir donde tu hija - le dio la orden y el fantasma se desapareció, dejando libre a la joven que salió de la iglesia y volvió de el demonio, ya estaba con la niña que seguía sollozando.

-vamos a la casa de tu amiga, es verdad, no podremos cruzar el Central Park... además, ya pronto oscurecerá y no podremos avanzar ella y yo... - se encogió de hombros, y debió apoyarse en uno de los árboles, sujetando su costado, suspirando con profundida, era extraño sentir dolor en una parte donde su piel estaba del mismo color de la un muerto. -¿seguro que no podrá albergar?... los licanos son a persé desconfiados...- se volvió a incorporar y disponiéndose a caminar en la dirección que el demonio indicaría, además, se lo había prometido el espíritu del padre de la joven, que no la dejaría sola hasta llegar el fuerte de New York, habían tenido que pasar por mucho y escapar de muchos lugares antes de llegar al último de los bastiones humanos.


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Re: Unpleasant arrival

Mensaje por Invitado el Sáb Feb 02, 2013 5:00 pm

En que situaciones te metes Alexander. Le hubiera gustado gritar a los cuatro vientos. Pero no lo hizo, simplemente se acalló el pensamiento para si mismo, mientras guiaba a la mujeres hacia el lugar de descanso o refugio del padre de la niña. Al llegar, no pudo seguir mas allá de lo que se pudiera considerar como suelo sagrado. La influencia angelical y de Dios, apestaba aquél lugar. Era mas sencillo simplemente esperar en las afueras de la iglesia. No habría dolor ni intromisiones para Alexander. Pensó en irse, sí, pero luego recordó que ya le había salvado la vida a la pequeña. No podía abandonarla a que muera con aquella cazadora. Pese a que significara la solución de muchos problemas para él y para su padre. El que por lo visto, no parecía que fuera a dejar el tema de aprovechar la chance de ver muerto a su propio hermano.

" Vete, consigue lo que te he ordenado que consigas, Alexander. No está lejos de aquí. El refugio de la loba está mas lejos que lo que te pedí, ve y luego vuelve al refugio solo. A la loba no le gustará ver como llevas a una humana y a una espiritista poderosa a su refugio. No lo recomiendo..."

Pero Alexander ya había terminado de hablar con él.

Aún seguía ligeramente sorprendido de que Temperance haya sido capaz de ver los vestigios de alas que aún exhibía. No quedaba mucho de ellas, las pocas plumas que quedaban eran ya negras y parecían fantasmagóricas. Distaban mucho de lo que en una época llegaron a ser. En lo que ellas estaban dentro de la Iglesia, Alexander pudo pensar ligeramente que hacer si se encontraban..."obstáculos" en el camino. Pero simplemente no tuvo demasiado tiempo, la pequeña había vuelto.
No lo abrazó ni nada, simplemente se quedó cerca de él, medio seria, medio mirando lo atractivo que era el demonio. Parecía que ahora le avergonzaba siquiera mirarle directo a los ojos. Alexander le sonrió y ella sonrió de igual forma, se sonrojó y se volteó. Una pequeña niña en todas las de la ley. Poco pasó antes de que Temperance estuviera devuelta.

- No creo que sean mas desconfiadas que cierta Cazadora - Dijo sonriente mientras le decía en secreto a la niña si quería viajar encima de la espalda del Demonio, en vistas de que Temperance apenas podría caminar por si sola, mucho menos con ella a cuestas. Al aceptar, Alexander continuó la marcha- Conseguí que me aceptara a mi ¿ No es así ? Conseguiré que las acepte a ustedes dos por un par de días - Dijo sin mirar a la mujer, pero dejando en claro que ya había calculado cuanto llevaría que ella se recuperase- Es una buena niña, ya verás, deja de preocuparte tanto - Dijo tranquilo mientras caminaba.

Parecía tranquilo, por el bien de la niña. Pero era todo lo contrario. Alexander estaba completamente al tanto de lo que pasaba a sus alrededores. Tenía que estar alerta, la espiritista cazadora no estaba en condiciones de nada alocado y la niña era sencillamente mero alimento. A decir verdad, llevarla arrastraba el olor a juventud, el olor a humanidad. Vaya, que mal se veía el panorama delante de ellos. Poco favorable, muy poco favorable. Por momentos le hubiera gustado ser de nuevo un ángel, de esa forma podría haber arreglado a la mujer rápidamente, ahora solo podría pudrir mas su carne, herirla mas. Que inútil es tener aliados cuando eres un demonio.

__________

Habían pasado varios minutos desde que habían comenzado la caminata. Un dato que para algunos podría ser considerado como algo bueno, pero, en realidad era todo lo contrario. Y eso era lo que tenía a Alexander bastante preocupado. Fue entonces que lo sintió. Todo fue muy rápido, muy veloz, muy, muy...destructivo. De no haber estado alerta las cosas no habrían salido tan bien como salieron. O bueno, no habrían salido de aquello enteros. Sí, Alexander llegó a notar como disparaban un misil hacia donde ellos se encontraban. Su reacción fue prácticamente inmediata. Con una velocidad notable, pasó a la pequeña a su hombro derecho y sin avisar, tomó a Temperance y la subió a su otro hombro. Saltó y por suerte, pudo esquivar la explosión. Al caer, se vio rodeado, para su mala suerte.

- Vaya vaya vaya...¿ Que tenemos aquí? Si no es otro mas que el demonio consentido y cobarde del Padre - Dijo una voz, ronca y grave. Dio un par de pasos al frente y se mostró a si mismo. Era un hombre de piel oscura, enorme, no solo en estatura sino que también de ancho de espaldas. Un cuerpo musculoso y sin ningún tipo de deformación visible. Un demonio mayor, igual que Alexander. Un gran, dolor en el culo, sin duda alguna - ¿ Y que tienes contigo? ¿Una puta cazadora y una niña esclava? Oh, no...no...¿no me digas que te aburriste de ser la perra de nuestro padre, que ahora te dedicas a hacer de niñera de este tipo de basura?

El corpulento demonio iba acompañado de cinco o seis mas, demonios de media calaña. Tenía ciertamente las de perder. Tendría que hacer lo que mejor sabía hacer, pero antes, tendría que ocuparse de algo. Era necesario. Se concentró, centró su mente en el lugar designado y finalmente, chasqueó los dedos.

- ¿ Que carajos has hecho? - Cuestionó el corpulento demonio de piel oscura al ver como las humanas desaparecían al sonar el chasquido. La sonrisa en el rostro de Alexander no hizo mas que enfadar al gran demonio - Eso no es un poder que todos tengamos...

- No, no lo tenemos, pero es algo básico tener un hechizo de ese tipo encima. Encima, en un libro, libreta, agenda - Dijo sonriente palpando su pecho- Es un hechizo simple, no consume mucha energía - Dijo sonriente y divertido - Ahora...¿ Que demonios quieres, hermano? - Cuestionó con severidad Alexander mientras se posicionaba ligeramente, de forma defensiva - No saldrá nada bueno de todo esto.

- Quiero a esa niña, la olí a la milla de distancia, tienes suerte que haya matado a un par de demonios para llegar aquí primero. Dime donde las has enviado y prometo no torturarte demasiado, Alexander. Prometo no violar a la niña demasiado y prometo, no matar a esa cazadora, solo violarla de forma indiscriminada
- Tras decir aquello, las risas de todos los demonios invadieron el lugar. El rostro de Alexander permanecía inmóvil, serio. No podía dejar que ellos jugaran con su mente. Es mas, el tendría que ser el que jugara con la de ellos- Sabes que no tienes oportunidad, no importa cuan viejo seas, Alexander...

- Oh, debo discrepar, querido hermano, Sí tengo oportunidad - Susurró el demonio al momento que desaparecía de la vista de los otros. El corpulento lo siguió y así lo hicieron los demás.

_______________

Las había enviado a una distancia segura, a lo que parecía ser una choza indefensa. Lo era, sí, allí debían quedarse, al menos hasta que Alexander terminara de encargarse de sus hermanos demonios. De su igual.
El combate no iba para nada bien, Alexander había sido golpeado en varias ocasiones ante el asalto constante de los seis de menor calaña. Pelear contra seis, definitivamente no era para nada sencillo. Muchos golpes que cubrir, muchos puntos que proteger y tener en cuenta de forma constante. Hasta que en una ocasión, dos lanzaron sus golpes de forma simultánea, pero desde ángulos exactamente opuestos. Todo lo que Alex tuvo que hacer, fue agacharse y ambos se golpearon entre si. Aún agachado y aprovechando la distracción atravesó el estómago de ambos. Escupieron sangre y de un segundo a otro, rodaron sus cabezas. El demonio de ojos azules, sonriente, se posó detrás de los cadáveres y observó a sus otros cuatro hermanos. Sin contar al demonio mas grande y poderoso detrás de ellos. Suspiró, escupió un poco de sangre y sonriente, volvió al ataque.

Quizá lo que sucedió a continuación fue un simple accidente, pero sin notarlo, la pelea llegó hasta la cabaña abandonada. Ya tan solo quedaba el demonio mas antiguo, pero el desgaste físico comenzaba a mellar en su ser terrenal. Un golpe y salió volando, estrellándose con un árbol, cerca de la cabaña ya mencionada. Con el impacto, el arbol cayó y Alexander pareció quedar fuera de la imagen por un rato. El demonio mayor tenía finalmente la chance, de reclamar su premio.

- Muy bien, ese condenado ciertamente resultó mas duro de lo que yo quise ver...- Confesó, cansado también, sus ropas completamente destrozadas, se paraba ante ambas mujeres, la moribunda y la pequeña, que no supo hacer mas que correr a esconderse en la cabaña, llorando por lo que ella creyó, había sido la muerte del demonio. - Creo que tú serás violada primero, Espiritista, ese olor a pureza que tienes se te irá de la carne cuando termine de violar tu cuerpo, cuando termine de hacer tuyo todo lo que eres, cuando termine de-

El silencio se hizo finalmente. Luego de que la cabeza del demonio cayera rodando.

Después de que el enorme cuerpo oscuro se desmoronará se reveló que detrás de el estaba el demonio de los ojos Azules, solo que su apariencia, ahora daba mucho que desear. No en el sentido de buena apariencia ni nada por el estilo. No, simplemente, por que tenía toda la ropa destrozada y algo de sangre en su rostro, sin contar muchos golpes en su cuerpo. Su respiración se encontraba agitada, su cuerpo magullado, mas no herido de gravedad. Solo que le había costado llevarle el ritmo a tanto demonio junto.

- Odio la injusticia...- Dijo aún medio jadeante- Que el que quiera matarse, que se mate en igualdad de condiciones - Posó una mano encima de la espalda del demonio negro y susurró un par de palabras mas. Pero ante el tacto, la carne del gran demonio, comenzó a pudrirse de gran forma. Al cabo de unos minutos, la esencia misma del demonio ya se había tenido que retirar al infierno - De nada - Dijo sonriente al momento que saludaba a la pequeña, que, sin poder controlarse, corrió a abrazarlo.

Que día tan molesto. Niñera, protector de una inválida. Poco le faltaba para agregar a su agenda, ciertamente.
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Re: Unpleasant arrival

Mensaje por Temperance Brunswick el Dom Feb 03, 2013 9:01 am

el singular grupo debería sortear los peligros intrínsecos de aquellos senderos de oscuridad que lentamente se iban tornando perpetua, como si fuese el limbo del que habla los antiguos escritos, donde la vida y la muerte se congregaban para hacer festín de las almas de los que aún caminaban sobre esa tierra yerma. Temperance miraba hacia ambos lados, en cada árbol, en cada lugar, podía ver un fantasma, una cara de muerte que buscaba sus ojos, pero ya no se congregaban a su alrededor, como antes... sólo miraban con sus ojos hundidos en sus cuencas y los labios enmudecidos luego de haber exhalado el último de los alientos. Un triste panorama, antes, antes... ella hubiera intentado ayudar a encontrar el camino a esas almas perdidas, solucionando sus conflictos y asuntos pendientes, pero ya no había tiempo para eso, además...¿para qué?, si para muchos el asunto pendiente era aquel mundo de oscuridad que lentamente iba envolviendo uno a uno de los que mantenían sus almas pegadas a sus cuerpos.

De reojo vigilaba al demonio que ahora servía de guardián, aún pendiente de sus movimientos, claro, ambos se habían olido, y ella, tenía demasiado pegado el olor a azufre como para ser una simple chiquilla perdida en aquellos bosques de sombras. Y él, él... por mucho que mantuviera aún alguna de las plumas de sus antigua esencia, era un demonio que seguramente no perdería la oportunidad de despachar a un claro peligro, Temperance, de estar en su posición, tampoco lo haría. Nunca perdía una oportunidad, porque el hacerlo, podría significar su muerte.

Curioso, una muerte a la que corre con desesperación, pero a la que no se entregaría fin luchar, eso era lo que hacia la cazadora que mantenía dentro de sí el poder de un arcángel que cuyas alas oscuras, y su piel blanca, era la viva cara de la muerte... pero la verdadera muerte, la que te siega de la tierra cuando tu tiempo ha pasado.

Y la presencia de los demonios irrumpió, el crujir de las ramas bajo sus pies los delató, aunque tampoco hicieron ni el amague de ocultarse o ser sigilosos, Oh soberbia, dulce soberbia de la cual adolecen todos los demonios y que los lleva hacia su ruina. La cazadora iba actuar, pero no tuvo oportunidad, Alexander la jalaba de la cintura, así como a la niña y las acaba del radio de una terrible explosión. ¿Misiles?! eran demonios o eran militares... La chica solo pudo saberlo cuando se giró hacia aquellos seres, el cuerpo de aquel demonio negro, tan negro como el ébano la intimidó, porque su poder superaba con creces a los demonios que había enfrentado, incluso superaba el poder del demonio que las acompañaba. La niña se puso a gritar y ella daría un paso hacia delante para luchar... Sólo un problema, sus oídos silbaban aun por la explosión...

-"¿en serio quieres pelear pequeña?.. no es tu lucha, mira, son dos demonios... dejalos que se maten solos"- exclamó Gabriel que le susurraba al oído, mientras miraba de reojo a los dos demonios que parecían conocerse. Todos los demonios son hermanos, de una u otra forma, lo son, asi como son hermanos todos los ángeles... no había gran misterio en eso, pero era claro que aquel ser de ébano se traía un cuento con Alexander y no dudaba en demostrarlo en ese momento.

- quédate detrás de mí, y cuando te lo diga... corre y no mires atrás- haciendo caso omiso a lo que Gabriel decía, era evidente que iba a luchar, ¿al lado de Alexander? no necesariamente, pero era evidente de que el demonio iba a defender a la niña, y ella también, por lo que sus intereses estaban conjugados y de ahí que pelearan el uno al lado del otro, a pesar de ser la antítesis el uno del otro. Temperance sujetó su costado, le dolía al respirar, pero no quería decir que rehuyera de una batalla.

La niña, mientras tanto, juntaba sus manos delante de sí, orando, Temperance sonrio, era un buen momento para pedir ayuda divina, si eso era posible, porque eran demasiados demonios, y ella estaba lastimada y cansada para usar algún sello - Veni, Creator Spiritus, mentes tuorum visita, imple superna gratia quae tu creasti pectora.- murmuró la joven sacando su arma de fuego, era evidente que Gabriel no ayudaría en ese momento, al contrario,seguramente si tomara control del cuerpo que compartían, haría que se fueran...

Pero todo cambio de un momento a otro, Alexander se giró hacia ellas y las hizo desparecer antes de que Temperance pudiera reclamar, y al aparecer en lo que parecía ser una casa más alejada, la chica quedó con la voz a medio salir y se giró hacia la niña que estaba temblando... Maldito demonio que se habia quedado solo con aquellos seres... ¿era un buen demonio? aunque claro, esa frase en sí era un oxímoron. Se encogió de hombros la cazadora, y sentó a la niña en el sillón ya desgastado que había, y frotó sus brazos. Esa niña no debía ser tanto menor que ella, unos cuatro años, cinco a lo sumo...

- tranquila, estarás bien....- le susurró, aunque ni ella misma sabía que harían ahora. Tendrían que esperar que se hiciera de día, quedaban algunas horas de luz, pero no serían suficientes para llegar al refugio humano, y menos, donde la hermandad. Podría enviar a algun fantasma con Pietyr, para informarle donde estaba y que la ayudaran, sí ese era un buen plan. Se puso de pie y fue hacia la ventana para ver quien veía, ¿donde estaba ese demonio? Y de pronto se vío preocupada por un demonio al que recién conocía y al que debía matar en algún momento.

Movió su cabeza de lado a lado y al enforcar su mirada, pudo darse cuenta que el demonio de piel negra estaba en las afueras de la casa, no tuvo tiempo para reaccionar sólo retroceder y apuntar su arma con balas santiguadas. Justo antes de que la puerta reventara por una de las patadas de aquel ser que las amenazaba con violar. La niña comenzó a llorar, lo que le agregaba un toque aún más de estress... ¿ese demonio había muerto? No... no podía haber muerto... no...

- no la tocaras mal nacido!.- rugió Temperance, sintiendo como su cuerpo se iba enfriando, era claro que Gabriel deseaba entrar en escena, pero antes de poder hacer cualquier cosa, la cabeza de aquel ser voló por el aire, y fue a caer a los pies de la espiritista, que mantenía su arma apuntandole la cabeza que ya no estaba... Era Alexander...

La niña corrió a abrazarlo, y la espiritista avanzó hacia él, lentamente recuperando su cuerpo, Gabriel no tendría partida en ese momento. Miró atentamente a Alexander, estaba maullado, el labio partido, una brecha en la frente, sangre en su cuello y las ropas vueltas jirones. Había sido una lucha memorable, y la cazadora, consciente de esto fue hasta él y le tomó la mano. Sus dedos se entrelazaron y aunque ese contacto haría cortocircuito entre los dos por ser de naturalezas ta disimiles, esas manos se mantuvieron unidas.

Conduciría al demono hacia el sillón y le dijo a la niña que buscara algo en que traer agua, la joven corrió en ese acto, saltando el cuerpo podrido del demonio, del que sólo salía una olor a azufre. Temperance se sentó a su lado, y sujetó con una mano el mentón de Alexander, lastimado, pero aún atractivo.

- nunca imaginé que un demonio fuese capaz de una acto así....- susurró, para que la niña no los escuchara, y cuando esta volvió, Temperance sacó un blanco pañuelo, y lo mojó para poder pasarlo sobre las heridas del demonio - ¿estas demasiado herido? digo, sino para ir a buscar ayuda, no sé nada de atender heridas de demonios....- la voz de la joven ya era más calma, mas dulce inclusive, ella jamás juzgo a una persona por su raza, y aunque su relación con los demonios había sido destructiva, no podía negar el hecho de que aquel demonio había hecho algo valorable - ¿buscas tu redención?.- preguntó, era necesario saber las razones detrás de esos actos, un deseo supremo de conocimiento. Lo miraría a los ojos, y el vería el verde intenso de la mirada de la cazadora.


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Re: Unpleasant arrival

Mensaje por Invitado el Mar Mar 12, 2013 5:39 pm

" Has completado el primer paso, bien hecho, Alexander...hay momentos en los que creo que tu educación fue realmente la correcta."

" No te he fallado hasta ahora, eso es lo cierto. Sabes muy bien lo que soy capaz de hacer con tal de conseguir lo que tu me pides, después de todo, son las cosas que le dan sentido a mi existencia. Ese tipo de cosas, son las que son mas difíciles de ignorar."

" No pensaba que pudieras controlar ese lado humano tuyo, tan a la perfección, Alexander, me has sorprendido. "

" No lo controlé, simplemente dejé ser un lado mío, luego de que el otro lado, determinara todo y ajustara todas las piezas para que ese lado actuara exactamente como el lo prefería. No fue mas que una simple puesta en escena, que no pude hacer mas que seguir. Solamente tuve que dejarme llevar. "

" Bien pensado, muy bien pensado."


Su respirar se notaba agotado. El cansancio físico en el plano terrenal en el que se encontraba, era realmente un gran y enorme dolor en el culo. Ahora el cuerpo del demonio que igualaba en edad a Alexander, se estaba deshaciendo bajo la palma del mismo. Sin olor, sin nada mas que un gran y horrendo olor a azufre altamente concentrado. El tacto se hacía cada vez mas débil, cada vez el cuerpo se deshacía mas. Hasta que su palma finalmente tocó la derruida madera de aquél suelo. La cabaña era ciertamente algo de lo más precario. Era sorprendente que esta aún se mantuviera en pie. Un milagro quizás o mejor dicho, alguna de las tantas casas, que los demonios utilizaban para mantener algún que otro humano que utilicen de alimento para sus presencias inmortales. Pero esos eran asuntos pasados, ahora que el demonio miraba mejor aquella cabaña, se sentía vacía, como que nadie la había utilizado para destilar sentimentalismo de los humanos. Esas cosas, siempre dejaban una extraña sensación. Rastros.

¿ De que hablaban Alexander y su padre hacía un par de segundos?

Del plan de Alexander, por supuesto. Y es que todo aquello había sido propuesto por un Alexander en su estado mas ruin y malvado. Un plan, que el mismo lado humano de Alexander se vio forzado a seguir hasta las ultimas consecuencias. En una de esas "visitas" del demonio "real" dentro de Alexander, el mismo se dispuso a realizar todas las preparaciones para aquél día. Sí, todo lo sucedido hasta no hacía mas de un minuto, había sido planeado, premeditado. En aquella visita, el demonio le había enviado un mensaje al demonio que ahora acababa de desaparecer contra el tacto de su mano. Al demonio, cuya cabeza terrenal, aún estaba en aquél malgastado suelo de madera. La sangre negra del mismo manchaba en grandes proporciones el piso. Una lástima...mucha comida de vampiro desperdiciada.

Pero, sin perder el hilo, el plan en cuestión no había sido demasiado elaborado. Pero por supuesto, la dualidad de Alexander lo hizo perfecto. Enviarle un mensaje, no precisamente escrito. Las cabezas de muchos humanos de los que el gordo demonio y sus hombres se alimentaban. Acompañadas, por supuesto, de un poco de sangre del demonio de los ojos Azules. Un mensaje claro, una invitación directa y de lo mas simple de leer. Guerra. El lugar preciso, determinado por supuesto en un papel, dentro del ojo de una de aquellas cabezas. Dentro de la cuenca, de la cabeza del humano mas puro de aquél grupo. Del humano, del que ellos mas debían de haber disfrutado alimentarse. El resto no fue demasiado complicado, la búsqueda de una espiritista era algo sencillo. Son como faroles de energía que llaman a los seres sobrenaturales. Y si un espiritista tiene otro farol aún mas grande dentro de sí, la intensidad del mismo aumenta de forma increíble. Y la presencia de Gabriel, no era mas que una gran y afortunada coincidencia. Por supuesto que en el plan la niña no encajaba del todo, pero siempre se podían hacer modificaciones y siempre en todo plan, hay divergencias. Asegurar la vida de aquella pequeña de 15 años, fue el toque principal del plan. Un toque, por completo circunstancial y a la vez, demasiado efectivo.

Pero ahora, Temperance y la niña se acercaban...y el lado humano debía salir de nuevo a la luz.

La mujer lo condujo a un sofá, por lo visto se dejaba llevar demasiado por la apariencia que el demonio tenía. Sí, su cuerpo, su carne estaba magullada. El abrazo de la niña había dejado a su lado humano bastante realizado, la niña confiaba en él y el accionar de la mujer, demostraba que incluso estaba dispuesta a dejar de lado, aquél rechazo natural al tacto que ambas esencias producían en su carne. Alexander se sentó y escuchó lo que ella dijo con una sonrisa en su rostro. El tampoco lo había imaginado hasta hacía un par de momentos, pero la realidad era que había sucedido. No pudo evitar el sonreír mas marcadamente al momento que levantaba su brazo derecho y le enseñaba a la mujer como una de sus cicatrices, comenzaba a cerrarse a un ritmo acelerado.

- No te preocupes por ellas, las heridas simplemente se curarán en no mas de diez minutos, Temperance. - Dijo tranquilo al momento que se dejaba caer encima del respaldo de aquél rústico sillón. Luego de cerrar por unos momentos sus ojos y que la sonrisa abandonara sus labios, Alexander miró de reojo a la cazadora, para soltar un ligero quejido de dolor, al momento que el corte en su frente se cerraba.- Tengo mis propios motivos para hacer las cosas, y no, no busco la redención, Temperance...como he dicho, si alguien va a matarse con alguien mas, mas vale que tengan igualdad de condiciones. Ahora, por otro lado completamente diferente...- Hizo una pausa al momento que sentía como sus moretones iban desapareciendo.- Contamos con diez minutos, no mas que eso tardarán mis heridas en sanarse, luego de eso iremos hasta un cierto punto desde el cual nos puedo tele-transportar hacia el escondite de mi amiga Lycan.

El demonio de ojos azules no hizo mas que una simple pausa, al momento que tronaba su cuello. Reía un poco y luego miraba a la pequeña.

- ¿ Te parece bien el plan, cazadora portadora de Gabriel? - Su tono sonó ligeramente sarcástico al final, solo al final...
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