Sipnosis
Memento Mori
Tras el festival

Fue un mes de locura, el que transcurrió luego del Festival de Invierno, luego de los cepelios de las víctimas, el poder quedó en las manos del Gobernador, Everett Goodweatherm tendría el control total sobre la ciudad, pero Azuka había logrado parte de su objetivo: Los rumores de que el gobierno de Washington ya no estaba tan convencido de compartir el poder con los vampiros; la situación se estaba saliendo de manos, y los cainitas y garras rojas parecían estar ganando la partida. Pero ninguno de los artífices de la destrucción, pensaron que los berkeser se volverían un problema para todos, porque los vampiros que no fueron asesinado por ellos, se transformaron en berkeser, que se han transformado en una manada que deambula por las alcantarillas atacando a quien se les enfrente o quien esté en su menú del día.

Humanos y Vampiros ya no tenían una alianza tan sólida como antes, y las desconfianzas estaban surgiendo.

Mientras que en medio quedaban los licanos, o por lo menos, parte de ellos, Fenrir y Fianna, pero quien padeció la peor parte fueron los Fenrir que en el atentado perdieron a su líder, del que jamás encontraron el cuerpo. Quedaría en manos del nuevo líder de los Fenrir y de Gissiel Earhart, determinar el destino de su clan y tradiciones, pero entre los licanos, se sabía la atrocidad cometida por las Garras Rojas, comandados por Arthur Redclaw, que se habían vuelto muy fuertes.

Por su parte, los rebeldes, el pequeño grupo de disidentes ya no parecían estar tan solos en su lucha, el gobierno de Washington los contactaría extra oficialmente para conseguir sus fines: controlar la ciudad, de una o de otra manera. Etienne LeBlanc, tendría que decidir..

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Adicción (Odin V. Schubert)

Mensaje por Invitado el Miér Feb 20, 2013 9:58 am

20 de Febrero de 2014
17:05 pm
calles de nueva york

Había salido antes de realizar mi trabajo porque me saturaba estar tanto tiempo ahí metido. Para variar, no había conseguido sangre de vampiro que llevar a mis labios durante varios días. Aquello me creaba una especia de estado de ansiedad, como el mono que le produce la droga a las personas que la han tomado alguna vez en su vida. Pero gracias a dios, o mejor dicho a mi fuerza de voluntad, lograba controlar aquel ansia. Mi humor no se veía afectado por aquello, no podía dejar que mis pacientes se sintiesen más estresados por mi culpa. Por eso al final hoy tuve que salir antes, evitando así chillar a un paciente que estaba empezando a ser demasiado molesto. Tras acabar con aquella pequeña sesión antes de tiempo, me pongo una chaqueta, cojo mi maletín y marcho del lugar.

Andaba por las callesde la ciudad de Nueva York, en busca de una persona en concreto.Se podría decir que es una especia de camello que me vende la sangre de vampiro, cuando no tengo la forma de conseguirlo. No es fácil acercarse a un vampiro y sacar su sangre de su cuerpo, algunos piden cosas a cambio que no estoy dispuesto a ofrecer. Como por ejemplo que beban ellos de mi, es una sensación que no me gustaría dejar que cualquiera hiciese a la ligera. Después de unas cuantas calles, y más tiempo del que esperaba, por fin aparece la persona que ando buscando. Por suerte para mi, solo le queda un botecito de sangre o al menos es lo que asegura, para poder conseguir más dinero por aquella venta. Después de aquel intercambio, una sonrisa pícara se dibuja en mi rostro. Por fin tenía aquello que mi cuerpo necesitaba con ansia.

Al ir observando el bote, que llevo en mis manos, absorto en el color y fluidez de aquella sangre de vampiro que tantas ganas tengo de sentir en mis labios. Voy chocando con un par de personas, e incluso me tropiezo unas cuantas vece, debido al objeto maravilloso que llevo en mis manos. Por suerte para mi, esos tropiezos no acaban en más, porque no me gustaría acabar en el suelo y con un buen golpe. Pero mi suerte no dura mucho tiempo, de repente me choco con otro transeúnte de la zona. Aquello conlleva dos cosas, que me hacen borrar la sonrisa de mi rostro. La primera es que ha causa de la caída, el maletín se ha abierto haciendo que todos los papeles se dispersen por la acera. Y lo segundo y peor de todo, es que ha desaparecido el bote de mi mano ¿Dónde se ha metido?

- Disculpa, no te he visto. Iba...absorto en mis cosas. - digo sin mirar a la cara de la persona con la que me he chocado, buscando de forma desesperada el bote por el suelo.
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