Sipnosis
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Tras el festival

Fue un mes de locura, el que transcurrió luego del Festival de Invierno, luego de los cepelios de las víctimas, el poder quedó en las manos del Gobernador, Everett Goodweatherm tendría el control total sobre la ciudad, pero Azuka había logrado parte de su objetivo: Los rumores de que el gobierno de Washington ya no estaba tan convencido de compartir el poder con los vampiros; la situación se estaba saliendo de manos, y los cainitas y garras rojas parecían estar ganando la partida. Pero ninguno de los artífices de la destrucción, pensaron que los berkeser se volverían un problema para todos, porque los vampiros que no fueron asesinado por ellos, se transformaron en berkeser, que se han transformado en una manada que deambula por las alcantarillas atacando a quien se les enfrente o quien esté en su menú del día.

Humanos y Vampiros ya no tenían una alianza tan sólida como antes, y las desconfianzas estaban surgiendo.

Mientras que en medio quedaban los licanos, o por lo menos, parte de ellos, Fenrir y Fianna, pero quien padeció la peor parte fueron los Fenrir que en el atentado perdieron a su líder, del que jamás encontraron el cuerpo. Quedaría en manos del nuevo líder de los Fenrir y de Gissiel Earhart, determinar el destino de su clan y tradiciones, pero entre los licanos, se sabía la atrocidad cometida por las Garras Rojas, comandados por Arthur Redclaw, que se habían vuelto muy fuertes.

Por su parte, los rebeldes, el pequeño grupo de disidentes ya no parecían estar tan solos en su lucha, el gobierno de Washington los contactaría extra oficialmente para conseguir sus fines: controlar la ciudad, de una o de otra manera. Etienne LeBlanc, tendría que decidir..

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Bajo la sombra de unas alas

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Bajo la sombra de unas alas

Mensaje por Invitado el Jue Feb 21, 2013 5:21 am

Recuerdo del primer mensaje :

5 de Junio - 23:42 de la noche
Calle del Fuerte humano y Bar de Helena Gray.


Tras varios minutos de silencio lúgubre, Mikhail terminó por asentarse sobre el tejado de un viejo edificio bastante agrietado y deteriorado. Se encontraba agachado, en cuclillas, sobre el borde, extendiendo el vacío ante él. Desde arriba podía ver gran parte del Fuerte, así como varias luces de distintos hogares, algunas personas por la calle y como siempre militares
-¿Es así como debe ser, Padre?- murmuró entreistecido, con la capucha de su chaqueta gris y andrajosa cubriéndole la cabeza. Se llevó una mano a la barbilla, rascándola, pensativo. No encontraba motivos por más que los buscaba para permanecer ahí, en ese lugar ¿Por qué no retornar? ¿Por qué obedecer los designios de Quien no está?

Sus alas, invisibles al ojo humano, se replegaron sobre él, como si se acunara entre ellas
-Es triste... ¿Es aquí donde muere la Virtud? Tantos años desde aquel combate...- negaba con la cabeza para sí mismo. No se percataba de que su monólogo estaba siendo escuchado por una fémina que se hallaba tras él, de brazos cruzados. Una mujer joven, de cabellos rubios y ojos verdes como la esmeralda, muy parecidos a los del mismo Mikhail -¿Aún con esos pensamientos, Mikhail?- el ángel giró la cabeza y la observó por encima de su hombro, aún consternado, triste. -Lo que ahonde en mi corazón no te incumbe, Gabriel- se puso en pie tras aquellas palabras y estudió con mayor parsimonia todo lo que se extendía bajo sus pies. El Fuerte, ese lugar de pobreza creciente que cada vez gozaba en menor medida de cualquier tipo de lujo o capricho. Se mordió el labio inferior mientras su compañera se acercaba, preocupada, apoyando su mano sobre su hombro izquierdo -Michael...- éste agitó su hombro con pereza, sin intención de parecer hiriente o despreciando la preocupación de aquella hermana celestial -No me llames así, ya no- se giró despacio y la encaró, fijando sus ojos en ella, manteniendo una especie de duelo entre aquellos orbes que compartían casi el mismo color -Mikhail, Michael... ¿Qué mas da? Es el mismo nombre, oculto tras otra lengua humana distinta. Si realmente quisieras dejar de ser quien eres, tendrías otra etiqueta en tu alma- a pesar de que creía lo contrario, fue Mikhail quien apartó la mirada de su acompañante -Quizá haya olvidado lo que soy- con un paso firme hacia él, Gabriel consiguió que volviese a mirarla. Mikhail no obstante, retrocedió, aproximándose aun más al abismo -Quieres olvidarlo, Michael. Quieres creer que nuestro Creador nos ha abandonado, que la humanidad ya no goza de su gracia, que el Usurpador está en lo cierto al no ayudarles ¡Ellos necesitan ahora más que nunca a sus guardianes!- la angustia en la voz de Gabriel no quedó oculta, pues pretendía precisamente que le hiciera ver, tras tantos años, el dolor que les causaba a ella y a los demás sus dudas sobre Dios -...Solo necesito meditar un poco más, Gabri...- le sostuvo entonces la mirada con más determinación que antes -Medita pues, Michael...- éste bufó -Pero deja de llamarme así de una vez. Michael desapareció cuando Él se marchó, se fue con él, para no regresar... de la misma manera- se dio la vuelta y se posicionó tan al filo del precipicio que, si no gozara de la fuerza y equilibrio digno de su raza, ya habría caido y muerto al tomar tierra -Soy Mikhail, os guste o no. Michael, aquel que en su día fue el Jefe de los ejércitos de Dios ya no está... Solo me diferencio de ti y en los demás en el aspecto físico y en mis pensamientos, mis emociones...- la chica rubia suspiró apesadumbrada. Sus alas que parecían pasar inadvertidas, se abrieron en señal de vuelo -Todos somos iguales, Mikhail... No olvides las Virtudes que representamos, luchamos contra el pecado y contra la perdición de la humanidad en esta tierra devastada por el caos. Refugiate en tus sombras si así lo deseas, compadécete de ti mismo, tente la piedad suficiente para poder tenerla sobre Su obra... Y no hagas algo de lo que te puedas arrepentir- cuando el ángel estuvo a punto de volver a mirarla, ella ya había desaparecido.

Completamente a solas sobre ese tejado, permaneció inmóvil como una estatua durante varios minutos, incansable. Varias patrullas avanzaron por las calles inferiores mientras la noche parecía volverse más oscura conforme la luna ascendía en el plano astral
-¿Por qué nos abandonaste...?- se dejó caer entonces como una pluma hasta pisar terreno humano, en el que aterrizó con gracia y agilidad, sin hacerse el menor rasguño. Deambuló entre las calles nocturnas encapuchado y permitiéndose el lujo de llevarse a los labios un cigarrillo. Comenzó haciéndolo por asemejarse a tantos humanos como había conocido, pero empezaba a tomarle cierto gusto a pesar de que el sabor era repugnante ¿Estaba empezando a pecar al sucumbir ante el pecado del vicio? Aquella idea le hizo escupirlo tan rápido como le asaltó aquel pensamiento tenebroso. Necesitaba un lugar donde sentarse y pensar, un lugar donde se viera camuflado y nadie le atacase... ¿Quizá aquel bar que se extendía ante él, sobre el que no había reparado hasta ese mismo instante...?
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Re: Bajo la sombra de unas alas

Mensaje por Invitado el Mar Mar 19, 2013 3:51 am

En ningún momento aquel joven me reveló como habia conseguido hacer tales movimientos anteriormente. Quizá era mejor así, no lo sabía. El caso es que agradecí que volviese a confesarme sus pocas intenciones hacia mi persona, aunque no sabía quien era del todo y aunque aún no confiase en él, ya no estaba tensa ni incomoda del todo a su lado, podía bajar un mínimo la guardia perfectamente. No quería amigos, pero Mikhail se me había encasillado y después de lo ocurrido, sería difícil negarle conversaciones cuando el tiempo transcurriese. Lo intentaría de todos modos –Una no se construye una ‘’coraza’’ para que la destruya todo el que pase por delante. No te ofendas, es mi única manera de sobrevivir- le aclaré con media sonrisa en el rostro, lo que me provocó dolor.

Pasamos unos minutos en silencio, lo suficiente como para tranquilizarnos y secarnos del todo. El hombre se puso en pie, despojándose de que manta que le había ofrecido, pata tomar sus prendas superiores y ponérselas. Mientras que se las ponía, le observé. Tenía cuerpo de superviviente, sin duda alguna, y un cuerpo que esconde una novia rabiosa por tener al hombre de esa guisa en mi casa, también. Porque… ¿Cómo decirlo? Su cuerpo era musculado y detallado, pero no en exceso, moreno, curtido… en otras palabras, bastante atractivo, bastante. Me hubiese sentido muy atraída y con necesidad quizá de insinuarme de no ser porque había aprendido perfectamente a no dejarme llevar por esas cosas. Me distraje al verle caminar hacia la ventana, para abrirla y humedecer su mano con las gotas de lluvia. Se arrodilló ante mí y me acaricio la inflamación del labio con sus dedos húmedos. Si, definitivamente daba gracias a mi coraza por no ver aquella situación como una tentativa sensual. Sólo veía a un hombre de cuerpo atractivo que creía que mi herida desaparecería con agua de lluvia. Por supuesto que no me lo creía, pero no protesté por el detalle que había tenido. Finalmente se sentó a mi lado, tras confesar que al menos padre no tenía, y volvimos a sumirnos en aquel silencio.

Se aventuró a preguntar sobre mi hermano, pues había oído a John comentar sobre él. Le miré esperando tener algo claro que responderle, mientras él solo sonreía. Era increíble esa facilidad de sonreír que tenía, inmensamente increíble. Lo curioso fue que antes de que empezase hablar, pareció querer excusarse por su atrevimiento, incluso se ofreció para pasar un trozo de noche en la casa para asegurarse de que no pasaría nada. Hablaba nervioso, daba a entender cosas que no quería decir a juzgar por su rostro. Terminó por ponerse en pie, quizá avergonzado por como había soltado las palabras. Le miraba perpleja al oírle decir que todo aquello surgía porque no estaba acostumbrado a tratar con chicas
-¿Es que tu también…tienes una coraza?-pregunté casi en un susurro, casi para mi sola. No daba crédito a que quizás no pudiese tener pareja o no la hubiese tenido hasta ahora. ¿Como podía pensar igual que yo de tantas maneras? ¿Por que él? Abochornado, decidió empezar de nuevo, incluyendo una presentación cortes que me hizo ponerme en pie y reír. Curiosamente, esta vez no me dolió el labio. Le imité el gesto, bromista –Encantada, Mikhail.- dije, risueña. Su nombre era tan complicado que estaba dispuesta a simplificarlo –Yo soy Helena, Gray. Así de simple.- comenté . – Así que… tienes hermanos. Es una suerte, créeme- la sonrisa se me borró del rostro al recordar a mi hermano. Volví a sentarme en el sofá, justo cuando el pequeño gato se colocó en mi regazo para juguetear. Suspiré, lo que tocaba iba a ser largo.

-Lo que te voy a contar apenas lo sabe nadie, porque es algo normal, común en cualquier familia. Sólo mis padres y John lo saben… no sabes cuanto me arrepiento de haberle conocido- suspiré acariciando al animalillo, para poner la mirada fija en un punto de la casa infinito, y devolvérsela al joven de vez en cuando –Todo era bastante pequeña cuando el infierno este en el que vivimos apareció. Lo recuerdo vagamente en realidad. Estaba dormida, en casa de mis padres, mi hermano August estaba a mi lado en ese mismo momento. Recuerdo haber despertado a causa de los gritos que se oían desde todas partes, lo primero que vi fue la cara de mi hermano pálida y horrorizada. Los días siguientes fueron toda una desesperación. Mis padres no sabían que hacer, cada día se sentían más perdidos, sabían que no podían protegernos. Sin embargo, August no desesperaba, encontraba fuerzas para afrontar la situación, para no derramar lágrima en ningún momento. Aquello me fascinaba.- coloqué al gato en mi pecho y lo tapé con la manta que aún me rodeaba –Las cosas se fueron calmando en apariencia, porque la gente moría asesinada a manos de esos demonios. Era imposible salir a la calle sin encontrar el cadáver seco de un vecino al que siempre saludabas al salir de casa. Recuerdo que mi hermano se empeñó en querer unirse al ejército. Era una locura, sólo tenía dieciséis años en aquel entonces. Sabíamos que si le dejábamos ir lo perderíamos para siempre. Pero él, se limitaba a asegurarnos de que lo hacía para salvarnos y que se iría lo quisiésemos así o no. – miré a Mikhail con rostro triste, pues si de verdad tenía hermanos, le envidiaba –Un par de meses después, desapareció. No dejó nada, ni si quiera una nota. Sólo me quedó de él un atrapasueños indio que le encantaba. Como fue una época de bastante terror, solía tener pesadillas todas las noches; y un día antes de que se marchase, recuerdo que me lo regaló con una sonrisa triste. Me dijo que jamás volvería a tener pesadillas si dormía junto a él. Lo que nunca pensé fue que él se convirtiese en mi propia pesadilla- sonreí para quitarle drama al asunto –Mis padres cayeron en una profunda depresión tras su perdida, aún hoy día no lo han superado. Puede decirse que a partir de ese día, crecí sola y por mi misma. Mis padres no estaban en todas sus condiciones de criarme debidamente. Lloraban cada día, en cualquier parte, en cualquier lugar… con todo aquello, al cumplir los veinte años me marché de casa. Estaba cansada de comprobar como yo había construido mi propia barrera para poder sobrevivir, como me había hecho fuerte como mi hermano y como ellos se limitaban a no salir de la cama. No digo que no sea duro perder a un hijo, sólo que así no se arreglan las cosas. De todas formas, sólo por ellos, me juré que encontraría a mi hermano. No sabemos si… murió, si quedó esclavizado o si se convirtió en uno de ellos. El caso es… que esa ‘’coraza’’ que mencionaste, es mi única forma de asegurarme que sobreviviré para conseguirlo. No me permito relacióname con gente a la que no conozco, no me permito beber hasta emborracharme, enamorarme, ni si quiera encariñarme de alguien a quien puedo perder y estar dolida por ello un tiempo. El mundo ahora es un juego de supervivencia, un caos donde unos nos matamos a otros, y todas esas cosas nos hacen débiles-

Sin darme cuenta, había soltado muchas cosas que no venían a cuento. Seguramente Mikhail se había aburrido si no dormido a mitad de la historia –Por eso digo, que si tienes familia, tienes suerte. No deberías estar aquí hablando con una tía estrecha que no tiene nada que perder, sino cuidándoles. Sobretodo si tienes a una chica que te espere al llegar a casa, no quisiera ganarme otra enemiga más. Suficiente tengo con el cabrón ese. Supongo que es mi castigo por haberle dejado entrar en mi vida en su día. Me da horror solo de recordar el haber perdido la vi…Bah, da igual, no voy a hablarte ahora de todas mis penas y necesidades. Sí, quizás me muera por arreglarme y salir por ahí a emborracharme como una adolescente, pero después de haberme permitido un lujo una vez con John, ya he aprendido a ver las fiestas y la lujuria como un tabú. No me voy de marcha- reí por lo que acababa de decir. Estaría pareciendo una auténtica gilipollas mojigata al decirle esto, pero así era yo. Quizás al saberlo se alejase y se olvidase de mí.

Empezó a oscurecer, por lo que encendí todas las velas del salón. Abrí la nevera y saqué un par de botellines de cerveza los cuales dejé sobre la mesita frente al sofá. Tomé el mío y volví a acurrucarme en el sofá en con gato entre los brazos
. -¿Y tu qué? ¿Tienes una vida emocionante como la mía?- sentí que el gato me arañaba de pleno en el pecho, dejándome tres leves arañazos rojizos que ni si quiera dolían o escocía –Madre mía, vaya ataques te gastas- tomé al gato entre las manos y lo elevé hasta ponerlo frente mi rostro para observarlo mejor. Como decía, era una cría de apenas días la cual estaba experimentando con sus recién nacidas uñas. Era de color gris oscuro, atigrado, y con los ojos azules –Si va a ser mi gato… le tendré que poner un nombre- comenté mirando a Mikhail -¿De verdad que no lo quieres? Estas cosas se me dan mal. Ni si quiera se me ocurre un nombre ingenioso- volví a mirar al gato, el cual clavaba sus profundos ojos de mirada tierna en los míos. Chasqueé con la lengua recordando lo que había dicho el hombre, había sido el gato quien había venido hasta mi -¿Cómo puede gustarte una tía sosa como yo? Tienes el gusto en el culo, Sin Nombre- el gato nos miraba a ambos, como si hubiese asimilado que tenía dos dueños: Mikhail y yo. –Y eso también va por ti, Mik-
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Re: Bajo la sombra de unas alas

Mensaje por Invitado el Mar Mar 19, 2013 5:18 am

Ya caía la noche lenta e inexorablemente cuando Helena se dispuso a hablar y contar parte de la verdad que había tras esa máscara de maquillaje de ojos y apariencia de chica dura y mala. Todo un drama familiar sin precedentes que Mikhail escuchaba atentamente y sin perder ni un sólo detalle, era un ángel después de todo y su especialidad era dar consuelo. Antaño era su especialidad, al menos -En parte, quizá te consuele que te escuche alguien que ha padecido un trauma muy similar, muchacha- sonrió -¿Suerte de tener una familia, dices? ¡Ja!- miró al techo, abstraido -Tengo hermanos, sí, muy en concreto dos, aunque parecen ser millones- jugó con la metáfora -Una chica y un chico. Gabri... Gabriella y Nathan, un diablillo- se echó a reir con esa comparación, ya que Nathanael realmente era un ángel caido, poseido por los demonios -Al contrario que mi hermano, ella siempre anda advirtiéndome de qué clase de compañía me hecho. Ya sabes, una de estas hermanas que hace de madre. Mi padre, como he dicho antes, es el que hace comparación con tu pérdida. Se marchó, nos dejó solos de un día para otro, a la velocidad que enciendes la luz con un interruptor. Cerramos los ojos mientras le veíamos y cuando lo abrimos, en ese parpadeo, ya no estaba.- permaneció en silencio mientras la chica se levantaba y encendía unas velas para expulsar la oscuridad que traía el anochecer y traía un par de botellines de cerveza que Mikhail observó curioso cuando lo tomó con la mano -Era un ser curioso mi padre, odiaba los vicios, odiaba que le contradijeran... Los que creían conocerle siempre decían que era todo un amor, que era amable y bondadoso, que siempre perdonaba las traiciones ¿Pero sabes qué? En el fondo era un cabronazo y lo ha demostrado dejándonos a nuestra suerte... pero a parte de eso ¿Qué padre no es un poco "malo" a veces?- se echó a reir y empezó a beber, sabiendo que no debía hacerlo bajo ninguna circunstancia ¿Qué diría Gabriel? Poco le importaba, en el caso de Nathanael le daría un par de palmaditas en la espalda y la enhorabuena.

Permaneció unos momentos en silencio tras los primeros tragos, observando la botella y saboreando la cerveza. Ya la había probado con anterioridad, pero cada vez le resultaba más sabrosa
-Así que sí, mi vida es tan emocionante como la tuya, señorita Gray. De hecho, tan emocionante que al menos tú tienes alguien a quien llamar "ex"- volvió a empinar el codo para beberse lo que quedaba de esa botella hasta el fondo -Hacía muchísimo que no probaba una, gracias- dejó el botellín en la mesa y se puso en pie para mirar por la ventana -Y... una cosa ¿Quién ha dicho que me gustas?- se mofó, jocoso -No sé cuantas veces tendré que repetirte que no tengo intenciones contigo, a ver si me crees de una vez- reía, relajado al ver que la chica se había abierto un poco a él. No obstante se tornó serio cuando divisó una triada de coches oscuros, algo viejos y desgastados en la calle -Dices que hace tiempo que no sales ¿No? ¿Qué te cuesta abrirte un poco a los demás?- intentaba no parecer alarmado y de hecho lo fingía bien. Para un humano convencional eso solo eran tres coches aparcados en la calle, pero él era algo más. Los veía, era John y unos cuantos más. Iban armados, John con su pistola y los demás llevaban bates de beisbol o navajas mariposa de un tamaño considerable. Cabe decir que comenzaron a descargar cajas con botellas de cristal rellenas de alguna clase de líquido de las que colgaba un trozo de tela. Mikhail sabía lo que eran; cócteles molotov. Uno de ellos se adentró hacia el portal. Le oía en las escaleras. Los otros encendían las mechas en las calles -Helena...- se dio media vuelta y corrió hacia la muchacha, la tomó de los brazos y se tiró junto a ella al suelo, quedando sobre la muchacha. A los pocos segundos, se oyeron el estallido de varias botellas de cristal romperse en la puerta y en las ventanas, así como en las paredes de los pisos inferiores. Todo comenzó a llenarse de humo y a caldearse con las brasas. La casa no tardaría en prender fuego -Maldito sea... es John- reparó en que la postura en la que se hallaba, sobre Helena y entre sus piernas, podía dar lugar a malos pensamientos a pesar de que no era una situación demasiado hecha a momentos picantes. Mikhail se apartó y la instó a salir del lugar -Ese bastardo... ¡Helena, hay que salir de aquí!- la puerta ya estaba comenzando a arder, las llamas se colaban bajo la misma y parte del salón comenzaba a prender. Desde la calle se oían improperios, insultos variados hacia Helena y hacia el ángel, aunque no tardaron en marcharse cuando la gente comenzó a salir asustada de sus refugios y observaban desde la calle el gran incendio que se estaba formando. Dada la situación mundial, no es que sobrasen los bomberos en el Fuerte -Pronto se acabará el oxígeno y este es el piso más alto, el humo tiende a subir chica ¡Rápido, vámonos!- tiró de ella hacia la puerta -Si tienes algo que coger date prisa, no queda tiempo. El atrapasueños de tu hermano- reparó en ello. Era un ángel y no tenía familia propiamente dicho, cierto era que Gabriel y Nathanael, al igual que Rafael, Uriel, Sachiel, Bardiel y todos los ángeles existentes, incluso el temido Luzbel, todos eran hijos de Dios y eran hermanos, pero no compartían el mismo lazo que los humanos. Mikhail estuvo observando la creación de su Dios Padre desde el principio de los tiempos y sabe el afecto que desarrollan los unos por los otros. De modo que optó por acompañar a la chica en lo ue pudiese coger mientras él cargaba al pequeño Sin Nombre, que maullaba y arañaba asustado -Apenas queda tiempo, preciosa ¡Rápido!- todo se envolvía en humo, las paredes y el suelo quemaban. El edificio estaba viejo y desmejorado desde la Gran Guerra por la supervivencia y el agua no estaba como para malgastarse salvando un edificio desgastado. Tenía que sacarla de ahí cuanto antes, aunque... -¡Aprisa!- cuando hubiera terminado, el ángel salió antes que ella por la casa. Al tomar el pomo y abrirlo, sintió como su carne se abría debido al inmenso calor del acero. El dolor le recorrió el brazo, pero con un fuerte gruñido terminó abriendo la puerta -Esto es terrible...- las escaleras estaban envueltas en llamas y humo, una espiral fatal de destrucción. Debían llegar a la calle antes de que las cocinas que tuviesen gas se consumieran con las llamas -¡Vamos!- abrazó a Helena y la hizo bajar ligeramente la cabeza. Usó sus alas para entonces, materializándolas como dos sombras blanquecinas que les rodearon y protegieron de las llamas mientras descendían. La chica no podría alcanzar a verlas mientras él le mantenía la cabeza baja, pero eran materiales, proyectaban sombra y no permitían que ella, ni el gato ni él mismo se quemasen, aunque él sí sintiese como sus queridas alas se calcinaban lentamente, destruyéndose la espalda con un dolor infernal.

Antes de salir a la calle las hizo desaparecer nuevamente, ocultándolas por completo. La chica y el gato, así como sus pertenencias, estarían a salvo. El ejército estaba apartando a la gente de los alrededores por si había derrumbamiento y acudieron raudos a ayudar a Helena y al ángel, que se dolía inmensamente de la espalda, pues la tenía ensangrentada, dejando una enorme marca en la camisa por detrás
-Gracias a Dios...- jadeó, se sintió impotente al comprobar que esa simple tarea le había costado infinitamente más de lo que milenios atrás, le costaba descender y ayudar espiritualmente a los bandos desprestigiados de una guerra entre humanos para equilibrar la balanza.

Los soldados le ofrecieron ayuda y le hicieron quitarse la camisa. Le vendaron la espalda rodeándole el torso con gasas variadas y le comunicaron que no eran muy graves afortunadamente. Se sorprendieron de que la chica estuviese ilesa así como el pequeño animal. Los despidieron y los mandaron con el resto de personas
-Creo que aquí ya no tenemos nada que hacer, chica... No te preocupes, hay una casa desocupada muy cerca de mi hogar, si te gusta, quédatela. Te aseguro que nadie la reclamará, ya sabes... prefieren vivir en piña por estas zonas pobres antes que solos por lo que pudiera pasar- el dolor le afectaba, aunque se estaba curando rápidamente. En poco tiempo estaría listo del todo, de modo que fingía un poco -¿Vamos? Creo que deberíamos hablar sobre el destino de John...- se aquejó un poco al ponerse erguido y echó a caminar, esperando que Helena lo siguiese. Su moto no debía andar muy lejos...
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Re: Bajo la sombra de unas alas

Mensaje por Invitado el Miér Mar 20, 2013 2:58 am

Escuché la historia de Mik con bastante atención, empezaba a creer que no era casualidad que se pareciese tanto a mí. –Al menos tienes a alguien con quien contar cuando te encuentres apurado. En mi caso, mis padres me esperarían, si, pero su presencia no me consuela, muchas veces los miro y parece que están dormidos o algo parecido.- dije, sin dolor alguno. Hablar así de mis padres quizá hacia ver que era una mujer de un corazón extremadamente congelado y tan desagradecída que no ve ni con buenos ojos a quien le dio la vida, pero no todo iba en ese sentido. Sabia lo que decía, era cierto que mis padres parecían unos sonámbulos, quienes por intentar hacer las cosas bien acaban cagandola. Es un hecho. Si mi madre no hubiese llamado a John preocupada por mi, este no se habría acordado de mi ni por asomo. Le dí un sorbo al botellín. Parecíamos dos compañeros recordando viejos tiempos mas que dos desconocidos que no tenían porque estar juntos haciendo aquello -¿Crees que me alegra tener a alguien a quien llamar ‘’ex’’? Primero, llamar ‘’ex’’ a alguien significa que ya no es algo que para mi antes era, lo cual es bastante deprimente para mi historial. Segundo, ya has visto lo agradable que es el ex – suspiré con bastante pesadez y volví a beber –Quizás tengas razón, quizás me arrepienta de no haberle matado. Pero no soy una asesina. Me defiendo, pero no voy por ahí matando humanos como hacen los chupa sangre y sus vasallos. Es increíble lo manipuladores que son…- terminé el botellín y lo dejé sobre la mesa, para proseguir con las caricias a Sin Nombre. Me fue realmente curioso saber que Mik hacia bastante tiempo que no probaba una birra -¿En serio? Joder, yo me abstengo de muchas cosas, pero tú…- Se levantó y se paseó hasta la ventana para volver a comentar una vez más que sus intenciones sobre mi no eran malas, al mal interpretar mi comentario referido al gato. Suspiré con muchísima pesadez –No lo decía por eso- solté con cierto rintitín en las palabras –Sólo digo que estas tarao si te caigo bien- Me preguntó por que me costaba abrirme tanto a los demás. Fui a abrir la boca para responder, pero en realidad, no supe como decirlo breve y claro en ese mismo instante –[/color]Pues porque no me fío ni quiero fiarme de nadie, y que la gente sepa como pienso y que siento es un poco…inquietante. Ya ves lo que ocurre por abrirse con alguien- si, lo sé. Ese último comentario referido a John sonaba con segundas fácilmente. Me puse en pie para estirarme perezosa, empezaba a tener bastante sueño gracias a esa aura que solo las velas provocaban. –Oye, no es necesario que te quedes. Tengo al gato para hacerme compañía- comenté al verle tan abstraído y serio. Pronunció mi nombre, pero no entendí por que, pues rápidamente se dio media vuelta para correr hasta mí, tomarme por los brazos y hacerme caer al suelo bajo su cuerpo. El vestido evidentemente se me encogió, pues el hombre quedó entre mis piernas. Le propiné un buen puñetazo directo al hombro desconcertada – ¡¿Qué cojones haces?!- justo en ese instante empecé a oír golpes y a oler a humo, un humo que empezaba a rodear toda la casa. Miré a Mikhail preocupada y entonces lo comprendí: John. El joven se apartó y me instó a salir. Ni que decir tiene que la situación me alteró de tal forma que apenas pude pararme a llorar por mi hogar -¡Espera! ¡Espera! ¡Ven y ayúdame!- dije, poniéndome en pie y saliendo disparada hacia la habitación. Abrí el armario y saqué un par de maletas bastante grandes con las que me había mudado en su día, siempre estaban ahí, por si necesitaba cambiar de piso por culpa de algún gilipollas, como era el caso. -¡Coge una y mete todo lo que encuentren en el otro armario!- le ordené. Tomé mi maleta y sin pensarlo cogí todo lo que había colgado de las perchas y lo metí en el equipaje, absolutamente todo, camisetas, pantalones, vestidos, zapatos, incluso una botella de whisky que no sabía que diantres hacía ahí metida. Salté a la cama y tomé el atrapasueños para también meterlo dentro. Empecé a toser descontroladamente por la falta de oxigeno. Pero no podía irme aún, todavía había muchas cosas, demasiadas. –¡Espera! ¡Ya casi estoy!- gritaba corriendo de un lado para otro guardando cosas. Llegue al salón en cuanto la maleta no pudo guardar nada más, y me horroricé al comprobar que ardía en llamas. Mik se adelantó y abrió la puerta con dificultad. Las escaleras para bajar también estaba ardiendo –Es imposible… no podemos salir- dije con la voz entrecortada. El hombre me tomó y me rodeó con su brazo, como si me abrazara. Tiró de mí aunque puse resistencia pensando que sería nuestra perdición bajar por las escaleras. Apenas pude ver nada porque insistía en tenerme refugiada en él, pero a pesar de que parecía que estábamos cruzando el mismísimo infierno, sentí calor, pero en ningún momento noté mi piel arder, en ninguno. ¿Cómo? ¿Cómo podía estar protegida solo con él?

Al llegar a la calle, varios vecinos nos miraban asustados he impresionados, pero tuve que obviarlo para irme a una esquina a toser y casi vomitar. Busqué a John con la mirada, llena de ira y rabia, pero no estaba. Hubiese ido a buscarle de no ser porque los militares me ofrecieron asistencia, en vano, pues no tenía ningún daño. Sin embargo, Mik si había salido herido del accidente, su espalda ensangrentada estaba siendo vendada por la asistencia en el momento en el que reparé en que gracias a él no había muerto ya dos veces
. –Mikhail ¿Estas bien? ¿Cómo es posible?- pregunté nerviosa cuando ya los vecinos y los militares se marchaban. Él como no, desprendía a pesar de todo ese aire encantador y simpático. Me informó de que cerca de su casa había un piso vacío que podría ocupar. Definitivamente había perdido mi casa –Entiendo, pero… no tengo ánimos de forzar la cerradura de ningún portón. Dios… mi casa. Te juro que lo mato- suspiré, dándole una patada a la rueda de un coche con fuerza. No tenía a donde ir, excepto a casa de mis padres. Y sinceramente, prefería dormir bajo un puente antes que volver. Agradecí que el joven me ofreciese pasar la noche en su casa si así me era cómodo. Por lo que tomamos la moto y nos dirigimos hacia su hogar.

No comenté absolutamente nada durante todo el camino. Más bien me dediqué a reflexionar sobre lo que acababa de ocurrir y a darme cuenta de que el muy cabrón había prendido fuego a mi casa. Iba a matarme costase lo que costase. Toda una vida poniéndome límites…para acabar así. Al llegar a su casa, dejé en el suelo al gato y coloqué mis maletas sobre el sofá. Apenas podía admirar la casa de lo confusa que me encontraba
–Muchas gracias. Con un par de mantas en el suelo me apaño- comenté frotándome la nuca Era cierto, estaba acostumbrada y ni si quiera estaría incomoda durmiendo en el suelo.- Deberías mirarte la herida más tarde, no me sentiría cómoda si se pone mal- me excusé, y justo en ese instante, sonó el móvil y desesperé porque sabía quien era. Lo busqué entre la ropa y lo saqué, para sin mediar palabra salir por la puerta de la casa y poder hablar afuera con ‘’tranquilidad’- ¿Si?... Si mamá, si. ¿Cómo te has enterado?… No mamá, no voy a ir a casa… ¡Porque no! ¡Se cuidarme yo sola! Además, tengo sitio para pasar la noche… No, no voy a decirte donde… Mamá me estas amargando. No, no quiero hablar con mi padre. No me va a convencer de nada… ¡Mamá estoy harta! ¡Te estoy diciendo que estoy bien!- me sujeté a la barandilla de las escaleras con tal fuerza que los nudillos se me quedaron blancos. Con cada comentario de mi madre me estaba poniendo más nerviosa –Ag… No llores. Mamá, no llores…¡No me eches a mi la culpa de algo que has provocado tú!...¡Sí, tú! Estoy harta de decirte que no llames, que estaba bien donde estaba. Pero no, tu tuviste que llamar a John para preguntar por mi ¡Mamá, que le dejé hace años al muy cabrón! ¡Si no le hubieses recordado que existo no habría incendiado mi casa!... ¡Todo esto es tu puta culpa! ¡Estoy cansada ya de ti y de tus llantos!- colgué ipso facto, cabreada, irritada, amargada; y volví a entrar en la casa y arrojé el móvil contra el sofá -¿Dónde está en baño?- le pregunté a Mikhail, para dirigirme con mi maleta al mismo y encerrarme allí un buen rato. Lo necesitaba. Mucho.

Sentada en la tapa del wc y sin nada mejor que hacer que mirarme al espejo la cara de amargada que tenía, casi rompí a llorar desesperada. Pero sólo derrame un par de lágrimas por todo lo que llevaba encima, para secármelas, rebuscar en la maleta la botella de whiskey, abrirla, y bebérmela, rompiendo toda regla creada. Lo que era un peligro, porque no había comido nada en todo el día y no estaba acostumbrada a beberme una botella entera como terminé por hacer. Sentí que un peso se me quitaba de encima a del primero al último sorbo. De repente ya no estaba tan agobiada, ya no me preocupaba tanto nada. Al contrario, estaba casi feliz. ¿Cómo podía haber llevado tiento tiempo sin coger el ‘’punto’’? En cuanto el whisky se acabó, sentí deseos de seguir bebiendo más. Por lo que solté una risilla, y planeé mi noche. Me quité toda la ropa que llevaba encima, incluido el sujetador de encajes, los cuales dejé desperdigados por el suelo del baño. Me puse un sujetador que había conseguido coger de los que no tienen tirantas y realzan una barbaridad. Me puse un vestido negro de brillo, con un escote prominente y bastante corto, para acabar calzándome unos zapatos negros de tacón que hacia tiempo que no me ponía. Me peiné con las manos y me maquillé los ojos oscuros y los labios rojos. Lo dejé todo como estaba, hecho un desastre vaya, y salí del baño hasta llegar junto a Mikhail
–Me voy un rato fuera. Sin móvil y sin nada. Ya me invitarán cuando quiera algo- dije, mientras me sujetaba de su hombro y me ponía bien el zapato. Palpé su hombro un par de veces más, atontada –Madre mía, ojala me sujetes más veces con estos brazos- Sin más, salí de la casa medio tambaleándome, sin abrigo con el frío que hacía por la humedad de la lluvia. Para buscar el pub más cercano.

Poco me costó encontrarlo a pesar de que estaba mareada, la verdad. Luces rojas y azules, música ambiente, hombres guapos en la puerta…eso no tiene perdida. Entré haciéndome ver por todos, y me eché un poco en la barra de bebidas para pedir un whiskey doble, el cual bebí en minutos. Empezaba a pasar de estar feliz a estar eufórica ¡Que diantres! Si ni si quiera le pegué un guantazo al camarero por mirar tan detenidamente mi pronunciado escote. Al momento, un hombre alto, moreno, de mirada intensa y bastante… bastante no, exageradamente atractivo, pasó su mano por mis caderas y me susurró al oído que me invitaría a lo que quisiese ¿Qué dije antes? Sonreí picarona y acepté su ofrecimiento. Nos sentamos juntos en unos sofás en uno de los rincones más oscuros del lugar. Hablamos de muchísimas cosas que no recuerdo, seguí bebiendo, seguí mareándome, y casi ni recordaba lo que estaba haciendo. El hombre me acariciaba los brazos preguntándose porqué no tenía frío, al igual que con los muslos cuando me daba por cruzar las piernas y el vestido se recogía hacia arriba que daba escándalo.
–Oye…tú…¿Qué coj...que cojones haces?- pregunté, sintiéndome incomoda cuando acariciaba demasiado. Había ido a beber, no a ligar. –No querrás que me abstenga de comprobar cuanto de bella es la mujer más guapa del pub- solté una carcajada sonora que apenas pude cortar –Y un carajo. Tu lo que quieres es un polvo. Mmmm… No, te va a costar mucho. Además, tengo un tío guapo de brazos fuertes esperándome en casa- comenté aún partiéndome de risa. No sabía que estaba diciendo. Me susurró al oído algo que no entendí y que me provocó un calor corporal y humano que me hizo hasta sudar –Pues no, no te va a costar tanto. Voy al baño- me puse en pié de forma que luciese mi cuerpo, y de la misma forma, anduve hasta al baño. Las mujeres sabemos hacer que un hombre nos siga, pero en ese momento lo hice inconscientemente.

Al llegar al baño, que casi me caigo junto a la puerta, no hice nada. Ni si quiera sabía para que había ido. Quizá para contemplar la filosofía rapera escrita en las puertas o los números de telefonos de unos cuantos gilipollas escritos en el espejo, a saber. La cosa es que quedé mirando una cosa que me llamó la atención bastante. No tenía herida alguna en el labio ¿Mik tenía razón? Recordarle me hizo reflexionar un poco
–Joder… estoy demasiado borracha. Como vaya a casa de Mik a saber como amanezco…- comenté para mi, frotándome el rostroSi no nos da ‘’tiempo’’ a hacerlo aquí… quizás quieras venir a la mía- comentó el joven, quien con una rapidez sobrenatural que me fué familiar, se posó a mis espaldas y comenzó a besarme el cuello.
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Re: Bajo la sombra de unas alas

Mensaje por Invitado el Miér Mar 20, 2013 4:23 am

Finalmente el ángel cedió a Helena la posibilidad de habitar en su hogar, a pesar de que no tenía cómo recibirla. Además, se le sumaba la preocupación de que Gabriel o Nathanael tuviesen a bien hacerles una visita, pero el caso era ayudarla. Tenía que ayudarla.
Llegaron al hogar de Mik tras un silencioso viaje en moto, le abrió la puerta y esperó a que la chica se pusiese cómoda
-No es lo que se dice acogedor pero... ya sabes, tiene techo- comentó quitándole importancia a la vacuidad del recinto así como la falta de cama para dormir, solo un sofá, cocina, baño y una habitación completamente vacía.

Afortunadamente Helena se contentaba con muy poca cosa e incluso agradecida, esperó echarle un ojo a la herida de Mikhail en la espalda, cosa que le horrorizó
-Oh, no, no, no es necesario Helena. Tú ponte cómoda, que ha sido un día difícil- antes de tan siquiera ofrecerle algo para beber o comer, sonó el teléfono de la chica. Esta salió por la puerta y Mikhail permaneció en completo silencio en el "salón" de su casa, desde el cual podía oir perfectamente la voz exasperada de la chica aunque no quisiese. Al cabo de un rato, entró con un enfado monumental y se encerró en el baño durante largos momentos. Mikhail supuso que las relaciones familiares, como dio a entender, eran un gran problema en su vida. De modo que decidió prepararle algo sorpresa, por lo que se dedicó a cocinarle un par de huevos para que comiese algo. Ciertamente era lo único que quedaba, pues no era muy ducho en ir de compras. Siempre solía comer fuera o casi ni lo hacía y eso le acarreaba problemas en algunas ocasiones -Espero que tenga hambre...- se esmeró como pudo en hacerlos lo mejor posible, perfectamente blancos en la clara y con un sol dorado como llema. Estaban prácticamente listos cuando la oyó salir de la habitación -Espero que mi invitada tenga hambre, te he estado preparand...- se giró mientras hablaba con diversión, pero se petrificó al verla vestida de ese modo, asegurando que iba a salir -¿A dónde se supone que vas a ir? ¿Qué pasa si...?- se permitió callar cuando la chica se había ido sin escucharle. En la casa solo quedó él, el gato y un silencio roto por sus maullidos -Definitivamente, Sin Nombre, yo tampoco sé por qué te gusta esa humana- dejó la comida en la sartén apagada y le puso al gatito un pequeño platito con leche, la cual se acabó al servirsela al animal -Algo no va bien en ella... ese comentario de que la sujete...- acarició al felino, que encorvó su cuerpo y enderezó su cola encantado con el roce y el alimento -Me voy a seguirla, Sinni, pórtate bien.- estuvo a punto de cerrar la puerta antes de volver a dirigirse al gato, como si le entendiese -Solo tengo un sofá, solo una cosa que puedes romper. En nombre de mi Dios Padre, no lo hagas- se marchó con un suspiro exacerbado mientras el gatito ya se dirigía al sofá a afilarse sus preciadas y nuevas uñas.

No tardó mucho en alcanzarla siguiéndola desde los tejados, encapuchado como siempre gustaba ir. La chica parecía tener un sentido de orientación muy bueno cuando se trataba de salir de fiesta, porque no tardó en encontrar un pub abierto. Mikhail conocía demasiado bien toda la zona y sabía que era una parte del Fuerte un tanto conflictiva y peligrosa, por eso eligió hospedarse ahí, para encontrar más fácilmente la bondad arraigada entre tantísimos corazones llenos de maldad.
Descendió de las alturas y entró minutos más tarde de que la chica lo hiciera. Mientras ella bebía en la barra, él la observaba desde la distancia entre una maraña de gente que estaban mezclados entre varias mesas. Él tomó asiento por igual, aún encapuchado, observándola. Desde su posición ya había distinguido unos cuantos demonios que con maestría regalaban el oido a hombres y mujeres por igual. Él por su parte sabía que también le habían reconocido y eran muchos contra él sólo ¿Dónde estaban los demás? ¿Por qué Gabri y el resto no los buscaban por sitios como ese? No lo comprendía, pero el encontrarse entre dos mundos, entre la luz y la oscuridad, le permitía tener la moral siniestra suficiente para solo preocuparse por Helena y no hacer caso a los que ya habían caido en el pecado carnal con esos demonios.

No pudo evitar alarmarse de todas formas cuando uno de ellos acudió a la muchacha. Conversaron, la invitó a beber y ésta aceptó con total descuido. Su vestido hacía resaltar cada curva de su cuerpo y era demasiado revelador, por lo que al oscuro ser se le iban las manos con demasiada facilidad. Mikhail sintió lástima y asco a la vez solo con pensar que Nathanael, el que en su día fue uno de sus hermanos más cercanos, ahora era como uno de esos y que él mismo podría llegar a ser como el mismo Lucifer. Era intolerable pero a la vez le costaba reprimir sus impulsos negativos, una vez los tiene.

El ángel gris los observaba y estudiaba continuamente, la veía reir y lo veía tocarla. Terminó por susurrarle algunas cosas que la hicieron levantarse y dirigirse hacia la zona del aseo, pero con unos andares un tanto remarcados y un gesto simple, el demonio supo que debía seguirla y para qué. Mik también supo para qué, adivinó perfectamente lo que ambos pretendían... y no iba a llevarse a cabo. Se levantó hecho una furia y se dispuso a pasar entre todos los habitantes del pub hasta alcanzar los baños. Habían entrado en el lababo de mujeres y el demonio había cerrado la puerta tras él. Impensable.

Mikhail se ajustó la capucha lo más que pudo para que Helena no lo reconociese fácilmente y, tras crujirse los nudillos y el cuello, se preparó para entrar.
La primera impresión de por sí ya no fue agradable al encontrar a la criatura besando con euforia el cuello de Helena mientras la recorría con sus manos por todo el cuerpo, con frenesí. Mikhail le tomó por el hombro al mismo tiempo que el demonio se percataba de su presencia y naturaleza, por lo que soltó a Helena con rapidez para echársele encima al ángel. Este no había traido su espada, pues no pensó que Helena corriese tal riesgo, pero sí que no se había deshecho de su pistola con balas de sal. Tuvo que hacerle frente de igual forma con los puños, asestando sendos puñetazos que el demonio le devolvía. El enemigo le agarraba con fuerza e incluso llegó a destrozarle por completo la sudadera y la camiseta, dejándosela hecha jirones en poco tiempo. El demonio luchaba con ferocidad y Mikhail, después de tanto tiempo sin enfrentarse a nadie que no fuese humano, añoró con muchísima nostalgia su fuerza, la que poseía en los cielos y no la que ese cuerpo humano le limitaba.

Se pusieron en pie tras estar hechos un obillo de puños y patadas en el suelo. Mikhail eludió con maestría los siguientes golpes del demonio y contra atacó con un golpe directo a la mejilla que le aturdió, lo aferró de la cabeza con ambas manos y lo arrojó contra el espejo del baño, haciéndolo añicos
-...Agh... He de suponer que Dios está siempre vosotros allí donde esteis...- se quejaba el infernal ser, dolorido. Al parecer no era demasiado mayor, quizá joven y no muy hecho a combatir, sino que simplemente llegó al mundo para inundarlo de pecado -Tú no eres uno de baja cuna...- un par de cristales salieron volando ferozmente contra Helena, pero el ángel se interpuso recibiéndolos en la espalda nuevamente, que aún no terminaba de curarse de la quemadura. Mik se quejó al mismo tiempo que esgrimía la pistola y le apuntaba -Ya estoy harto de jueguecitos, semilla de Iblis- sentenció el ángel mientras el demonio reía -Saludaré a tu hermano mayor en el infierno, Michael- la pistola estalló en tres disparos diferentes, dos en el pecho y uno en la cabeza. Las balas santificadas, bañadas en agua bendita y con sal en su interior mezclada con la pólvora, hicieron que el demonio falleciese prácticamente en el acto. Las personas del pub se revolucionaron y comenzaron a gritar y a salir del local mientras Mik arrastraba a Helena en mitad de la confusión.

Al marchar a pie de vuelta a casa, tardaron un poco en llegar. Mikhail se mantuvo en completo silencio hasta que llegaron, la ayudó a entrar y cerró la puerta tras él
-¿Estás bien? ¿Te sientes... extraña?- preguntó como si ella hubiese regresado sola de una gran fiesta. Esperaba que aquel combate tan rápido y fluido, más que en una película, le resultasen efectos del alcohol. Quizá no podría ocultarle su condición sobrenatural por más tiempo -Santo Dios... no deberías beber tanto...- la tomó por la cintura con delicadeza y la ayudó a llegar al sofá, donde la sentó. Luego fue a por un par de sábanas que había en un mueble para echarlas por encima para cuando se durmiera -Yo me quedo el suelo, me gusta dormir en sitios amplios. El sofá será más cómodo para ti ¿Quieres algo de agua? ¿Tienes ganas de ir al baño?- preguntaba moviéndose de un lado a otro mientras el gatito lo seguía, jugueteando con sus pies. Era la primera vez que atendía a una persona borracha y estaba preocupado por si el demonio la había llegado a corromper en esos momentos o si se había perdido algo mientras no los veía -Maldito hijo de...- su ansiedad se fue disipando para dar paso a una rabia contenida que renació al ver a Helena en el sofá, a salvo, pero recordando lo que estuvo a punto de pasarle. Suspiró pesadamente y reparó en sus propias ropas rotas -No solo comida, leche y bebida en general... sino ropa. Maldición, quién me manda a mi a buscar redención...- murmuraba para sí deshaciéndose de la ropa rota, la camiseta y sudadera, que posteriormente arrojó por la ventana antes de cerrarla -Alguien le dará buen uso...- se dirigió hasta la cocina y llenó toda una jarra de agua, tomó sal y una pequeña navaja que dejó, junto a los otros ingredientes, sobre la encimera. Su espada estaba colgada en la pared sobre el sofá, por lo que no podría tomarla sin que Helena hiciese preguntas -Intenta dormir, chica... te vendrá muy, muy bien...- apagó la luz del salón mientras iba al baño, donde encontró el desastre que la chica había dejado. Suspiró y siguió arrepintiéndose de ser tan piadoso ¿Los demonios lidiaban con personas así o simplemente tras mancillarlas las mandaban de paseo a casa? Por un pecaminoso segundo, los envidió y se preguntó qué se sentiría al no tener más obligación que sembrar dolor y miseria por toda la eternidad mientras te refugias en los fuegos del infierno.

Todo ello pasaba mientras recogía las prendas, hacía un obillo con ellas y las ponía en un pequeño y andrajoso cesto con la que bajaba a la lavandería en la calle del frente, poco frecuentada, útil para él. Se rebuscó en los bolsillos y sacó unos tantos billetes sucios que previamente había recogido de la cartera del demonio muerto. A estas alturas su cuerpo debía de haberse esfumado, como si estuviese hecho de nada
-Padre... ¿Por qué nos abandonaste? ¿Por qué permitiste... todo esto?- murmuró para sí, mirándose al espejo del baño. Quedó en silencio tras refrescarse el rostro con agua fría del grifo, se secó con una toalla y regresó por el pasillo en silencio, envuelto en tinieblas por tener todas las luces apagadas, hasta que llegó a sentarse bajo la ventana, planeando cerrar los ojos... y descansar hasta el amanecer de un nuevo y repugnante día en ese mundo
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Re: Bajo la sombra de unas alas

Mensaje por Invitado el Jue Mar 21, 2013 2:49 am

Sentí como aquel hombre se aprovechaba de mí y de mi borrachera de forma descarada. Quise quitármelo de encima, pero fue curioso que su forma de excitarse me gustaba. Quiero decir, que aunque no quería hacer nada con él, lo que el hacía me atraía y me impedía de alguna forma alejarme de sus brazos, era como si el calor que me proporcionaba se convirtiese en mis propias cadenas sujetas a él. Me sentí enormemente aliviada cuando se quitó de encima bruscamente. Alguien lo había tomado y se estaba encarando con él a golpes. Más concretamente, un hombre encapuchado era quien lo había apartado pero… estaba recibiendo la paliza de su vida. Y no por que llevara todas las de perder, sino porque la brutalidad de los golpes eran inmensas. Estaba borracha, borracha como una cuba. Tuve que apartarme por si aquellas alucinaciones acababan dándome un golpe, aunque quizás lo necesitase, la verdad. Me froté una y otra vez la cara, me tambaleé con el mareo y los tacones, pero aquella alucinación de veras que no se iba. –Joder…- comenté, pues el resonar de los golpes me dolían hasta a mí. Finalmente, quien me había librado de las manazas de aquel hombre atractivo cuyo nombre desconocía, consiguió tomar el control y golpeó su cabeza contra el espejo. Hablaron algo que o entendía, pero algo tenía claro: por la voz y por el cuerpo, ese que me había salvado era Mikhail. ¿Qué hostias? Lo llamó por su nombre incluso –Creo que me voy… estoy pedo y uno de nosotros dos no está aquí…- comenté, tambaleándome de un lado para otro y dirigiéndome hasta la puerta. Pero entonces, sonó un disparo y me vi obligada a mirar hacia atrás para contemplar como el hombre atractivo había sido asesinado a manos de Mikhail. Quise salir corriendo de allí, pero noté como el joven me ayudaba a hacer aquello y me sujetaba, gracias al cielo, porque no era capaz de dar dos pasos sin tropezar.

Paseamos hasta llegar a la casa, pero aquello apenas lo noté, porque básicamente estaba entre dormida y entre risas inconscientes. Puede decirse que de un momento a otro para mi pasé de estar en un sitio para estarlo en otro distinto. El alcohol estaba empezando a hacerme mas daño del que pensaba. Oí la voz del joven preocupándose por mi estado
– ¿Extraña? ¿Cómo quieres que esté? Llevo una cogorza encima que es imposible hacerme llorar. Te vas a reír... pero me parto de risa solo de pensar que me ha parecido verte matar a un hombre.- comenté con dificultad pero riéndome a carcajadas, tambaleándome de un lado para otro. Noté como me llevaba de la cintura hasta el sofá, en el que me eché como un peso muerto –Jooder... Tu tampoco te cortas- dije, mientras con un zarandeo de pies me quitaba los tacones para arrojarlos a una esquina. Como si aquella fuese mi casa, vaya. El hombre tomó unas sabanas y dijo que dormiría en el suelo. Le lancé una mirada entrecerrando los ojos –No me seas un caballeroso capullo. Quiero dormir en el suelo, se esta más fresquito- dije, mientras me deslizaba hacia abajo por el sofá hasta quedar sentada en el suelo. En ese mismo instante, Mikhail volvió a preguntarme si necesitaba más cosas, y en vez de responderle, me quedé observándole detenidamente –Cuando te pones serio pareces un cachorro… con esa cara…- empecé a partirme de risa – Ya no se si estoy hablando contigo o con el gato- callé de repente, sentí que el estómago se me removía. Me puse en pie y salí corriendo en busca del baño, ni que decir tiene que tropecé e incluso me dí un golpe en la frente con el marco de la puerta. Pero por suerte para el suelo del joven, llegué a tiempo para devolver. Me quedé de rodillas en el suelo y me froté el rostro –Dios…estoy muy mal- volví a incorporarme, para quedar fija en la ducha. Sin pensarlo, metí la cabeza dentro y abrí el grifo, para que el agua helada me despejara un poco. Me llevé así un rato, y cuando más o menos me encontré mejor, o más bien cuando el frío empezó a dolerme en la cabeza. Me eché los cabellos hacia atrás, pero no me los sequé. Llegué de nuevo al salón, busqué mi maleta y empecé a rebuscar algo que ponerme. Saqué casi toda la ropa, la cual dejé desperdigada por todas partes –Mik… no tengo con que dormir- fui hasta aquella especie de cocina que se parecía a la mía. Abrí todos los cajones y ninguno cerré. Buscaba algo de ropa, aunque ese no fuese el sitio indicado; y por supuesto, dejé por todas partes un rastro de agua importante por salir sin más con el pelo exageradamente húmedo. Finalmente, encontré en el salón un pequeño mueble en el que encontré una camiseta blanca de Mik que decidí ponerme. Allí mismo y dándole la espalda al joven, me quité el vestido por los brazos y quedé un rato casi desnuda intentando volver a recordar como se ponía una camiseta. Lo que el hombre vería sería tanto el tatuaje del fénix que me ocupaba toda la espalda, la ropa interior de encajes bastante sexy y la sensualidad de las curvas. Cuando conseguí ponérmela, aunque para al final humedecerla con mi pelo, fui hasta las mantas que había tomado Mik y las eché todas al suelo. Para tirarme sobre ellas y enroscarme con las mismas como si fuera Sin Nombre, quien ya se había acercado a juguetear. Vi como el joven, con el torso al aire, se sentaba bajó una ventana. Me puse boca arriba para admirarle mejor, la única luz que entraba de la noche en la casa iba directa a su figura. Parecía un ángel. Y Debía estar muy triste para que la borrachera me dejase darme cuenta. -¿No sientes a veces… que tienes que hacer algo en este mundo, pero no encuentras la forma de hacerlo? ¿Y que cuando tienes fuerzas para intentarlo…parece que nadie te va a poner las cosas fáciles porque apenas nadie va a estar de tu parte?- pregunté, serena y tranquila, tirada en las mantas con las rodillas flexionadas hacia arriba.

Acabé por ponerme en pie y sentarme a su lado. Le sonreí dulcemente y le acaricié el rostro, como si intentara consolarle. Me acerqué más a él y le abracé como sólo una madre conseguiría hacer, de estos abrazos que están hechos para llorar y desahogarse. Una vez más, empezó a llover, pues las gotas de lluvia chocaban contra el cristal de la ventana y creaban un ambiente relajador. Sin dejar de abrazarle, terminé por sentarme en su regazo. Hundí mi rostro en su hombro y seguí acariciándole, la espalda, los brazos, el pelo… En ese momento, me pareció de lo más apetecible el cuerpo del hombre. Besé entrecortada y lentamente el hombro del moreno, para después seguir con su cuello y finalmente su oreja
– Aún no te he dado las gracias…- susurré en su oído sensualmente, el cual besé y mordí con pasión. Llevé mi rostro muy cerca del suyo, para apoyarlo sobre su frente y cerrar los ojos para disfrutarlo todo mejor. Tomé sus manos y las llevé hasta mis caderas por debajo de la camiseta, de la que tendría que hacerse cargo él. Le desabroché del todo el pantalón y empecé a mover mis caderas en un vaivén rítmico y sensual que hacía que se le bajase los vaqueros poco a poco. No iba a despegarme de él, no quería. La pasión y el alcohol reinaron en mi cuerpo. Mordí el cuello del hombre, besé su torso –Vamos…vamos…sigue…por favor…no esperes más…lo estas deseando… vamos…- gemí en su oído. Y… me quedé dormida sobre su cuerpo.



Sentí mi nariz húmeda, alguien la estaba lamiendo con insistencia. Abrí los ojos, parpadeando, y encontré al gato sobre mí jugueteando. Quise incorporarme y entender donde me encontraba, pero justo en el momento en el que lo intenté, la luz del día y el dolor de cabeza por poco me mataron
–Oh…Dios…- comenté casi sin aliento, llevándole las manos al rostro -¿Dónde…?- abrí los ojos en cuanto pude, y comprobé que estaba en casa de Mikhail. Entonces… no había sido un sueño. Mi casa, mis pertenencias, todo había desaparecido. Y la noche anterior me emborraché como una adolescente. –No…no puede ser- el dolor de cabeza casi hacía que se me saltasen las lágrimas. Miré como estaba vestida, y para mi horror, muy de haber pasado una noche loca con alguien. La casa estaba echa un desastre –No me jodas que todo esto lo he hecho yo…- Me senté, dándome igual lo provocativa que estuviese, porque había cosas mucho peores de las que preocuparse –Oh… no- dije, en cuanto encontré con la mirada al muchacho semi desnudo -¿Qué ha pasado? Dime que he hecho. No recuerdo nada- dije, con el rostro pálido y unas ganas de vomitar irremediables. –No me digas que tu y yo… Oh, por favor…No habré sido capaz. No, no, no- no sabía si me preocupaba más lo que había hecho o por lo que John había casi conseguido hacerme – ¡Estaba borracha! Dime que al menos te pusiste protección- me arrepentí rápidamente de gritar. Me entró tal punzada de dolor en la cabeza… que no pude hacer otra cosa más que ir al baño y vomitar. Me encontraba quizá en la más completa miseria, no sabía que haría si volviese a encontrarme con John antes de que volviese a intentar matarme. -Creo que no me encuentro bien...-
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Re: Bajo la sombra de unas alas

Mensaje por Invitado el Jue Mar 21, 2013 4:43 am

Cuan feliz era el ángel pensando que quizá la muchacha decidiese dormitar tranquila y despertar a la mañana siguiente con una estela de resaca en forma de dolor de cabeza, pero no fue así. Ya estuvo dando guerra desde el mismo momento en el que la instó a dormir en el sofá, pues incluso decidió bajar al suelo. No pudo evitar fijarse, cuando se cambió de ropa una vez había desordenado todo el salón, en el enorme tatuaje que tenía cruzándole toda la espalda. Un fénix, irónico. Una muchacha que habitaba actualmente con un ángel tenía un tatuaje de un animl mitológico de una cultura realmente antigua, animal que, por supuesto, no existia. Lo más parecido a un fénix en la realidad es un quetzal, un ave que Mikhail en particular, adoraba por su belleza exótica.

No todo acabó ahí, para desgracia del gris. Cuando estaba en la pared, apoyado, intentando descansar, la muchacha optó por levantarse hacia él. Se posicionó a su lado, le hizo brevemente compañía y le dedicó unas palabras que le hicieron reflexionar. Justamente era lo que él estaba pensando, lo que estaba sintiendo ¿Ella le comprendía, ahí, en su naturaleza simplemente humana? Le fue bastante impresionante, al punto de que la contempló directamente a los ojos, percatándose de la inmensidad de los mismos, de lo grandes y hermosos que eran. Ella se sentó sobre él y comenzó a besarle el cuello, hombro y a mordisquearle la oreja, afirmaba que no le había agradecido nada. Tampoco era necesario si debía ser así
-Eh... para, anda. Esto no es necesario- dijo cuando estuvo por apartarla con un suave empujón, pero la chica aferró sus manos y las posó sobre sus sinuosas curvas que, al contacto, hicieron dudar a Mikhail. No contenta con todo ello, le desabrochó el pantalón y comenzó a danzar sobre él, moviendo las caderas, trazando una linea constante de un cosquilloso placer que inundaba al ángel poco a poco. Ella gemía, pedía que no parase, que continuase con la acción, que él lo deseaba y ella lo sabía. Él la deseaba. Ella lo sabía.

El ángel estaba sujeto a ella, aferraba sus caderas sin darse cuenta mientras le susurraba apurado que debía detenerse. Estaba sintiendo excitación, no debía, no podía. Intentaba rememorar su antiguo yo, intentaba pensar en el Cielo, en todos sus hermanos y en la divinidad que antaño tuvo. Antaño. Tuvo. Pasado.
-Helena, por favor...- la chica era incesante debido al alcohol seguramente así como las ganas palpitantes de tener sexo que aquel demonio le había provocado previamente. Demonio. Él es un ángel. Un ángel puede convertirse en demonio. Un ángel caido. Nathanael. -Detente...- le estaba subiendo la camiseta que había tomado prestada de él. Estaba descubriendo muy lentamente su torso, la curva que la camiseta perfilaba estaba desapareciendo conforme la desnudaba. Ella jadeaba. Él comenzaba a hacerlo. No retuvo un primer beso en el cuello de la chica como respuesta. Quería. No podía. Sintió en un una de sus manos el repentino roce de la suave y cálida piel de uno de sus pechos. Estaba desnudándola. Vade retro. Ella se detuvo. Él despertó. Venció el sueño y por la más pura y santa de las suertes, venció su virtud.

La chica estaba dormida, se había quedado mermada con el vaivén, ella sola se mecía y Mikhail la comprendió. Soltó un bufido pesado, cansado, excitado. La tomó como pudo y la llevó de nuevo a lo que era su "cama" que ella decidió instalar en el suelo. El pequeño gatito los miraba con la cabeza ladeada y con sus grandes ojos azules
-Ni una palabra de esto ¿eh, Sinni?- decía mientras se abrochaba el pantalón con cierta dificultad, debido a la respuesta de su anatomía masculina ante aquel momento de sórdida pasión. Todo estaba de nuevo en calma y en silencio. Sintió el frio de la lluvia entrar por la ventana, que estaba abierta. No se había percatado de ello -Me estás poniendo a prueba, bastardo...- blasfemó a Dios, acercándose de nuevo a la ventana, observando el cielo, murmurando -Me estás retando y no me gusta que me reten, bien lo sabes, Padre mío. Tú me creaste, tú me abandonaste. Tú...- sus palabras se vieron interrumpidas por la repentina presencia de alguien que no era bien recibido en el salón. Se percató enseguida de la maldad ¿Cuando había entrado? Estaba sentado, en el suelo, junto a Helena. Aquel hombre joven, fornido, de piel morena y peinado Mohawk, vestido con una camiseta de tirantes roja y un pantalón verde militar acariciaba los cabellos de la joven -Una chica bonita. Bastante guapa, sí. ¿Por qué no te la has tirado, hermanito? Deberías ser un ejemplo para tu hermano menor ¿No? ¿Tienes miedo de padre, acaso?- Nathanael. Estaba tan tranquilo y hablaba como si poco le importase que ella despertara -Nathanael, más te vale que...-...te vayas de aquí si no quieres meterte en un buen lío- imitó al ángel gris -¿Sabes qué, Michael? Has estado a punto. Te he estado observando. Creeme que ya quisiera yo esas caderas moviéndose sobre mi. No sabes qué te pierdes, colega. Deja el amor para los románticos y los poetas humanos, somos algo más. El placer, el odio, todas esas emociones que se suponen que son pecado son más poderosas en nosotros ¡Siéntelo!- Mikhail se preocupó por que Helena siguiese dormida, de modo que tomó a su hermano de la camiseta y lo arrojó por la ventana con violencia. Este subió al tejado y Mik lo siguió. Se estaban mojando con la lluvia -Ese no es el sentido de nuestra estancia en la tierra, Nathanael. Me has fallado, a mi y a todos. Has fallado a nuestro Santo Padre y has fallado a toda la humanidad. Has caido, como lo hizo "él"- escupió el ángel con asco -¿Él? ¿Te refieres a Luzbel? Uy, quiero decir, Lucifer. Mira, tío...- Mikhail dio un paso al frente, furibundo -No me hables como si fueras un niñato humano de la calle ¡Compórtate como lo que eres!- bufó, pero solo causó risas en Nathanael -¿Ves...? ¡¿Lo ves?! ¡Esa es la razón por la que caí! ¡Mis alas son negras y se pudren, Michael! ¡Se pudren y pronto caerán de mi espalda, quedará un enorme vacío en mi ser...! Pero todo por conseguir la libertad que tú ¡Tú y todos los tuyos, los que antes eran míos, rechazais! Das órdenes cuando tú mismo has estado muy a punto de sucumbir a uno de los Capitales, la lujuria. Esa chica va a ser tu perdición y yo estaré viendo como caes. Tus alas ya son grises, hermano. La próxima vez que veas como su ropa se desliza sobre su piel cuando se estire para levantarse, para coger algo. Cuando se agache para tomar algo del suelo, cuando corra o salte y veas sus pechos elevarse y caer con la suavidad y gracia que ni siquiera nosotros los ángeles tenemos... Desearás devorarla- se mordió el labio, imaginándolo -Ufff... sí, desearás devorarla, hacerle el amor, pasártela por la piedra... ¡FOLLÁRTELA! Tan fuerte... ¡Tan fuerte que los militares estúpidos creerán que la estás matando, tío! Y si no lo haces tú lo haré yo, algún día.- Mikhail, enfermo de oir estupideces de tales niveles, se avalanzó sobre su hermano angelical y trató de tentarle un buen puñetazo, pero Nathanael ya no estaba ahí. Se marchó tan rápido como la lluvia caía -No te odiaré... no conseguirás que caiga como tú caiste...-.

Al regresar dentro, tuvo que volver a secarse. Cerró la ventana y secó el suelo por igual, incluso se cambió de pantalones y se puso unos de esa guisa que llamaban chándal, para estar más cómodos. Durante la noche no durmió, observó a Helena constantemente que dormía plácidamente
"Ella será tu perdición" resonó en su mente -Ella será mi redención... Tiene que serlo- apretó los ojos -Tienes que serlo, Helena-

A la mañana siguiente, la chica despertó mareada y con vómitos, aturdida. Creyó por un instante que se habían acostado y temió por la "protección". Mikhail, olvidando lo de la noche anterior con respecto a Nathanael, empezó a reir mientras se vestía para irse ambos a desayunar
-Claro que tomé protección, Helena.- se puso una sudadera de un color rosado sobre una camiseta gris y nuevamente calzó unos vaqueros, más claros que los que llevaba el día anterior. Tomó la cartera y puso dentro el poco dinero que le quedaba -La mejor protección, de hecho. Te lo pasaste muy, muy bien. Una lástima que no te acuerdes- comentó con sorna, intentando asustarla un poco -La mejor protección, recuerda, es devolver a la cama a una chica borracha, respetarla mientras duerme y dejar que se divierta durmiendo como un angelito- se echó a reir, abrió la nevera y contempló horrorizado como no había nada -Vístete, anda, tenemos que ir a desayunar y luego ver que hacemos contigo. He recogido todo lo que armaste en el baño, así que puedes darte una ducha rápida si quieres. Digo rápida porque el agua sale caliente pero puede salir fría a veces, problemas de tuberías- dijo con amabilidad, esperando que la chica eligiese que hacer. De igual forma, tenía asimilado que se ducharía -Yo ya estoy preparado, así que cuando quieras- se sentó en el sofá -Iremos a ver la casa, aunque no creo que te guste, después de desayunar. También tendré que comprar algo para el almuerzo y la cena... no creo que el dinero de para más. Tendremos que conseguirlo... ¿Y si nos pasamos por tu bar?- pensó que no le haría mucha gracia, sobretodo cuando no se pasó a trabajar sin tan siquiera avisar -Acepto sugerencias. Puedo llevarme mi espada si quieres- bromeó. Todo lo hacía intentando que la joven se relajase, que viese que él estaba igual que siempre, que ni estaba molesto por la borrachera ni nada había pasado entre ellos. Todo estaba común y corriente, en el mundo de Helena, claro está -Tambien podemos vovler a tu casa... a ver cómo a quedado todo. Tal vez se salvase algo...- comentó y esperó a que hiciese lo que tuviese que hacer durante unos minutos.

Una vez la muchacha terminase, bajarían del hogar para montar en la moto. Mik volvió a cederle el caso mientras él se colocaba esas gafas suyas de piloto
-Muy bien... ¡Tú dirás a dónde!- era temprano y el sol apenas calentaba. Tampoco hacía frío pero olía a lluvia con ese clima helado que al respirar parece hacerte cortes en la nariz y los pulmones. Mik alzó la vista para tomar ese aire que tanto le gustaba, él no sentía dolor con ello, pero se sorprendió al ver a Gabriel desde un tejado. Vestía de blanco, blanco impoluto, un traje elegante de estos que suelen vestir los empresarios o los presidentes. Su cabello rubio y sus ojos verdes hacían juego con su tez nívea de rasgos suaves. Estaba en una altura elevada, pero Mik la veía perfectamente. Ella los observaba, a ambos, con una mirada inquisitiva. En especial a Helena -Vamos... nos pondremos en marcha y a donde nos lleve la carretera- arrancó el vehículo y partieron hacia ningún lugar, esperando que Helena decidiese a dónde ir primero, aunque obviamente, lo principal era el desayuno. Sin tener ni idea de la planificación del día, Mik ya estaba en camino rumbo a un bar más cercano donde poder alimentarse un tanto -Te sentará bien comer algo... ¡Pero recuerda! Nada de cerveza para acallar la resaca, te pondrá peor- [i]rió nuevamente, esperando disimular su extraño nerviosismo al ver a Gabriel allí, de esa forma ¿Qué estaba pensando? ¿Qué hacía observándoles? ... ¿Qué iba a ocurrir ahora?
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Re: Bajo la sombra de unas alas

Mensaje por Invitado el Vie Mar 22, 2013 3:53 am

Me senté de rodillas frente al wc. Cuando me encontraba con tantas nauseas, no podía evitar encontrarlo como mi mejor amigo. Me apoyaba en él y a veces incluso me abrazaba a él por el malestar. Ante mi mayor temor, Mikhail me brindó la respuesta que menos deseaba oír. Me había acostado con él ¡Dios! ¡¿Por qué?! ¿Cómo podía haber caído tan bajo? ¿Por qué había roto mi barrera tan de repente? Me había costado una vida crearla para sucumbir fácilmente ante un momento de angustia. Que me dijese que me lo pasé bien me puso enferma, más de lo que estaba. Pero peor me puse cuando confesó en tono bromista que no hicimos nada, que simplemente me ayudó a acostarme y me respetó –Cabrón- dije, lo suficientemente claro como para lo que lo oyese. Volví a vomitar y empecé a encontrarme mejor. No rechacé su oferta de ducharme, por lo que con mis pintas de zombie provocativa llegué al salón para tomar algo de ropa que la noche anterior había tirado para llevármela al baño –Siento todo este desorden. Lo recogeré después y… en cuanto encuentre una lavadora lavaré esta camiseta. No tienes porqué tomarme tantas molestias por mi cuando no he hecho más que rehuirte. Ni si quiera se porque te has hecho cargo de mi si no tienes nada que ver conmigo- dije, seria, dirigiéndome al baño. Me desnudé y me metí en la ducha, y la sensación tan relajante que me proporcionó casi me pareció un milagro, aunque el agua saliese de vez en cuando fría. El dolor de cabeza tan inmenso que tenía no se desvaneció tan pronto, claro esta, por lo que salí de la ducha esperando que el joven hiciese el menor ruido por su parte. Para mi desgracia, formuló una serie de sugerencias para hacer por la mañana, pero no contesté hasta que no estuviese lista. Me puse unos vaqueros oscuros, una camisa de cuadros negra y roja, bastante estrecha y sinuosa, con mangas a medio brazo; y botas negras.

Llegué al salón entre suspiros, pero no fui directamente al salón. Humeé brevemente porque me había percatado de que la casa estaba prácticamente vacía y desamueblada. La única habitación que tenía no tenía ni un solo mueble. Por lo tanto ¿Dónde estaba la cama? ¿Y los armarios? ¿Vivía sólo con un sofá, un baño y una cocina? Cuando llegué al salón, me apoyé en una encimera y me froté el rostro intentando pensar. Me fastidiaba la idea de que todavía tuviésemos que seguir juntos, pero cierto era que le debía más de un café. Era solitaria, fría, pero no una desagradecida.
–A ver, hagamos una cosa… Vayamos primero a mi casa. Quiero saber si mi coche todavía está vivo… y rezar por que el colchón no esté muy destrozado. Asaltar casas que antes fueron de otro da un mal rollo que te cagas, más aún si tengo que dormir en cama ajena- comenté con una mueca de asco que hacía ver que vivir en otra casa iba a ser para mi la cosa más desagradable del mundo. –Pasaremos por mi bar para recoger dinero y después te invitaré yo esta vez a desayunar. Prefiero que no haya deudas entre nosotros- me peiné los cabellos con las manos, para ir a mi maleta, sacar el móvil, la cartera y las llaves del coche. Bajamos del piso y nos montamos rápidamente en la preciosa moto de Mik. Estaba mareada, angustiada, con dolor de cabeza, triste incluso por la pérdida de mi casa, pero por todo lo que se movía, oír el rugido de la moto me daba hasta felicidad. Le dí un par de toques en la cadera para que se pusiese en marcha, pero reparé tarde en que quizás aquello le hubiese dolido –Oye, no te vi antes con las vendas ¿Cómo tienes la herida?- pregunté, para agarrarme de su cintura de una forma más suave y poner rumbo a mi casa.

Aunque me sentí aliviada al ver que mi coche seguía en el lugar de siempre, intacto, se me cayó el alma al suelo al subir las escaleras con cautela y comprobar que casi se partían a pedazos
–No se como salimos vivos de esto… bajamos por las escaleras, y fuiste tú el único que se hirió la espalda. Eres mi puñetero ángel de la guarda, no me extraña que estés apuntando todo lo que te debo. Sea como sea eres un loco- al llegar a la casa y ver como con solo un empujoncito la puerta se abrió para mostrar el infierno en el que se había convertido mi hogar, sólo pude pensar en una persona –Jamás pensé que John fuese capaz de hacer esto. Parece que desde que es un traficante le da lo mismo matar a quien sea. Lo peor es que si ha llegado hasta aquí… en cuanto se entere de que sigo viva…- no terminé la frase porque quedaba bastante claro. Miré de un lado para otro pero apenas había nada que se hubiese salvado –Ayúdame, por favor. Habrá que decorar mi nueva casa- dije, intentando quitarle importancia al asunto. Abrí lo que quedaba de los cajones del escritorio, las recargas de las pistolas seguían intactas. – La casa era mía entera. Nadie había vivido aquí antes, y todos los muebles los había conseguido yo sola. Si se hubiese destruido una sola cosa que no era mía, te juro que…- reparé en que había hablado demasiado pronto. Busqué los libros de la biblioteca vanamente. Calcinado, todo calcinando –Ag, joder. Los libros. Ahora si, te juro que lo mato en cuanto le vea- encontré un par de cosillas más sin importancia que habían sobrevivido. Cuando llegué a la habitación, comprobé que el colchón, aunque un poco destrozado por algunas partes, seguía intacto. Lo arrastré hasta el salón y lo cargué de uno de mis brazos –Vámonos ya, no queda nada más- no miré atrás al salir por la puerta. Tenía demasiadas cosas de la que arrepentirme ya. Cargué con la ayuda del joven el colchón a la parte trasera del coche –Vamos a montar tu moto, anda. Conduzco yo hasta que volvamos- ayudé a cargar la moto y me puse en marcha hacia el bar.

Como esperaba, estaba abierto. No apenas nadie, un par de borrachos que conocía de sobre y Hershel, mi jefe. Le arrebaté las gafas de sol a Mik para ponérmelas rápidamente y evitar que el viejo viese que en vez de trabajar me había pasado toda una noche de borrachera
-¡Helena! Mientras venía aquí he visto tú casa ¿Qué ha pasado?- dijo el jefe, acercándose a grandes zancadas y percatándose de que no venía sola –Nada, no te preocupes. He venido a que me hagas un favor- dije intentando quitármelo de encima rápidamente, aunque no fue fácil, pues posó su mano sobre mi hombro y nos miró a ambos repetidamente. – Tienes muy mala cara ¿Pero donde has dormido? ¿Tienes donde quedarte? Ya sabes que mi hija se marchó y que… - aparté su mano de mi hombro -Déjate de gilipolleces, Hershel. Esa amabilidad tuya se va a esfumar en cuanto pruebes la primera cerveza del día. He venido a que me devuelvas lo mío- dije, cruzándome de brazos. Como esperaba, el viejo puso una cara tremendamente sorprendida -¿Cómo que lo tuyo?- suspiré con pesadez –Joder, te hacía borracho pero no tanto como para que no te acordases de que te presté cien pavos hace dos noches. Si lo llego a saber…- el hombre palideció de forma que junto a su pelo tremendamente blanco, parecía un muerto -¿Cien pavos?- -Siii… cien pavos ¿Cómo quieres que te lo diga? Mira, te los pediría en otro momento, pero entenderás mi necesidad al haber visto mi casa- coloqué mis manos sobre mis caderas y cambié mi peso de un pie al otro –Esta bien, esta bien. Toma. La verdad es que no me acordaba- dijo, sacando su billetera y dejando ver cien de los grandes. Chasqueé con la lengua y negué con el rostro –Deberías beber menos, ya no tienes edad… Ya esta noche vendré a hacer el turno- le arrebaté los billetes y me largué sin despedirme. Nada más entrar en el coche y esperar a que Mikhail también lo hiciese, me partí de risa, una risa que indicó que todo mi rol ahí dentro había sido puro paripé, que Hershel no me debía nada –Me ha dado bastante pena esa cara de susto que ha puesto- suspiré – Ya se los devolveré cuando no se de cuenta-

Por último, conduje hasta aparcar frente a un pequeño bar que parecía tener buena pinta para desayunar. Y así era. Había más gente dentro y estaba más o menos bien decorado. Olía a café que daba gusto y los asientos acolchados tenían forma de semicírculo, rodeando las pequeñas mesas circulares. Seguramente se convertiría en un bar de copas por la noche a juzgar por el aspecto. Nada más sentarme, me coloqué bien la camisa para que los botones no se separaran demasiado y aguardé a que alguien nos atendiese. No tardaron –Yo sólo quiero un café. Mik, tú pide lo que quieras, tengo cien pavos- dije bromista, devolviéndole las gafas de sol. El camarero se alejó y el joven y yo quedamos a solas. Volví a frotarme el rostro con las manos y suspiré –Me queda un trabajo enorme por delante…- nos trajeron el desayuno. – He visto que no tienes muy…amueblada la casa. No tienes cama ¿Es que duermes en el sofá cada noche?- pregunté, esperando no ser muy descarada y no ofenderle por su, quizás, falta de dinero – Y vives sólo… por un momento me alegro de ello. Te he dejado la casa echa un desastre y encima a saber como me comporté ayer y que hice hasta caer rendida. Me he emborrachado muy pocas veces, la última vez fue cuando mi adolescencia terminaba, y por lo que…. Me vuelvo bastante descarada. Por eso me preocupé nada más despertar. Espero que no tuvieses que soportarme demasiado- le dí un sorbo rápido al café – Mik, gracias,. No se como pagarte que me ayudaras anoche. Yo no me comporto así siempre, es sólo que ayer... Después le echaré un vistazo a tu herida si quieres. No tengo ni puta idea sobre curas… pero supongo que no podrás volver a vendártela tu solo.- dí otro sobro – La verdad es que ahora no se muy bien que hacer con respecto a John. No va a descansar hasta que me mate de una vez, y a ti también supongo… lo siento. Al menos, consuélate sabiendo que haces bien de novio- dije dándole unos toques en el hombro con una leve sonrisa. No, no me comportaba así normalmente, pero después de lo que le había hecho pasar…que menos.

Sentí de pronto la infranqueable necesidad de fumar. Busqué en todos mis bolsillos pero no había nada que llevarse a la boca
–Joder…necesito un cigarro y un mechero- dije desesperadísima mirando a Mik, quien dudaba mucho que tuviese lo que deseaba. Por dios que alguien bajase del cielo en ese preciso instante y me encendiese uno.
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Re: Bajo la sombra de unas alas

Mensaje por Invitado el Vie Mar 22, 2013 5:11 am

La chica propuso finalmente ir primero hacia su casa, por lo que Mikhail se desvió del camino que estaba tomando para dirigirse hacia las cenizas del hogar. Una vez allí, ambos pudieron contemplar el horrible panorama que había quedado hecho, aunque al parecer se salvaron un par de cosas sin importancia y el colchón, cosa que Helena agradecía enormemente dado que tendría que mudarse. Mikhail estuvo reflexionando sobre invitarla a hospedarse en su habitación libre, pero las palabras de Nathanael aún resonaban en su cabeza como si se lo estuviese diciendo al oido en ese mismo instante.

La chica pidió ayuda y de buena gana, el ángel se prestó a bajar y cargar junto a ella el colchón, para desplegar la rampilla y luego transportar la moto del mismo. La suerte de que la muchacha tuviese un coche ranchera, una suerte muy grande y más aún de que no estuviese quemado
-Ángel de la guarda dices... pero este cochazo no definitivamente no te lo he salvado yo- sonrió montándose y preparándose para viajar, en pos de un desayuno. O eso pensó, pues terminaron en el bar de Helena, Anker's. La joven robó por un momento las gafas del ángel y mantuvo una ligera conversación con su jefe hasta sacarle 100 dólares, que no era moco de pavo. Al regresar al coche Helena aseguró que se los devolvería sin que se diese cuenta -Tu jefe tiene muy pocas luces ¿No? Es decir, el alcohol le debe de estar friendo las neuronas ¿Qué necesidad tiene el dueño de un bar pedir prestado dinero a una de sus trabajadoras para beber, precisamente? ¡Por Dios! Si tiene todo el alcohol que quiera en su bodega- empezó a reirse, sorprendido de lo insulsos que eran algunos humanos, simples, tan simples como el agua y a la vez tan importantes como la misma -Supongo que ahora sí... ¡A desayunar!- efectivamente no se equivocó esta vez y terminaron en un bar modesto y humilde donde desayunar. Helena volvió a pedir un café y Mikhail se pidió lo mismo, muy cargado y una tostada. Mientras comían Helena le agradecía todo lo que hacía por ella y se comportaba de un modo muy amistoso, demasiado para el gusto de Mik, que estaba cada vez más incómodo debido a la advertencia -No te preocupes, no es nada. Mi espalda está bien, no necesito revisión, te aseguro que estoy fenomenal, eran quemadurillas superficiales- comentó distraidamente, mordiendo el pan crujiente -De todos modos no exageres, ayer no estabas tan desbocada. No te preocupes por la deuda- se limpió los labios con una servilleta de papel muy fina -Porque si quieres saldarla, tendrás que permitir que intente meterte mano y te muerda hasta que me quede dormido... y yo no bebo- arqueó las cejas, dando a entender que él no se dormiría debido a estar alcoholizado. De igual modo, lo dijo con su típico tono bromista -Es broma, es broma. Es lógico que cuando uno bebe no sepa lo que hace. Que intentes tirarte a un tío en un pub no significa que quieras hacerlo, por eso te detuve- comentó despreocupado, ignorando si Helena recordaba o no los disparos y la pelea. Advirtió que buscaba algo desesperada y se trataba de un cigarrillo y mechero. Como si fuese la luz que los iluminaba, las manos suaves de una mujer le tendieron el cigarrillo y el mechero. Pálida como la luna, rubia como la cerveza, con ojos verdes como los de Mikhail, pero los de la chica brillaban, parecían vivos, como si hubiese fuego tras esa capa de color verde. Los de Mikhail eran más oscuros y apagados -Por una vez no los llevas encima...- dijo Gabriel, con una calma que inquietó al gris -Gab... ¡Gabri! ¡Hermana, cuanto tiempo! No esperaba verte aquí- la hermana celestial de Mik se estrañó, pero al mirar a la humana a la que entregó el cigarro y el mechero, lo comprendió -Sí... Mikhail, mucho, mucho tiempo...- entornó los ojos y estudió al arcángel que antiguamente fue -Te he visto de lejos, muy bien acompañado y me preguntaba... ¿Quién es esa chica tan guapa?- se posicionó tras la silla de Helena y la tomó por los hombros con tal suavidad y elegancia que sus manos parecían de seda. Gabriel siempre había desprendido una confianza y una seguridad que parecía que no pasaría nada malo con ella delante -Ella es Helena... una amiga- afirmó con rotundidad, mirando a la chica a los ojos -Sí, amiga- repitió al ver que Gabriel arqueaba una ceja, extrañada -La estoy ayudando a mudarse...- Gabriel se sentó entonces junto a ellos, más bien, entre ellos -¿No tienes nada que hacer?- preguntó el arcángel, incómodo. Ella negó con la cabeza, sonriente. Su rostro era la viva imagen de la felicidad, pero hablaba tranquila, con voz infantil -Claro que no, hermanito. A pesar de todo lo que ha sucedido, podréis deducir por mis ropas que no todo va mal... Conseguí hacerme un poco con el monopolio de la electricidad, ya sabes que siempre me gustó mucho... la luz- Mikhail captó el mensaje enseguida mientras que Gabriel gestualizaba con la mano intentando ser cómica -Helena, siento que tengas que aguantarla, en ocasiones es muy...-...angelical. Lo sé, soy todo un cielo...- rió, coqueta -¿Por qué te mudas, Helena?- ante su interés, la llegada repentina de otro individuo forjó la tensión más grande que Mikhail había sentido en mucho tiempo.

Aquel joven de piel morena y cabello Mohawk interrumpió la conversación sentándose de muy malas maneras con la silla del revés frente a Gabriel. Ya formaban cuatro con la mesa en frente a modo de cruz
-...Hola- sonrió, robándole una tostada a Mikhail -N... Nathan...- Gabriel estuvo a punto de levantarse, pero al ver la tranquilidad de Mikhail, que no mencionó su nombre completo, recordó a la humana y fingió con mucho trabajo -Mis dos hermanos reunidos... qué casualidad...- miró a Helena con cara de circunstancia, esperando encontrar una excusa para irse. Más bien esperaba que ella diese la excusa -Ni que hiciera mucho que no me ves, Mic- agradeció de sobremanera que le diese por acortar el nombre como a Helena -Os he "visto" y me he dicho... Eh, ¿Por qué no hacerles una visitilla y ver qué tal están?- se burló de ambos y miró a Helena -Vaya con el bombón...- terminó de gorronearle el pan, lo devoró y se lamió los dedos un poco aceitados para luego limpiarse con una servilleta. Reparó nuevamente en cada curva de la mujer ahora que estaba despierta y sentada en lugar de acostada -Qué polvazo tienes...-¡Eh!- Mikhail le dió con el reverso de la mano en el pecho a Nathanael, llamando su atención -Hermano... no deberías hacer esos comentarios- dijo Gabriel, enfatizando el "deberías" -¿Qué pasa? ¿Otra vez vais a empezar con los "no deberías"? ¿O es que es tu novia?- miró a Mikhail, sonriendo pícaro. Conocía perfectamente la respuesta y sabía que no diría que sí, de modo que se la podría jugar como quisiese. En efecto, el arcángel negó con la cabeza y miró a Helena igual que Nathanael. Los ojos de éste último eran de color abellana en lugar de verde en un matiz distinto. Es como si estuviese tirando a un color rojizo -¿Cómo te llamas, muñequita?- la creciente tensión para el arcángel estaba empezando a ser insostenible -Oid... veréis...- no sabía qué hacer para no resultar extraño y hacer que Helena lo bombardease a preguntas, pero antes de que la muchacha empezase a ser interrogada por Nathanael, Mikhail actuó -Helena se viene a vivir conmigo. En mi habitación libre- sentenció con seriedad y crudeza -¿Qué?-Ah... ¿Sí?- fue evidente la molestia de Gabriel y más que notable la alegría de Nathanael -Siempre que ella lo desee, yo así lo quiero- la miró a los ojos, a Helena. Con tal intensidad que parecía que iba a echársele encima -Si no, yo ya he terminado de desayunar, Helena. Sería mejor ponernos en marcha cuanto antes. Si aceptas quedarte en lugar de en la casa de unos difuntos...- Nathanael rió -O mi garito, no está mal realmente- se lamió los labios mirándole los pechos a la muchacha -No la conoces de nada, Nathan, déjala. ¿Aceptas, pajarito?- instó Mikhail, con prisa por salir del lugar -Si es así, más vale que vayamos ya a preparar la habitación. Tengo algo muy importante que hacer luego- Mikhail se levantó y echó a andar -Nos vemos, hermanos- Gabriel se levantó -Yo también he de irme ya...- sin mediar más palabras se fue, adelantando incluso a Mikhail. Nathanael permaneció mirando a Helena de arriba abajo y silbando en tono bajo -Ve, vuela con él, pajarito. Ya te llamaré, sé donde vives- le guiñó el ojo mientras Mikhail esperaba que ella decidiera y lo llevase de vuelta al hogar
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Re: Bajo la sombra de unas alas

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 23, 2013 3:36 am

Las cosas se tornaron de la forma más extraña posible. Primero porque según las palabras de Mik, sí, estuve a punto de tirarme a un tío cualquiera, lo que hizo sentirme asquerosamente débil; y segundo, porque la visita que recibimos fue tan peculiar que me sentí ahogada.

Una mujer espléndida, bella, de aspecto delicado, me tendió un cigarrillo y un mechero solo con desearlo. La miré con desconfianza y ojos entrecerrados, pero mi vicio era tal que poco tardé en aceptar el cigarro y fumármelo. Por la reacción de Mik, supe que era su hermana. No lo habría adivinado nunca, porque no se parecían en nada… experto quizás por ese aire atractivo de ambos, por así decirlo. La mujer poco tardó en interesarse por mi presencia
–Helena- dije, sin más, sin tender ninguna mano o dar dos besos cariñosos; porque la rubia se había tomado todas las confianzas del mundo para posicionarse a mis espaldas y tomarme los hombros, como si fuese mi amiga de toda la vida. Aquella era la típica situación en la que un hermano intenta saber si su otro hermano tiene pareja, eso lo tuve por seguro. Porque Mikhail actuó de una forma muy nerviosa y poco tardó en aclarar que éramos amigos –Yo no diría amigos, puesto que te conocí ayer- aclaré poniendo los ojos en blancos y suspirando con pesadez. Tampoco quería ofenderle, le debía la vida…pero tanto como amigos… La mujer era irritante ante mi necesidad de no estar rodeada de gente, pero me cayó rotundamente mal cuando aclaró que no le iba nada mal la vida trabajando con la electricidad del lugar. Aquello me recordó lo que vimos en la centralita, así que mi sentimiento hacia ella fue aún peor. Vale, quizás no tenía nada que ver con aquello, pero hacer amigos de lujo no estaba en mi lista de hobbies, sobretodo si te preguntaban tan abiertamente una cosa tan personal como mudarse -¿Estando el mundo como esta crees que es seguro vivir siempre en un mismo lugar?- pregunté, seria y borde. Seguí con mi cigarro.

En ese mismo instante, llegó un chico más peculiar que toda la situación junta. Con aires gamberros y de piel morena, se sentó de mala manera frente a nosotros. Bien, otro hermano de Mikhail, y por lo que pude comprobar, sí: el atractivo en esa familia era hereditario. Porque, tal y como era el aspecto del muchacho que más o menos rondaba mi edad, era el típico chico malo con el que me habría querido juntar para salir y lo que surja. Como John, pero sin la mariconada de pintarse los ojos. Miré a Mikhail de reojo. No sabía como se llevaría con sus hermanos, pero a juzgar por su nerviosismo, no muy bien. Aunque ellos parecían pensar lo contrario. El chico de pelo semi punki me miró, como lo haría cualquier borracho, pero sin estarlo; y soltó medio piropo. Y se ve que se quedó con ganas, porque siguió mirándome y me soltó una grosería con la que no supe como reaccionar a parte de elevando las cejas, sorprendida. Normalmente le hubiese pegado una patada en las pelotas, pero es que no estaba borracho… vaya, que lo estaba diciendo constantemente. Macarra de cuidado, sin duda alguna, como lo llegué a ser yo una vez. Me preguntó mi nombre, y no supe que comentario ingenioso producir, por lo que callé y esperé a que los nervios de Mikhail reventasen. Lo que no esperaba tampoco es que reventasen de aquella manera tan… precipitada
-¡¿Qué?!- pregunté con cara casi de asco al oírle decir que viviría con él, en aquella habitación libre que vi anteriormente. Se puso en pie, deseoso de irse –Si, será mejor que nos vayamos. Tenemos que hablar- dije, obviando las miradas obscenas que Nathan me estaba lanzando. Intenté relajarme, porque no podía ser normal lo que Mik me había ofrecido, estaba nervioso, y me había llamado ‘’pajarito’’. Puse el dinero del desayuno sobre la mesa, y sin querer despedirme, seguí a Mik hacia la puerta. Sólo que tuve que parar, porque el hermano gamberro había vuelto a abrir la boca. Me acerqué a él, sonriente y juguetona –Cuando me veas otra vez…protégete bien las pelotas antes de que intente inutilizártelas- le susurré despacio al oído de forma sensual, para apagar el cigarro en su pantalón, en la entrepierna.

Me metí en el coche y conduje hasta la casa de Mikhail. Pero no salí del coche. Me quedé ahí dentro, intentando saber que hacer. No quería vivir con él, ni loca, pero la verdad era que no tenía nada mejor que aquella habitación
–Oye, mira… no se porqué has dicho eso de vivir contigo, pero no esperes que acepte. Quiero vivir sola, con intimidad, tranquila, en otra casa. Además, esa habitación deberías utilizarla tú. No es sano que duermas en el sofá- aclaré haciendo gestos con las manos.

Guardé silencio ¿Pero a donde cojones pensaba ir si no?
– Bueno… me quedaré una noche. Necesito pensar donde voy a ir… y saber si tus hermanos te hacen muchas visitas como estas antes de decidir nada-
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