Sipnosis
Memento Mori
Tras el festival

Fue un mes de locura, el que transcurrió luego del Festival de Invierno, luego de los cepelios de las víctimas, el poder quedó en las manos del Gobernador, Everett Goodweatherm tendría el control total sobre la ciudad, pero Azuka había logrado parte de su objetivo: Los rumores de que el gobierno de Washington ya no estaba tan convencido de compartir el poder con los vampiros; la situación se estaba saliendo de manos, y los cainitas y garras rojas parecían estar ganando la partida. Pero ninguno de los artífices de la destrucción, pensaron que los berkeser se volverían un problema para todos, porque los vampiros que no fueron asesinado por ellos, se transformaron en berkeser, que se han transformado en una manada que deambula por las alcantarillas atacando a quien se les enfrente o quien esté en su menú del día.

Humanos y Vampiros ya no tenían una alianza tan sólida como antes, y las desconfianzas estaban surgiendo.

Mientras que en medio quedaban los licanos, o por lo menos, parte de ellos, Fenrir y Fianna, pero quien padeció la peor parte fueron los Fenrir que en el atentado perdieron a su líder, del que jamás encontraron el cuerpo. Quedaría en manos del nuevo líder de los Fenrir y de Gissiel Earhart, determinar el destino de su clan y tradiciones, pero entre los licanos, se sabía la atrocidad cometida por las Garras Rojas, comandados por Arthur Redclaw, que se habían vuelto muy fuertes.

Por su parte, los rebeldes, el pequeño grupo de disidentes ya no parecían estar tan solos en su lucha, el gobierno de Washington los contactaría extra oficialmente para conseguir sus fines: controlar la ciudad, de una o de otra manera. Etienne LeBlanc, tendría que decidir..

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La Noche de la Revelación

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La Noche de la Revelación

Mensaje por Invitado el Mar Mar 26, 2013 4:13 am

16 de Septiembre de 2014
Casa de Mikhail


Había transcurrido una semana desde que mi vida se empezó a complicar, desde que conocí a Mikhail, desde que descubrimos el almacén de cadáveres en la centralita, desde que John juró asesinarme, desde que perdí mi casa y desde que me vi obligada a vivir en la de mi nuevo ‘’conocido’’, por así decirlo. Por suerte, durante la semana no me había vuelto a ver metida en líos, más que en el de intentar convivir con alguien por primera vez. Mik no estaba mal, en el sentido de que no parecía mala persona y no era nadie repugnante con quien compartir piso. Si, lo sé. No debería ser yo la que hablase así puesto que yo era la invitada y casi de gratis, pero así es mi forma de ser y así son mis gustos.

Decidir vivir con él no es que hubiese sido algo sencillo, una iluminación. Es que no me quedaba más remedio. Durante toda la semana, inspeccioné casas abandonadas en las que poder vivir, pero ninguna me convencía, porque aun derruidas, conversaban algunos muebles, ropas, objetos, de sus antiguos habitantes quizás difuntos; por lo que era algo bastante desagradable. Además, mis padres habían vuelto a llamar preocupándose por mí. De veras que empecé la conversación de buenas, pero odio que en medio de la charla se pongan a llorar que su hija no les quiere, que desearían que volviese con ellos y más cosas por el estilo. Ese comportamiento me irrita, no puedo convivir con él, así que por supuesto el volver a mi casa estaba más que descartado. Por todo eso, no me quedó más remedio que aceptar la habitación vacía que Mik me ofrecía. Tampoco estaba tan mal, era pequeña, recogida, pero habitable. Y el joven me había permitido decorarla a mi gusto, lo que era un lujo. No habíamos hablado aun de ningún precio, por eso, si no era una estafa, estaba viviendo casi de gratis.

Digo casi de gratis, porque evidentemente y me sentía más aliviada y menos endeudada por ello, las cosas necesarias las comprábamos entre los dos. Podía decirse, que cada uno lo suyo, pero que al menos la comida quedaba compartida. Por eso, esa semana salí varias veces a comprar además de a trabajar cada día para conseguir mis sueldo, el cual acababa de cobrar. Los primeros días me acerqué a una tienda donde poder comprar comida suficiente para toda la semana. Evidentemente no comparaba por gustos, sino cosas necesarias, que había pocas. Ese mismo día me encontré con Nathan, quien no se ofreció en ningún momento a guardarse sus tonterías y sus piropos, pero tengo que decir que me halagaban, porque no estaba borracho y lo diría en serio. Era alguien extraño, porque a pesar de tener un comportamiento repelente, me atraía todo de él. Esa forma gamberra de comportase, esa lengua suelta y por su puesto su físico. Por ello, quedamos en vernos otro día, a saber cuando. Al final de la semana, conseguí hacerme con un par de botes de pintura de color lila claro; no es que el color me enamorase, pero quedaría bien para la habitación. Además, me hice con una mesa de noche bajita y una estanteria. Poco a poco, volvía a tener un hogar decente.

Ese mismo día, bajé a hacer la colada de Mik y mía a una lavandería improvisada que había bajo el piso. Nada más terminar el lavado, metí la ropa húmeda en el cesto y me dispuse a subir al piso. Pero quedé absorta en alguien. Gabriella se hallaba a varios metros alejada de mí, pero los suficientes para verme, pues me observaba con rostro serio y casi helado. No la salude, pues ella tampoco lo hacía. Poco después se marchó. Puse los ojos en blanco y seguí con mi tarea. Nada más abrir la puerta, mí querido Sin Nombre se había acercado a recibirme como si hiciese años que no pasase por la casa
–Eh, colega ¿Cómo estas?- lo cogí en mis brazos y le acaricié su pequeña cabeza. Si, le había cogido mucho cariño – Te daré más mimitos después ¿Vale? Ahora tengo que hacer cosas. A no ser que quieras tender tú la ropa- el gato me miró como si no hubiese dicho nada. Expectante, quizá, a otra caricia –No, claro que no puedes- suspiré y le dejé en el suelo. –Mik, acabo de ver a tu hermana. Estaba en la calle de en frente con una cara muy seria. Aunque no se para que digo esto si su cara parece que es así siempre- esto último lo dije para mi en voz baja. – Al contrario que a tu hermano, no le debo caer muy bien. Pero ¿Qué quieres que te diga? Demasiado tengo contigo, no quiero a nadie más, así que me alegro- dije en tono de broma mientras tendía la ropa en unas varas sobre un calentador. Si, todo era improvisado en esa casa. –Sobre tu hermano… también le vi hace poco. Estuvimos un rato charlando, bueno, él hablaba y yo escuchaba. Quedamos en salir un día de estos.- terminé de tender la ropa y me dirigí a la nevera. Saqué la leche y la vertí sobre un cuenco para dejarlo en el suelo y que el gato se alimentase cuando quisiese. Por supuesto, llegó corriendo y le acaricié -Habrá que ponerte un nombre ¿No, amigo?- el gato elevó su carita esperando más caricias –A mi no me mires. El de las ideas brillantes es él- señalé a Mikhail. Me puse en pie y me dirigí al joven –He pensado que ya que el día de hoy está bastante claro, aprovecharlo para abrir las ventanas de la habitación y empezar a pintarla… Sigo sintiéndome una ocupa aquí ¿De verdad que no quieres ocuparla tú? Por que si no, una cama habrá que buscarte. No vas a dormir siempre en el sofá- dicho esto, me dirigí a mi habitación y cerré la puerta al entrar.

Ya tenía algo más de ropa, porque había ido a comprar algunas. Pero no me hacía gracia ninguna mancharlas de pintura estando nuevas, por lo que me arriesgué a ser echada de la casa. Fui hacia lo que el tenía por armario y saqué su camiseta negra de tirantas, que parecía ya vieja
–Oye, te tomo esta camiseta. No la mancharé, pero si se tintase, te compraré otra ¿Vale? – me dirigí hacia mi habitación y me desnudé. Me puse los pantalones cortos de culote con los que dormía y la camiseta del joven, remangada hasta el pecho, para no mancharla. Abrí la puerta y las ventanas. Saqué el colchón con mantas y sabanas, con dificultad, al igual que los muebles; la maleta y todo lo que pudiese mancharse. Empapelé el suelo con papel de periódico y abrí el bote de pintura para comenzar a personalizar mi pequeño hogar. Poco tardé en darme cuenta de que no llegaba a la parte más alta de la pared, por lo que fui a la cocina y tomé un cubo que usaría para ponerlo del revés y subirme en él –Si me mato con esto, no hay nada para ti en el testamento, sólo el gato- era cierto, no tenía nada. –Pero si quieres que te devuelva, viva, el favor de la habitación: ayúdame y sujétame. – Por como iba vestida, pensé que esa sería la primera vez que el hombre me vería tan ligera de ropa y la primera vez que vería el fénix de mi espalda, por lo que recé porque no se quitase la camiseta tan pronto. Ni que decir tiene que al subir en el cubo me tambaleé a la primera de intentar llegar a pintar lo más alto, y aún con la ayuda, casi caigo un par de veces más sobre el joven.

Terminaba la tarde cuando la habitación quedó pintada entera. Me detuve un segundo a contemplarla. Evidentemente el color no estaba liso, tenía bastantes partes donde se notaba la intensidad de la brocha y en otros menos, pero aquello me encantaba. La amueblé nuevamente y a pesar del trabajo, no sentía nada de sueño, y eso que tres horas después debía presentarme a trabajar. Sobre mi aspecto: daba pena. Estaba manchada de arriba abajo, incluso en sitios comprometidos. Pero no tenía ganas de ducharme tan pronto, por lo que me senté en el sofá y descansé un rato. Casi me estremecí al recordar que llevaba una semana sin pensar en el problema de mi hermano. En aquella casa no tenía como encontrar pistas, y tanto el trabajo como la compañía del joven me distraían.

Me estiré perezosa elevando los brazos. Ganas de ir a trabajar: 0. Y lo peor era, que tras desconectar por una noche y comprobar que no había ocurrido nada malo, sentía ganas de más.
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Re: La Noche de la Revelación

Mensaje por Invitado el Mar Mar 26, 2013 6:10 am

Una semana... 7 días y 6 noches habían transcurrido desde que el ángel había soltado aquella precepitada idea de que Helena fuese a vivir con él a su casa. Era el precio que debía pagar si quería mantenerla a salvo de cualquier peligro, tentación y sobretodo, de Nathanael.
Afortunadamente, los días no eran el infierno que, siendo sincero consigo mismo, esperaba pasar junto a una chica tan difícil como lo era Helena. No obstante, se mantuvo la convivencia y la cordura entre esas paredes maltrechas. La chica tuvo la oportunidad de ir comprándose ropa nueva, así como de ir preparándose la habitación lentamente. Inexorablemente, la morada temporal de Mikhail se estaba convirtiendo en el hogar de la muchacha ¿Qué iba a hacer si...?

Aquel día en concreto, se encontraba aporreando con un martillo un par de tablas de madera que pretendían ser una estantería. Desde esa semana, observando como ella se dedicaba a montar su espacio, él decidió adecentar un poco el salón para que no pareciera que vivía en una pocilga. Helena insistía en que dormir en el sofá no era bueno, sumándole que era la casa del ángel. Mikhail se agotaba de semejante murga, por lo que empezaba a hacerle caso poco a poco, lo suficiente para que se callara. De igual forma, el sofá era EL sofá y no iba a adquirir una cama nueva para darle tal capricho.

La puerta se abrió y miró a la chica entrar, venía de la lavandería. Afirmó haberse encontrado con Gabriella la cual estaba muy seria, observándola desde la otra calle
-¿Segura que era ella? Gabri no suele ser en absoluto seria, aunque quizá tenga un poco de celos, ya sabes, lo típico entre hermanos de estar muy unidos, llega una chica o un chico, nace el amor y te separas. Pensará que es eso- realmente no mentía, pues suponía que era el amor lo que le preocuparía. Sonrió para sí, negando con la cabeza imaginándolo: imposible. Los golpes de martillo siguieron hasta que habló de "Nathan". Permaneció unos segundos inmóvil mientras decía que habían quedado para verse algún día, para proseguir después. Estaba claro que no iba a permitirlo, con cualquier escusa.

Más tarde, sólo un poco después, la chica pidió permiso para usar una camsieta de Mik, por lo que este asintió. Total, era ropa vieja del cuerpo. Tomó un cubo y se dispuso a pintar el techo de su habitación con unos tintes lilaceos que había comprado recientemente, advirtiendo de que no le vendría mal una mano si no quería que su casa se convirtiese en un oceano. Dejó lo que estaba haciendo y con un suspiro, se dirigió hacia el habitáculo de la chica.
No pudo reprimir un segundo suspiro cuando la vio subida sobre ese tambaleante objeto, además de fijarse en su atractiva figura. Mientras ella pintaba, el arcangel se acercó, la tomó de las caderas a las cuales sus manos se ajustaron perfectamente y mantuvo la mirada fija en la pared de al lado, para evitar mirar su trasero, el cual tenía demasiado cerca para su gusto, excesivamente cerca
-Avísame... cuando termines o no necesites más ayuda- comentó, aunque para su pesar, estuvieron así hasta la caida del sol.

Despreocupada y relajada, la mujer se desperezó en el sofá mientras que Mikhail limpiaba un poco lo que venían siendo los restos de aquella pequeña estantería para luego prepararse un café bien cargado y oscuro, sin leche, pues la estaba bebiendo el gato
-Supongo que no es tan malo vivir con alguien ¿No? No soy un mal compañero de piso, he de admitir. No te molesto, en ocasiones apuesto a que ni siquiera sabes si estoy o no estoy- sonrió, dando un sorbo -Hace mucho frío y has estado todo el día liada con la habitación además de la colada, quédate en casa, se las apañarán bien sin ti en el bar por una noche- le guiñó el ojo -Una fiebre casual de una sóla noche, tu ya me entiendes- se terminó el café y se sentó junto a ella. No tenía televisión ni ordenador, no tenía nada con lo que entretenerse -Por cierto, pajarito, si vuelves a decirme que me compre una cama te pongo de patitas en la calle a ti y a tu gato- se echó a reir, mirándola de arriba abajo; estaba teñida casi por completo. Se permitió el lujo de pasar un dedo por su brazo y manchárselo de más pintura para tiznarle la mejilla -"Estás marcada con la diabólica señal de la inquilina cargante"- pronunció con voz grave, sobreactuando ser un señor feudal de la época medieval -Si estás cansada, deberías ir a dormir, aunque quizá aún huela mucho a pintura- las estrellas ya se veían en el firmamento y una calma fantasmagórica reinaba en las calles. Las almas debían estar haciendo procesión en los rincones -Sí... una noche muy calmada además, dormiremos genial- en sus adentros, pensaba todo lo contrario. No le gustaba lo más mínimo, incluso se hallaba inquieto. Sentía algo a los alrededores y no sabía diferenciar el qué. No eran demonios, tampoco Caidos ni Nathanael en concreto y evidentemente, tampoco eran otros ángeles. Quedaban descartados los humanos, era una maldad latente en corazones frios, a través de la ventana le parecía ver sombras correr por los tejados siniestros, aunque todo parecían alucinaciones. Se despejó la cabeza con una rápida sacudida e intentó obviarlo -Oye, Helena- rompió el silencio y la miró a los ojos -A ver como te lo pregunto... eh... Verás, yo, tú, el otro día...- sintió necesidad de hablar de la noche en la que se emborrachó. De si recordaba algo de lo sucedido en los baños y no lo quería decir además de aclarar lo sucedido a posteriori, pues no quería sorpresas de asaltos nocturnos mutuos, prefería evitar esa tentación, más aún cuando cada vez que la miraba y más de esa guisa, volvía a sentir ese calor seco en su pecho -¿Tú...?- la alarma de un coche se disparó en la calle, haciendo un ruido ensordecedor e interrumpiendo al gris. Éste se levantó y se asomó a la ventana -¿Qué diablos...?- fueron dos y tres coches más los que siguieron la retaila y finalmente el grito de un hombre.

A dicha voz estridente le siguieron un par más y no tardaron en sonar órdenes procedentes de los militares. Comezaron a llenar las calles raudos, velozmente. Las botas resonaban contra el asfalto al unísono con una perfecta coordinación mientras cargaban sus armas
-Algo está pasando, Helena... Será mejor que nos metamos dentro- cerró la ventana y dejó caer la maltrecha persiana, quedando en una oscuridad total hasta que alcanzó el interruptor que tardó un par de intentos en encenderse -Esta instalación está hecha una mierda...- la luz quedó encendida definitivamente, aunque dubitativo, volvió a apagarla -¿Qué es lo más seguro...?- preguntó a la chica -Quizá en esta penumbra piensen que no hay nadie en casa, sea lo que sea eso que buscan en la calle. Pero con la oscuridad y la posible ausencia, puede que vengan a refugiarse...- el dilema le distrajo del sonido de la puerta, a la que llamaron una triada de veces.

Se palpó una tensión enormemente diferente en el ambiente, al contrario de la sexual que reinaba antes en ese hogar al estar ambos algo teñidos de pintura y con ropas algo aireadas a pesar del frio en el exterior. Mikhail se aproximó a la entrada y aferró el picaporte para volver a dar la luz en ese mismo instante, necesitaba hacerle señas a Helena. Le pidió que le acercase la espada que había en la pared y esperó a que se la diera antes de abrir la puerta. Cuan grande fue la sorpresa al encontrarse a ese conocido individuo llamado John al otro lado del umbral
-¡Peek-a-boo gilipollas!- vociferó antes de asestar una rápida puñalada en el muslo al ángel, un lugar estratégico donde además de dificultar la movilidad se perdía sangre muy rápidamente. Entró acompañado de otro individuo calvo con una barba prominente además de un físico imponente debido a su altura y el enorme tamaño de su cuerpo a pesar de estar rollizo.
John fue el primero que tal cual se aproximó a Helena le asestó un poderoso revés en la mejilla para que luego su "amigo" la cogiera de los brazos y la obligase a ponerse en pie
-Y hola a ti también, putilla. Has estado algo escurridiza estos días... ¡Quién me iba a decir que sobrevivirías al incendio! ¡Fascinante!- se reía, mirando de tanto en tanto al arcángel para asegurarse que seguía en el suelo doliéndose de la pierna -Mira esa espada... ¡Menudo caballero andante está hecho éste! Eh, Moriarty ¿Qué te parece si le terminamos de entregar un mensaje?- el enorme tipo se rió y accedió a la insinuación de John. De vuelta junto a Mikhail, propinó una poderosa patada al estómago para rematar con una descarga aun más fuerte sobre la herida de la pierna. Mikhail gritaba de dolor como hacía mucho que no recordaba, como nunca había gritado, nunca lo necesitó. Sus puños se cerraron hasta hacerse sangre en la palma de las manos debido a la impotencia -John... este tío no tiene media hostia ¿Cómo pudo contigo?- el ex novio de Helena, notablemente avergonzado por ese comentario, escupió al suelo -¿Qué más da?- volvió a abofetear a Helena con otro revés -Esta vez de igual forma se la he jugado yo. La imbécil esta no apretó el gatillo cuando tuvo la oportunidad- la tomó de la barbilla y la besó en los labios forzosamente, aunque con cuidado por si le mordía -Creeme tesoro, te lo agradezco más de lo que crees. Por haber sido tan benévola, no te voy a matar... aquí, ahora mismo. Te vienes con nosotros- silbó a su compañero para que la tomase de nuevo, pues obviamente tenía mucha más fuerza que John y la impediría escapar.

Moriarty salía por la puerta con Helena casi en volandas mientras que John se agachaba junto a Mikhail
-¿Sabes...?- resopló -Lo siento mucho, tío. De verdad, no es nada personal. Bueno, quizá un poco- ladeó la cabeza recordando aquel momento en el que lo tumbó al suelo fácilmente -Podrías seguir tu vida, colega. Debiste haberme dejado a solas con esa zorra, tú ni tienes ni idea de cómo ha sido lo nuestro- volvió a pincharle nuevamente, pero en la otra pierna. Esta vez lo hizo muy lentamente, casi se oía claramente la carne restallar al abrirse paso el acero de la navaja. Mikhail gritaba y nadie acudiría en su ayuda, pues en la calle había muchísimo ruido entre otros gritos, órdenes, sirenas y motores -Estás en medio de una guerra personal entre ella y yo. Me dejó, tío... y yo la amaba, aunque no se lo creyera. Es una puta fiera en la cama, una leona... Ah... como la echo de menos- miró al techo, nostálgico -Por esa razón no voy a matarte, porque sé lo que es el amor, entiendo lo que es amar a alguien y claro... ¿Qué ibas a saber tú? Pero tú sí me vas a comprender...- se guardó la navaja y con los dedos pulgares de las manos, apretó y casi los introdujo en sendas heridas sangrantes -Nos la llevamos... si la quieres volver a ver, cuando andes, pásate por la Casa de de los Inversos- así es como llamaban al sótano donde tenían esos cadáveres del revés -Allí estará, haciendo compañía a sus padres, de los que nos hemos encargado hace poquito. Les hará una visita antes de... "reconciliarse" conmigo, aunque quizá Mori también quiera una presentación más íntima y formal... ya sabes lo buena que está- Mikhail se estaba poniendo enfermo, pero el dolor constante de la presión de los dedos de John casi le hacía incapaz hablar debido a los quejidos que manaban de sus labios. Sus ojos vidriosos y su rostro congestionado por la rabia y la desesperación no se separaban de los de su captor -Quizá me hubieses caido hasta bien, tienes unos ojos fieros... Te voy a contar otro secreto antes de irme- sonrió y se aproximó a su oido -"Ellos" han entrado... tenían mucha hambre y les dejamos entrar a cambio de su favor. Ahora mismo están entre las sombras, masacrando personas... Ese es el motivo del jaleo de ahí fuera, los buscan, pero no los verán... Consideraré a Helena una afortunada porque quizá también quieran beber sangre de su precioso cuello antes de morir, le ahorrarán sufrimiento, la verdad- John se levantó y dejó a Mikhail con su miseria, pero no se fue sin antes darle otra patada en plena herida -Espero que hayas aprendido, héroe. Si te vuelvo a ver y no bajas la mirada al suelo como si estuvieras ante un rey, sufrirás el doble que ahora- se marchó y cerró de un portazo.

Mikhail permaneció durante unos minutos eternos en el suelo, tocándose las heridas constantemente. Las sanaba tan rápido como podía, pero hasta ese instante no se había dado cuenta de cuan limitado estaba el cuerpo de un ser humano. Tardaba demasiado y cada minuto era un minuto que podían estar haciéndole cualquier cosa a Helena. El gatito apareció de una esquina, asustado, mirando a Mikhail sin comprender. Permaneció allí hasta que salió corriendo de nuevo con los pelos erizados, alertado. El arcángel dirigió su mirada hacia el sofá y allí estaba él, otra vez, su hermano descarriado
-Michael, Michael...- se levantó hasta sentarse junto a Mik, con paso vago -¿Qué diría Gabriel? ¿Y Rafael? Oh... ¡Leliel! ¡O el mismísimo Dios!- se carcajeó -Sufres, hermano, sufres... Sufres por no perder el equilibrio, la balanza...- imitó una balanza con las manos, subiendo y bajándolas constantemente -...no se decanta por ningún lado. Eso no es bueno, Michael ¡Eso-no-es-bueno!- aporreó el suelo con un puño, furibundo -Mírate, doliéndote por la herida de un arma humana ¡Ni siquiera tiene azufre, maldito gilipollas! Si me hubieses hecho caso...- se levantó indignado y echó a andar de un lado a otro, exasperado -Esa pivita, Mich, esa mujer, ese "pajarito" está llevándote a esto. Has visto la bondad en ella, lo sé, yo también puedo sentir aún la luz en el corazón de la gente. Ella puede llegar a iluminar almas, puede llevarlas al buen camino, puede hacerlas creer en la esperanza de que se alcanzará la paz y que la concordia reine sobre la discordia. Sé que puedes hacerla ver el mundo así y eso hará que ella haga a otros verlo así... ¿Pero sabes qué? No, no será así ¡No será así porque no quieres escuchar! ¡¿CREES QUE LO SABES TODO MALDITO HIJO DE PUTA?!- Mikhail permanecía en silencio, sin siquiera mirar a Nathanael -Tú crees que sientes a veces la oscuridad y la corrupción en ti. Tú crees saberlo, tú lo piensas, pero yo... ¡YO SOY EL QUE LO HA VIVIDO! Ajeno a los "niños" que se creían grandes, cercanos a la grandeza de Dios. Esos simplemente son ahora demonios menores, no soportaron el Infierno... ¡YO SOY COMO LUCIFER!- se hizo un enorme silencio tras aquella sentencia -Lucifer...- el arcángel se echó a reir con esa comparación -No seas ridículo, él está por encima de todos, al nivel del Padre Creador ¿Crees si no que seguiría vivo?- se atrevió a decir, entrecortado. Las heridas ya sanaban, por fin, lentamente.

Ambos ángeles, uno de alas grises y otras con las suyas completamente negras, cuasi desplumadas, se miraban el uno al otro
-Sigues dándome la misma pena que siempre, Michael. Eres uno de los más grandes, de los primeros. Llevas al servicio de Dios toda una eternidad y aquí sigues. Ahora estás en el suelo por él y sus deseos, intentas proteger a esa chica sólo porque crees que es lo correcto ¿Qué diría Gabriel, sin embargo? Ella ve en Helena una sombra, siente esa luz, pero también ve la noche en su corazón. Esa chica y tú sois iguales, ambos estais en el sendero neutral de la balanza... y creeme que esta noche, se decantará por mi lado, hermano. Van a hacerle daño, ultrajarla, violarla, maltratarla. La torturarán psicológica y físicamente hasta desfallecer y luego esos chupasangres la van a secar como si fuera una bebida ¡COMO UN PUTO BOTELLÍN DE BIRRA!- Mikhail mantenía la cabeza gacha, escuchando -¿Y dónde está, eh? ¿Dónde está Gabriel? ¿Y Uriel? ¿Dónde está Iaj-hel, Sachiel, Gahiel y los demás? Salvando almas que consideren más puras que Helena, niños quizá... "El futuro del mundo" dirán, pero sabes bien que están dando la espalda a MIL personas que les necesitan más que un niño mimado por sus padres, que tienen el dinero suficiente para tener comodidades en este PUTO CAOS de mundo que ha nacido desde la guerra- Mikhail se levantó -La caridad, la paz... todo eso, la luz, está comprada, Michael. Todo está a favor de los que no han visto la maldad, niños ricos y gente alejada de estas calles... pero el mundo no es un centro, es la periferia. Por cada persona acomodada, lejos de la barbarie de las calles, hay miles que se matan por comer un pedazo de pan. Por cada delicatesen servida en un plato tan blanco como las alas de los que siguen en el Cielo, miles se arrastran por el suelo para coger ese trocito de carne que cayó de la basura- el arcángel tomó la espada del suelo, manchada de su propia sangre y echó a caminar hacia el sofá. Nathanael seguía con su monólogo, intrigado de por qué Mikhail actuaba con tanta indiferencia a esas realidades que le hicieron caer a él mismo -¿Por qué no bajaron ellos, Michael? ¿Por qué siguen ahí arriba? Dios Padre siempre ha alardeado de lo justo que es, lo buenos que somos sus hijos y su Creación humana y lo malos que son los demonios... pero Lucifer, Satán, Belcebú y los grandes de "abajo" han oido más plegarias que el mismísimo Dios ¡Son más humanistas que su propio creador, maldita sea!- abrió los brazos, como una cruz -A cambio de sus almas, hermano, sí ¿Pero cuando un humano muere por cáncer, no se lleva Dios su alma igualmente, aunque sea un niño enfermo? La madre rezará para que lo salve y él la ignorará, porque así son sus deseos y el camino que él escribe. Cansada y desesperada, llamará al antiguo Luzbel, ahora el Señor de los siete Infiernos y le venderá su alma, pero su pequeño volverá a reir. Los médicos se llevarán el reconocimiento por aprender una alquimia que un DEMONIO les enseñó a cambio de otra alma y así, salvan vidas, Michael...- Mikhail se volvió hacia Nathan -Me llamo Mikhail- sus ojos esmeralda estaban rodeados por una fina linea de fulgor rojizo, casi abellana. Nathanael reconoció esos ojos, eran los ojos de una balanza que se inclinaba. Sonrió complacido -Muy bien, de acuerdo... ¿Dónde vas, por cierto?- Mikhail se puso su chaleco negro y se cerró la cremallera para colocarse acto seguido una capucha -Voy a salvar a Helena- envainó la espada y se la colgó del cinturón del pantalón -Volveré enseguida. Cuando regrese, no quiero verte aquí- sentenció con frialdad antes de abrir la ventana y lanzarse por ella. Nathanael se apresuró para verle marchar, pero nada quedaba de él.

Una pluma ondeaba en el aire cuando el Caido la tomó al vuelo, apresándola con la mano. Al abrirla, observó una pluma negra. Estalló en carcajadas siniestras, convencido de que había logrado su objetivo con una oportunidad de oro que se le brindó sola. El arcángel Miguel había caido
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Re: La Noche de la Revelación

Mensaje por Invitado el Miér Mar 27, 2013 4:16 am

Quedé en aquella posición tan cómoda en el sofá, observando aquella estantería improvisada que Mik intentaba hacer. Todo a bases de tablas de madera y mano de obra, claro. –No esta quedando nada mal- aclaré mirando al chico. Con esto me refería a que vivíamos bien y cada uno aportando lo suyo, aunque me diese la sensación de que de no ser porque ahora vivía con él, no estaría adecentando la casa. El chico se sirvió un café y alardeó de ser buen compañero de piso. Le miré ladeando el rostro –Y por no saber si estas o no, me pongo nerviosa, ya sabes, por el tema de la intimidad- prenuncié esa última palabra como si el joven no la conociera, pero en tono de broma. Tampoco le reprochaba nada, era su casa. Cuando se terminaba el café, sugirió que no fuese a trabajar por el frío y el cansancio –Ya has visto como es Hershel. Es un alcohólico que no sabe en que día vive. Nunca está cuanto yo trabajo, por eso jamás se daría cuenta de una falta mía y seguiría cobrando igual. Aun así, no se… no me parece que no debería faltar cuando me apeteciese. Un día me pillaría… y ese tío de malas da miedo- dije, para después reírme. Después de haberle engañado y haberle sacado cien pavos de gratis, era difícil imaginarlo.

Mik se sentó a mi lado, y me advirtió de que si volvía a pedirle que no durmiera en el sofá, me mandaría a la calle
– Oye, que lo digo por ti- dije entrecerrando los ojos – No te insistiré más si dejas eso de ‘’pajarito’’. Suena a apodo de novia adolescente- comenté poniendo una mueca de asco. El moreno pasó un dedo por mi brazo manchado, para tiznarme la mejilla inesperadamente de forma juguetona. Puse cara de sorpresa, abriendo los ojos y la boca, para después darle un codazo un poco fuerte en el estómago y restregar mis manos teñidas por toda su cara, dejándole manchas en diversas partes de su rostro. Quise decir una frase en voz imponente como la suya, pero no se me ocurrió ninguna y me eché a reír. Aquello después me produjo cierta incomodidad, no era bueno comportase así con el hombre. Mi pequeño gato se acercó, quizás engatusado por aquella escena, para subirse a mi regazo como acostumbraba a hacer – ¡Tú eres un mimado!- lo abracé casi espachurrándole, llenándole también de pintura. Me recosté un poco y seguí acariciando al minino, hasta que de nuevo Mik distrajo mi atención. Me senté de forma correcta y dejé a Sin Nombre en el suelo -¿Qué?- el hombre pareció ponerse nervioso, no le salían del todo bien las palabras, y lo que apenas dijo me dio una mala sensación. Puse mala cara sin quererlo y tragué saliva. De repente, la alarma de un coche resonó en la calle y el joven se levantó a observar – No será nada. Un capullo que quiere robar- callé deprisa, al oír el grito de un hombre.

-Mik ¡Apártate! ¡Quítate de la ventana!- le grité en susurros a la vez que me ponía en pie sin saber que hacer al acompañarse el sonido de otros gritos al momento. El joven se retiró, cerró la ventana y nos quedamos a oscuras; pero encendió el interruptor -¡Apaga la luz! ¡Si son… ellos, es mejor que piensen que no hay nadie!- volví a gritar en voz baja. Me coloqué junto a él en una zona oscura de la casa, esperando a que los ruidos desapareciesen. Aunque por desgracia, los siguientes sonaron más cerca de lo que deseábamos: en la puerta. Llamaban de forma incesante y sentí como el corazón casi se me salía del pecho con el susto. El joven se acercó a la puerta, pero tiré con violencia de sus ropajes para evitar que abriese. -¡No!- me pidió que le acercase la espada, y aunque obedecí, seguí insistiéndole que no lo hiciera. -¡Mikhail, no!- tarde. John había entrado por la puerta. Apuñaló el muslo del joven y me horroricé a más no poder. Se estaba desangrando, nos iba a matar. Quise salir corriendo por la casa, para encerrarme en alguna parte, pero John me alcanzó, me hizo mirarle y me propinó una bofetada en la cara de tal violencia, que hubiese caído al suelo de no ser porque su enrome acompañante me obligaba a ponerme en pie. -¡¿Qué quieres?! ¡Te perdoné la vida maldito hijo de puta!- me dolía a rabiar la cara, pero todo le daba igual a aquel hombre. Volvieron a golpear a Mik de forma descomunal, los gritos del joven me desesperaban de forma que a penas podía gritar para que le dejasen. Nunca me había compadecido de nadie, pero si Mikhail estaba sufriendo, era por mi total y entera culpa. Quizás por intentarlo entre gritos, John volvió a abofetearme y esta vez sentí que la cara se me derrumbaba de dolor. Me besó de forma forzosa, de forma que no pude escapar de sus labios pero tampoco pude morderlos. El enorme compañero de John se acercó a mí y me tomó de los brazos para hacerme salir de la casa -¡No! ¡No! ¡Mikhail!- grité, oponiendo todas mis fuerzas contra aquel gigante. Intenté pegarle, hacerle daño, incluso morderle el brazo a aquel tipo, pero solo conseguí que para que ándase más deprisa, me cogiese en brazos y no me dejase andar por mi sola. Lo único que me quedaba era gritar para que los militares me oyesen. Pero nada más empezar, el hombre me asestó un fuertísimo golpe en la nuca y perdí el conocimiento.

Una luz, que aunque tenue, me hizo fruncir el ceño mareada, hizo que abriese los ojos despacio. Apenas podía pensar y recordar que había pasado. Sentía un fuerte dolor en la cara, al igual que en la nuca. Quise llevarme una mano a dicho lugar, para acariciarlo, pero no pude. Mis brazos respondían pero estaban sujetas las una con la otra. Mis piernas estaban sujetas a unos palos y… estaba atada en una especie de taburete. Y lo peor de todo, al mirar de un lado para otro, reconocí el lugar. Estaba en aquel almacén de cadáveres. Olía fatal y el mareo no acompañaba nada
. -¿Familiar el lugar, tesoro?- oí la voz de John detrás de mi, quien poco tardó en posicionarse frente a mi. Quise gritar, decir algo, pero tenía una gruesa tela metida en la boca y que me rodeaba toda la cara que apenas me dejaba emitir ruido alguno –Mírate… tan desprotegida, tan sola…- reía de forma que ponía enfermo a cualquiera. –No estarías así si no me hubieses desobedecido. En ningún momento hubiese tenido que torturarte si me hubieses complacido- empezó a caminar despacio, a mi alrededor. –Por tu culpa, no solo tú has pagado, sino que tu amiguito el héroe también. Seguro que se encontrará ahora mismo más en el otro lado que en este- posó sus manos sobre mis hombros desde mi espalda, aforrándolos, y se acercó a mi oído –Alégrate, no se encontrará solo. Mientras tu llegas, tendrá alguien con quien charlar- me tiró del pelo con violencia hacia atrás, haciéndome mirar a los cadáveres desollados. Además, me tomó del mentón para evitarme hacer ningún movimiento -¿Los reconoces a ellos, amor?- me hizo mirar a dos cadáveres en concreto, los cuales no reconocí pero me temí quienes eran. Se me enlagrimaron los ojos y me tambaleé de un lado para otro intentando soltarme. Sentí como me daba un golpe en la espalda, pero entendí que su mano debía tener un cuchillo o algo parecido porque sentí dolor, escozor, y algo húmedo recorriendo mi espalda. De alguna forma me había hecho un corte y empezaba a doler demasiado. Deseé que no siguiese hablando, que no lo dijese, pero fue imposible. – Te has portado muy mal con ellos…- empecé a llorar, de rabia y de impotencia –No te imaginas la cara de felicidad que pusieron al verme. Pensaban que te traía de vuelta con ellos, preguntaban por ti con los ojos en lágrimas- volví a tambalearme y a intentar gritar, dándome igual el dolor. El hombre volvió a hacerme cortes, esta vez en los brazos y hombros, igual de dolorosos –Si sigues moviéndote te juro que te rajo entera por todas partes, y cada corte será más lento y profundo- amenazó, para posicionarse nuevamente detrás mía y ponerme el arma afilada en el cuello. –Como te iba diciendo… te echaban de menos, estaban deseando volver a verte. Claro que, en cuanto supieron mis intenciones, me suplicaron que no te hiciese nada. Sólo supieron gritar tu nombre entre sollozos suplicantes, no sabes cuanto te querían, mi amor- oí risas a mi alrededor, pero a penas podía girarme a mirar cuantos eran. -¿Qué dices? ¿Qué es mi culpa? No, Helena, no. No es mi culpa. Es tu culpa. Si me hubieses matado… tus queridos padres estarían vivos, al igual que ese novio tuyo- volvió a colocarse frente a mi y me observó de arriba abajo –Y por lo que veo por poco os corto en plena faena. Vaya pintas… ¿Es así como lo provocas? ¿Con esa ropa? ¿Y esa mancha en la cara? ¿Estabas jugueteando como dos adolescentes?- perfiló la mancha con el cuchillo, y por supuesto, me abrió otra herida en plena mejilla, que poco tardó en sangrar. –No te imaginas lo celoso que estoy. Eres mía, amor- me lanzó una mirada asquerosa he hizo un gesto con la cara para que todos los presentes se marchasen. Vi como varios hombres se adentraban en la habitación de en frente. Uno de ellos me miró, con unos ojos azules tremendamente familiares, pero… estaba tan mareada, tan impotente, con la mirada tan turbia y tan llena de dolor, que no pude reconocerle.

-No Moriarty, tú quédate. Te la prestaré en cuanto termine con ella si me ayudas- aquel gigante se colocó a mis espaldas y puso sus cuchillos en mi cuello y espalda, lugares en los que si me movía, me cortaría yo sola. John se despojó de su ropa superior y se desabrochó el cinturón del pantalón. –¿Sabes que? En realidad espero que te hallas tirado mucho al capullo ese, vamos a ver cuando has aprendido- con su arma, rajó la camiseta que llevaba , dejándome sólo en sujetador y con ese pequeño pantalón –No sabes cuanto tiempo llevo echando de menos esto- Sentí como las manos del grandullón pasaban de agarrarme a acariciarme los hombros. John se abalanzó hacia mí y me besó y lamió el cuello con fiereza. Pronto tardaron sus manos en apoderarse de mi cuerpo a su gusto, destrozando el sujetador y quedándome a merced de los hombres. Me besó por todas partes donde quiso, me mordió, saboreó mis pechos, me tocó en zonas demasiado intimas y comenzó a rozarse contra mi cuerpo. El grandullón también intentada formar parte de aquello cuando John parecía no darse cuenta, aunque fuese de forma fugaz. Empezaba a quitarme el pantalón cuando perdí todas mis fuerzas Lloraba desconsolada, pero ya no tenía nada que hacer.

Debí haberle matado cuando pude.
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Re: La Noche de la Revelación

Mensaje por Invitado el Miér Mar 27, 2013 6:09 am

Sus pasos resonaron, poderosos, entre una multitud enardecida en las calles. Las aceras y carreteras nocturnas estaban constantemente iluminadas por las cambiantes luces rojas y azules de las sirenas de los vehículos de las autoridades, antaño de policías, ahora del ejército. Mikhail caminaba tras descender de su hogar, aún con las palabras de Nathanael taladrándole la mente. Continuamente oía su voz aunque estuviese lejos de él, subiendo al coche de Helena aunque no tuviese las llaves. No necesitó más que un golpe en la guantera, sacar un par de cables y hacer una conexión entre ellos para que el trasto arrancase. Ya se disculparía cuando fuera necesario, pero en su mente solo pensaba en ella, John y las palabras de Nathanael.

Pisó el acelerador y partió prístino en busca de la chica, a pesar de que varios soldados intentaron detenerle y le advertían a gritos que era peligroso deambular por las calles, que debía regresar, pero hacía caso omiso. Solo le acompañaba su instinto, su desesperación y el ruido constante del motor. Así recorrió unos kilómetros hasta aproximarse cada vez más a esa periferia del muro, donde tendrían a Helena. Aún podía tener suerte, no hacía mucho que se habían marchado con ella y podría llevársela sin que le tocaran un solo pelo, o eso pensaba. Transcurría el tiempo tan absorto en sus ideas, en su silencio, que tardó en reconocer la figura blanquecina de Gabriel en la carretera frente a él, que apareció al unísono de un relámpago que cruzó el cielo.

Mikhail bajó del coche, enfurecido, con su espada colgada del cinto. Lentamente comenzó a llover mientras éste caminaba, desde donde había parado para no atropellar a su hermana celestial, podía ver esa casa, frente al generador eléctrico
-¿No vas a decirme nada?- preguntó ella, con un notable deje de preocupación -Michael, yo...- posó su nívea mano sobre el hombro del arcángel cuando él pasó por su lado. Mikhail se percató del gesto y correspondió con un fuerte empujón con el brazo derecho que hizo tambalear a Gabriel -¿...Michael?-¡Deja de llamarme así, malditos seáis todos!- vociferó -¿Qué haces aquí? ¿Dónde estabas cuando me hacías falta hace unos momentos? ¿Por qué me detienes en lugar de salvarla? ¿¡POR QUÉ?!- el silencio se desquebrajaba como un fino cristal solo por las gotas de lluvia que impactaban contra el suelo y el capó de la ranchera que Mikhail había tomado "prestado" de Helena -¿Qué...?- Mikhail no la dejó hablar y siguió caminando -Voy a salvar a esa mujer, por mucho que puedas odiarla, por mucho que todos los "blancos" la odieis. Nathanael tiene razón- rauda como una centella, Gabriel adelantó a Mikhail y se paró frente a él nuevamente tras oir aquello -¿Nathanael? Michael, te está confundiendo, es un Caido, sus alas se pudren- la mujer abrazó al arcángel -Por favor, Primero de los Siete, eres mi hermano mayor, Arcángel como yo, de los principales hijos de Dios...- Mikhail la apartó, una vez más. Fue esa vez cuando Gabriel se percató de sus ojos, cuyo color esmeralda luchaban por resistir a un color rojizo que se mezclaban en un tono abellana. Igualmente, sus alas grises, tenían algunas plumas más oscuras, algunas incluso negras como las de un cuervo -Michael... esto está mal...- se llevó la mano a la boca, descorazonada. Estaba asistiendo a la caida del Primer Arcángel, el más importante desde la caida de Luzbel, que dio paso a la generación de Demonios -¿Qué está bien, entonces? ¿Dejarla morir? ¡Deja de entrometerte en mi camino!- se volvió a hacer al camino, dejando atrás a Gabriel. Desconsolada, ésta no sabía qué más hacer. Miró al cielo e imploró en silencio a su Padre Creador, que si los estaba viendo o la podía oir, que hiciera entrar en razón a Mikhail. Ella, desde el principio, supo que Helena iba a ser su perdición, tanto como Nathanael.

En el oscuro rincón donde se hallaba la puerta, débilmente iluminada por un par de lámparas mojadas por la lluvia y un individuo custodiándola de forma disimulada, Mikhail se decidió a abrirse paso. Próximo y con la mano en la empuñadura de la espada, se tuvo que detener y esconderse en la esquina, pues otros tantos salieron de la casa
-¿Va todo bien por ahí?- preguntó uno de ellos -Sí... John nos ha pedido que salgamos, quiere estar a solas con la chica. Bueno, Moriarty se ha quedado. Ya sabes, las tías tienen dos agujeros- se echaron a reir y el arcángel tuvo que morderse la lengua para no acabar con ellos. La imagen de Gabriel, llorosa, alicaida, estaba jugando junto a las palabras de Nathanael en su mente. Si los mataba a todos, si los masacraba... su alma se perdería para siempre en los mares candentes de Lucifer. Si no lo hacía, si mostraba misericordia y los dejaba vivir, Helena moriría sufriendo una de las peores humillaciones que puede pasar una mujer. Cerró los ojos y meditó unos segundos que parecieron eternos "¿Dónde está Gabriel? ¿Y Uriel? ... Salvando almas que consideran más puras que Helena ..." frunció el ceño, oyendo esas palabras como si se las susurrara al oido -¿Quienes son para decidir qué almas es más pura...?- desenvainó lentamente su arma "Michael... esto está mal..." había tomado una decisión en ese preciso instante.

Cuanto llovía en ese preciso instante... tanto, que nadie oyó absolutamente nada. Era tan torrencial y arreciaba contra el muro y los tejados de las casas, así como en el asfalto, que cada cuerpo que cayó al suelo quedó amortiguado por una fina capa de agua de lluvia, tibia, como sólo el otoño sabe. No hubo quejidos tampoco, ni un susurro, ni siquiera el sonido de un golpe. Cayeron limpiamente y tranquilos, despertarían nuevamente, sin rasguños, sin saber qué había ocurrido. Su cuerpo estaba limitado, pero su velocidad aún era muy superior a la reacción humana y sus cuellos estaban muy desprotegidos. Le sobró muchísimo tiempo antes de dejarlos K.O con suma destreza, antes de que su figura se filtrase por el umbral de la puerta.

Ya desde el vestíbulo oía los llantos de Helena. Se sentía arder a sí mismo. Caminaba despacio, acelerando el paso cada vez. Abrió la puerta y allí los vio. John sobre la chica semi desnuda y su grasiento y asqueroso compañero manoseándola donde su ex novio dejaba una parte sin tocar. Mikhail estaba siendo consciente de lo que sucedía pero sus ojos veían otra realidad; él veía la más bella de los ángeles del cielo, con su piel hermosa, fina y perfecta, su cuerpo perfilado y moldeado por las mismas manos de Dios, sucumbir ante el pecado carnal de los dos peores demonios que jamás le pareció encontrar.
Al terminar de bajar las escaleras, John y Moriarty se percataron de su presencia. El primero estaba boquiabierto, así como desnudo y excitado, aunque éste último estado decayó fráncamente deprisa al ver a Mikhail en pie. Moriarty también quedó extrañado, aunque en menor medida
-No es posible... ¿Cómo te mantienes en pie? ¡Deberías estar muriendo en tu asquerosa casa!- gritó subiéndose los pantalones, al menos, para tener un tanto más de autoridad -Así que eres luchador ¿Eh, héroe? ¿Vas a luchar por ella?- se relamió sus labios -¿Vas a hacernos algo, tú solo? ¡Oh, que el caballero andante tiene una espada!- tomó la barbilla de Helena y la obligó a mirar al arcángel -¡Mira, tiene un arma y nos va a matar cual dragones! ¿Y tu montura? ¿Dónde está Silver, tu preciado caballo? ¿O tu escudero?- se mofaba sin cesar, pero en sus palabras se percibía el miedo y la frustración. John no comprendía absolutamente nada -Alegremonos, montemos en júbilo. Tu novio, Helena, ha venido a ver como te follan otros mientras él se desangra colgadito boca abajo, con tus padres- se sonrió al contemplar esa idea, de modo que asintió a Moriarty para que cumpliera dicha órden -"No temas" dijo el ángel...- murmuró Mikhail, mientras veía venir a Moriarty. El tiempo le pareció ralentizarse, como si fuese a cámara lenta. No sabía por qué. Respiró hondo y soltó el aire con una bocanada -..."pues soy yo la luz que te protegerá de los demonios"- Moriarty estaba a punto de alcanzarlo con su mano, cuando Mikhail parecía desaparecer. En pocos momentos estaba tras el enorme guardaespaldas de John, que no se enteraba de qué diablos estaba pasando -"Yo soy la última esperanza..."- pronunciaba mientras desenvainaba su espada a la vez. La expresión de John empezó a deformarse en una mueca de terror desmesurada, llegando a separarse de Helena como si ella quemara -"Soy el guía del sendero..."- Moriarty se lanzó de nuevo al ataque errando de nuevo, pues el arcángel se hallaba nuevamente tras él. Certero y con un golpe casi imperceptible, había cercenado el tendón del talón de aquel hombre, que cayó de bruces al suelo, gimoteando de dolor. Mikhail avanzó hacia John -Oye... oye, colega... Te-te aseguro que ella nos lo estaba pidiendo ¿Vale? Verás, ella, ella es... ella en realidad...- paso a paso, calmado, sin dejar de mirar a los ojos de su presa, de ese demonio que veía en su interior -De verdad, por favor, juro que esta vez no os fallaré- dejó de retroceder una vez alcanzó la sucia pared de madera húmeda y astillada. Las lágrimas brotaban de sus ojos en mayor cantidad que las de Helena -Por favor... ¡Por favor!- Mikhail se detuvo frente a él -"Soy el ángel redentor..."- en su mente resonaron unas últimas palabras, dos voces conocidas "Ella será......tu perdición" en ese preciso momento, el cadaver de John caía hacia delante, apoyándose en Mikhail, con sus ojos muertos fijos en Helena. Reflejaban tristeza y arrepentimiento -Ella es... mi salvación...- susurró entre dientes antes de extraer el filo de la espada del estómago de John, que se derrumbó finalmente en el suelo.

El arcángel regresó con la chica, la desató muy despacio y sin mediar palabra. Acarició con suavidad pero sin llegar a parecer insinuaciones en cada herida de su cuerpo. Cada corte comenzó a sanar y no tardarían en cerrarse. También acarició sus mejillas y sus labios
-Todo ha acabado, de una vez y para siempre- se quitó la chaqueta y la arropó con ella, cerrándosela alrededor del cuerpo y no mirándola directamente para que no se sintiera incómoda -Vamos, tu coche está fuera- Mikhail estaba imponente al igual que radiante. Helena no podría distinguir el cambio en sus ojos, pero sí en su personalidad y su porte. Ella tampoco podía ver sus alas, pero en la sombra que el arcángel veía ante él, reflejada en la pared, parecían inmensas, tan grandes que podría proteger con ellas a Helena y a todos los que quisiese. Mikhail... Michael... sea cual fuera el nombre que quisiera portar, se sintió poderoso por una vez en varios años.

Acompañó a la joven hasta el coche bajo la lluvia en silencio y la ayudó a montar. Las sirenas y las voces de los militares se habían apagado, quizá todo acabó realmente. Desde el coche sin embargo se vieron llegar a cuatro individuos vestidos con gabardinas oscuras, riendo. Mikhail permaneció observándoles unos momentos. La piel que cubría sus carnes era tan pálida que la luz parecía reflejarse en ella. Observaron a los durmientes guardias durante unos momentos, comentaron algo y los devoraron, dejándolos sin sangre en cuestión de segundos
-Son "Ellos"... Han entrado en el Fuerte...- comenzaron a vociferar, furiosos. Llamaban a John -Y están furiosos... Será mejor que nos marchemos- arrancó el vehículo cuando los cuatro entraron por la puerta en busca de sus secuaces humanos y se puso en rumbo de nuevo al hogar.

Al llegar a casa, se aseguró de acompañar a Helena hasta el sofá, donde la dejaría descansar. Suponía que podría estar un poco en shock por todo lo ocurrido, de modo que fue a la cocina y le preparó un vaso de leche caliente a la que añadió algo de miel; no tenía demasiadas opciones. Le dejó el vaso una vez preparado en sus manos
-¿Qué te han dicho...? ¿Estás bien...?- se encontraba serio, demasiado serio, no parecía él en absoluto. Las heridas de Helena ya debían estar sanadas, como si no las hubiese sufrido nunca -Creo... que tenemos una larga noche por delante... Hay cosas que debo explicarte- sentenció antes de suspirar amargamente, no sabía cómo se lo iba a tomar -Me has visto en el sótano con John y su guardaespaldas... Has debido percatarte de lo que he hecho, es más, NO has debido ni siquiera ver qué he hecho ni cuando... No soy uno de "Ellos", no soy un vampiro, para que quede claro, pero tampoco soy humano- se acuclilló ante ella y la miró a los ojos más fijamente -Soy... un ángel... o lo que queda de él- aún llovía en el exterior. Iba a ser un invierno muy frío cuando llegase.

Mientras, en el sótano de la Casa de los Inversos, Moriarty se dolía del pie. Los vampiros habían enfurecido al ver a John muerto y perdonaron la vida de Moriarty para que comunicara a los demás cuando regresaran que debían cambiar de acceso, pues ya los habían descubierto. Se llevaron toda la sangre recolectada así como el cuerpo de John y le dejaron a él solo, en la oscuridad del sótano, reflexionando. El corpulento guardaespaldas aún estaba aterrorizado, sin comprender qué había ocurrido con ese hombre de la espada
-Bravo, sí, una actuación espectacular- unos aplausos huecos comenzaron a resonar, haciendo eco -Supongo que el telón ha caido... lástima que no se haya representado la obra tal y como yo quería- la figura de un hombre salió a la solitaria luz de la bombilla. Nathanael sonreía juvenilmente a Moriarty -Esto... no es lo que acordamos, maldito demonio- el insulto hizo reir a Nathanael -Uy... casi. No soy un Demonio- se acercó a él con una soga en la mano y comenzó a atarle los pies. Moriarty estaba mareado y doliente, por lo que no pudo impedirlo -¿Qué haces? ¿¡Qué haces hijo de puta?!- el Caido no respondió, marchó silbando una alegre canción mientras tiraba del otro extremo de la soga para dejar a Moriarty colgando boca abajo del techo -¡Qué alto eres! Casi llegas al suelo- se mofó, colocándose frente a su cara -El plan era herir a ese tipo y traer a la chica. Se suponía que era un don nadie, un cualquiera que se acobardaría. John tendría su chochito y yo también sacaría tajada... de ese hombre te encargabas tú ¡Ése era el trato! Pero él... él...- Nathanael le agarró de las mejillas con una mano, haciéndo que los labios se le estiraran hacia delante y haciéndole callar -Se me olvidó deciros que él debía mataros a todos o en su defecto a la mayoría. Solamente ha puesto fin a la vida de John y en defensa de una pobre chica inocente... eso no es un mal acto, estaba protegiéndola de todo corazón, era el único modo de salvarla, matar a ese tipo- mientras hablaba, se encolerizaba -Al final todo se resume en una BUENA acción...- Moriarty no entendía nada otra vez -Puto loco... estáis todos, TODOS locos- Nathanael se echó a reir, le soltó la cara y sacó un cuchillo de supervivencia típico del ejército americano -¿Locos? ¿Conoces la definición de locura, Moriarty? Seguro que no... y no voy a perder tiempo explicándotela. No cumplisteis el trato que hice contigo y con John... así que, he de cobrar mi notable tristeza y conmoción- dijo sarcástico, dramatizando -¿Qué vas a hacer...?- preguntó el corpulento hombre, asustado, mientras el Caido se le acercaba cuchillo en mano. Sonrió desquiciadamente

-Una mala acción-

Desde la calle, aún lloviendo, se oían los gritos ahogados de un hombre mientras otro parecía reir. La puerta a la casa estaba tapiada con tablones de madera, por lo que nadie acudiría en su ayuda. Los lamentos se prolongaron durante horas mientras duraba el proceso de desollamiento de un hombre vivo, mientras un ángel se convertía en demonio, un demonio que danzaba al compás de la locura de la corrupción
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Re: La Noche de la Revelación

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