Sipnosis
Memento Mori
Tras el festival

Fue un mes de locura, el que transcurrió luego del Festival de Invierno, luego de los cepelios de las víctimas, el poder quedó en las manos del Gobernador, Everett Goodweatherm tendría el control total sobre la ciudad, pero Azuka había logrado parte de su objetivo: Los rumores de que el gobierno de Washington ya no estaba tan convencido de compartir el poder con los vampiros; la situación se estaba saliendo de manos, y los cainitas y garras rojas parecían estar ganando la partida. Pero ninguno de los artífices de la destrucción, pensaron que los berkeser se volverían un problema para todos, porque los vampiros que no fueron asesinado por ellos, se transformaron en berkeser, que se han transformado en una manada que deambula por las alcantarillas atacando a quien se les enfrente o quien esté en su menú del día.

Humanos y Vampiros ya no tenían una alianza tan sólida como antes, y las desconfianzas estaban surgiendo.

Mientras que en medio quedaban los licanos, o por lo menos, parte de ellos, Fenrir y Fianna, pero quien padeció la peor parte fueron los Fenrir que en el atentado perdieron a su líder, del que jamás encontraron el cuerpo. Quedaría en manos del nuevo líder de los Fenrir y de Gissiel Earhart, determinar el destino de su clan y tradiciones, pero entre los licanos, se sabía la atrocidad cometida por las Garras Rojas, comandados por Arthur Redclaw, que se habían vuelto muy fuertes.

Por su parte, los rebeldes, el pequeño grupo de disidentes ya no parecían estar tan solos en su lucha, el gobierno de Washington los contactaría extra oficialmente para conseguir sus fines: controlar la ciudad, de una o de otra manera. Etienne LeBlanc, tendría que decidir..

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Utopía realizada

Mensaje por Invitado el Miér Oct 10, 2012 10:38 am

7 de enero de 2014
3 AM
Un edificio en ruinas de la antigua manhattan

Caminé en medio de la habitación hacia mi ya capturada presa. Se encontraba atada en medio de un cuarto en un destruido hotel cercano a la costa. Le había atrapado la noche anterior, sin mucho esfuerzo tras encontrar a mi víctima solitaria. Esta era otra hermosa luna que me pasaría bailando alegremente en medio del caos que yo mismo había ocasionado, indirectamente, con sólo dar un paso de fe. ¿Quien diría que mi ocio iba a ser tan productivo? Fue cosa de enterarme de que la vasalla del príncipe era una espiritista, para unir algunos puntos que eventualmente darían como resultado lo inevitable. Era cosa de llevársela a Azuka y, dejar el horno calentando unos cuantos días, y dentro de poco se sentiría el excitante aroma de la sangre al mezclarse con el miedo. Finalmente, el tatita vampiro Russel fue quien concretó el intento de plan subdesarrollado.

Me arrodillé junto a mi prisionero de guerra. Era un inocente devorador desamparado, con quien esa noche tenía programada una sesión de bizarras fotos porno junto con un poco de experimentación... por la ciencia. Miré por la ventana. Estaba bastante oscuro, lógicamente. No estaba tan alto, era apenas un segundo piso, por lo que podía ver el no tan concurrido tránsito de las calles sin mayor problema. Algunos hijos de perra lanzallamas, llámese cerberos o como quieran, rondaban el lugar. - Tsk... - emití, levemente molesto. Justo en ésta ocasión había olvidado la cámara fotográfica, por lo que debería revisar las otras habitaciones y, si no encontraba, habría que comenzar a visitar los edificios aledaños. Bueno, tenía toda la noche.

Salí de la habitación y cerré la puerta tras de mí. Miré a ambos lados de los pasillos y comencé a avanzar hacia el hall principal, donde había un cadáver que podría servirme. El guardia podría tener las llaves de las demás habitaciones, cosa que me ayudaría a ahorrar bastante tiempo. Digo, en ése hotel habían turistas. Éstos viajan muchas veces con cámaras. No debería tomar mucho tiempo. Iba vestido con mi habitual chaqueta negra que escondía mi ligero armamento, y con la cara mal pintada, que más parecía llevar mucha mugre encima que pintura.

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Re: Utopía realizada

Mensaje por Invitado el Miér Oct 10, 2012 4:21 pm

Hasta ahora, el viaje no había sido provechoso; llegó con la expectativa de conseguir información sobre la clase de criaturas que habitaban aquella zona, se iría con el rostro lleno de ceniza y las manos vacías. Levanto las manos en dirección al cielo, palmas abiertas y brazos extendidos.

No, no estaban vacías: estaban llenas de ceniza. Se preguntó si es que llovía fuego en esa zona, lanzó una mirada juiciosa al infinito, pero terminó concluyendo que la idea era muy ridícula. El viento llevaba escombros hacia ella, estaba en el lado desafortunado de la brisa.

Bajando los brazos, reanudando el paso, esperando que su pacifica caminata no se viera interrumpida, se detuvo unos pasos y se refugió con pasos apresurados en un callejón. Nada era imposible, ser un cadáver caminante pudriéndose incluso en aquel momento le enseñó eso, preocuparse por una lluvia de fuego no era más irracional que estar explorando con cautela para no ser descubierta por demonios.

Tosió sin necesidad de hacerlo, tapándose la nariz con la mano derecha mientras sostenía su bolso con la otra. Reanudando el paso, entrando a un edificio cercano que pensó era el más estable de la cuadra. Era un hotel, se dio cuenta, cuando se vio empujando la puerta principal y entrando al salón de recepción. Sin embargo, no sintió alivio alguno, no estaba sola.

Sin sutileza, se aproximó a lo que suponía era un payaso renacentista y lo que era muy obvio que era un ya-se-ido. Esperó no estar interrumpiendo una comida, pero a juzgar por el estado del difunto, supo que solo entorpecía un mero robo.

Su seguridad al acercarse se debía a que atribuyó cierta familiaridad al individuo, que parecía estar demasiado cómodo en aquel entorno como para no estar en un ambiente conocido. Quizás él podría informarle. Entrando y saliendo de Nueva York, rara vez podía concentrarse en los sucesos de la ciudad; entrando y saliendo de la superficie, pues los mejores laboratorios están bajo tierra, rara vez podía concentrarse en los sucesos del mundo.

— Ah, las llaves —dijo, observando al otro con su tintineante premio en mano; bueno, resultó que ahora hablaría con el nuevo dueño del lugar, había un antónimo de legítimo por allí pero ella no iba a usarlo.

Sabiendo que se había hecho notar explícitamente, si es que el hombre (¿hombre?) no le había visto ya, deliberó si debía saludar o no. Honestamente, prefirió pensar que todavía no había sido notada; no le gustaría vivir con haber sido percibida e ignorada.

— Buenas —gesticuló, su tono más alto de lo que correspondía, realizando una ligera inclinación; oh, antiguas costumbres, tantos siglos y aún persisten—. Buenas —volvió a decir, en un tono menos excitable, en caso de que aquel lo-que-sea no hubiera oído bien.

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Re: Utopía realizada

Mensaje por Invitado el Jue Oct 11, 2012 8:37 am

Tarareaba el tema de la taberna de Star Wars mientras caminaba tranquilamente hacia el cadáver del guardia y repasaba mentalmente todas las poses que le haría probar al ser que había capturado y que tenía atado en el cuarto. - Hmmm... las llaves. - dije por lo bajo casi en respuesta de lo que la chica que recién llegaba decía mientras con mi olfato percibía su aroma evidentemente vampírico. No me inmuté ante su llegada. Era claro que si yo podía alcanzar ése punto de la devastada ciudad, alguien más podría. Me alcé mientras las pasaba una a una pensando cual podría ser la que me salvaría la noche.

- Buenas noches, New York - respondí en un tono casi eufórico, que hizo eco por el vacío y amplio hall del hotel, sin dirigirle aún la mirada, volteándome y caminando hacia el pasillo desde el cual venía. - ¿Puedo preguntar a causa de cual de todos los azares del destino ha venido usted a caer en mi humilde morada? - agregué luego volteando la mirada hacia ella mientras aún caminaba, en un tono bastante cordial, aunque sombrío y levemente gutural. Claro, ya no tan fuerte como el saludo previo. Era obvio que no era el dueño del lugar pero ¡adivinen! ¡tengo las llaves! ¡ahora lo soy!

La analicé de cuerpo completo sin intentar ocultar los lugares hacia donde mis ojos se dirigían, con una risa silenciosa escapando de mi garganta. Delgada, mucho. Pálida, pero no podía culparla. Tenía piercings, cosa que jamás me había gustado ni interesado. Sólo otra moda más proveniente de costumbres de antiguas tribus aborígenes y que la gente solía seguir sin tener idea de lo que en verdad significaban. Sólo por mera estética. Sin esperar su respuesta comencé a dirigir mis pasos hacia la escalera a mitad del pasillo. No podía permitir que mi huesped se aburra donde lo dejé. Pensé en que debería quitarme el abrigo cuando suba. Me quitaría movilidad y necesitaba toda mi motricidad fina para hacer lo que quería hacer.

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Re: Utopía realizada

Mensaje por Invitado el Jue Oct 11, 2012 12:26 pm

Ah, no había sido ignorada por su cacofónico anfitrión.

El gato, vine a ver si el gato seguía vivo —sonrió, realizando una pequeña inclinación, para luego permanecer perfectamente estática mientras soportaba el escrudiño de aquella penetrante mirada—. No se sabe si está vivo hasta que abres la caja —completó, imitando el abrir de una caja con sus manos, colocando ambas manos entrelazadas al frente de sí al concluir la acción.

No se sintió ni alagada ni ofendida, al ver cómo los ojos del otro se posaban esporádicamente en distintas partes de su físico; era de esperarse que, si era un individuo astuto, intentara recordarla en caso de que la primera reunión resultaran todo menos pacificas. Siempre era recomendable ponerle rostro al culpable, después de todo, recorrer los canales de Venecia en busca de un irrespetuoso vampiro no es una de las más dignas actividades. Si le preguntaran, diría que no que estaba hablando por experiencia propia; aunque ese atuendo nunca hubiera dejado de apestar a alcantarilla.

Al notar que el hombre se había olvidado que ella era, a falta de una mejor palabra, su huésped, tosió sonoramente para volver a llamar su atención. No le extrañaría que honestamente le hubiera pasado inadvertida. Los lunáticos chillones no tenían una muy buena memoria; recordar no era una de las virtudes de los esquizofrénicos.

Le aseguro que no deseo importunarle —dijo, su tono sin dejar de ser afable, todavía clavada al suelo; pero con la mirada al frente, clavada en los ojos del otro—. Difícilmente conozco este lugar, ¿acaso sería infortunado el ofrecerme asilo temporal o una calurosa charla? —propuso, finalmente acercándose a las escaleras—. Le haré valer su tiempo.

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Re: Utopía realizada

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