Sipnosis
Memento Mori
Tras el festival

Fue un mes de locura, el que transcurrió luego del Festival de Invierno, luego de los cepelios de las víctimas, el poder quedó en las manos del Gobernador, Everett Goodweatherm tendría el control total sobre la ciudad, pero Azuka había logrado parte de su objetivo: Los rumores de que el gobierno de Washington ya no estaba tan convencido de compartir el poder con los vampiros; la situación se estaba saliendo de manos, y los cainitas y garras rojas parecían estar ganando la partida. Pero ninguno de los artífices de la destrucción, pensaron que los berkeser se volverían un problema para todos, porque los vampiros que no fueron asesinado por ellos, se transformaron en berkeser, que se han transformado en una manada que deambula por las alcantarillas atacando a quien se les enfrente o quien esté en su menú del día.

Humanos y Vampiros ya no tenían una alianza tan sólida como antes, y las desconfianzas estaban surgiendo.

Mientras que en medio quedaban los licanos, o por lo menos, parte de ellos, Fenrir y Fianna, pero quien padeció la peor parte fueron los Fenrir que en el atentado perdieron a su líder, del que jamás encontraron el cuerpo. Quedaría en manos del nuevo líder de los Fenrir y de Gissiel Earhart, determinar el destino de su clan y tradiciones, pero entre los licanos, se sabía la atrocidad cometida por las Garras Rojas, comandados por Arthur Redclaw, que se habían vuelto muy fuertes.

Por su parte, los rebeldes, el pequeño grupo de disidentes ya no parecían estar tan solos en su lucha, el gobierno de Washington los contactaría extra oficialmente para conseguir sus fines: controlar la ciudad, de una o de otra manera. Etienne LeBlanc, tendría que decidir..

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¡Estado de alerta! Una reunión inesperada...

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¡Estado de alerta! Una reunión inesperada...

Mensaje por Invitado el Vie Oct 19, 2012 12:49 am

Martes 15 de abril de 2014, 9:35 p.m. Inmediaciones de Brooklyn.

Sobre Manhattan se extendía una enorme nube oscura, de exageradas proporciones. Como si de brazos espectrales se tratase, abarcaba lo que anteriormente era una pintoresca ciudad repleta de rascacielos y actividad, la llamada ciudad que nunca duerme. El paisaje apenas podía vislumbrarse con total claridad, la oscuridad era plena y el abandono arrastraba aires de lastimero silencio, que sumado a la brisa nocturna ofrecía un panorama de muerte. Nadie, ni un alma, nadie se atrevía a pisar el pavimento manchado con la suciedad de un largo tiempo de inactividad. Aquello se había convertido en sitio de héroes, donde sólo los valientes se atrevían a transitar.

Las calles, los edificios, sumidos en el abandono y el silencio sepulcral, quizá alguna que otra muñeca en el suelo, una mesa en ruinas, una silla rota, una ventana sucia y resquebrajada, y ni rastro de presencia humana. En eso se había convertido la viva imagen pasada de la ciudad de New York, y ahora solamente unos pocos podían valerse de la osadía de seguir viviendo y presumir de ello, contando los minutos imperecederos que los arrastraban a cada paso a una muerte incierta, un futuro inseguro. Pero no todo era desesperanza en esta época apocalíptica, sabrán quienes han vivido continuas desgracias que luego de una feroz tormenta siempre sale el sol radiante trayendo luz y calma, y que la esperanza recae en el corazón de las personas que se alimentan de la fe. Lo que no te mata... te fortalece.

Uno, dos, tres... las pisadas apresuradas de una figura masculina se desenvuelven sobre los edificios que recorre, ajeno a las calles donde cualquiera podría verlo como un delicioso blanco fácil. Cuantos más metros del suelo mejor, en las alturas las cosas se veían mejor, y se respiraban mejor también. El licántropo Dastian Rossencroft se movía a gran velocidad, haciendo gala de su excelente olfato y su vista aguda, de un azul claro impresionante, que hoy por hoy le permitía observar más allá de cualquier frontera, lamentablemente en el pasado la situación no lo había ayudado lo suficiente como para escapar de su desgraciada condición actual. Quiso él mismo llegar a ser lo que era hoy, un valiente y gallardo Guardián que protegía los intereses y la vida de la humanidad, pero lo que nunca esperó y quiso ser es un licano. Aprendió con rudeza a aceptar su condición, y como humano que alguna vez fue se adaptó con rapidez a una nueva vida, porque a fin de cuentas por eso sobrevivieron los humanos al paso del tiempo, porque aprendieron a adaptarse.

Había escuchado que un pequeño grupo de demonios avanzaba hacia el antiguo Brooklyn, y fiel a su estilo de anticiparse a los hechos, Dastian reunió a los tenientes licanos y les advirtió sobre las posibles consecuencias del paso de estos seres. Desde luego, contaba con el poder de lucha de sus compañeros, pero mientras tanto, en soledad como se encontraba ahora, debía ser precavido pues no estaba del todo seguro de poder vencer solo a estos seres oscuros. El licano era joven, comparado con la mayoría de su especie que superaban los cien años, pero no por ello débil. Bien es cierto que dicen que la práctica hace al maestro, y cuanto mayor tiempo pasas practicando tu estilo de vida licano, mayor es tu poder. Dastian se valía de sus armas de fuego, y por las dudas, de dos cuchillas de plata que cargaba en su espalda. No eran esas sus mayores armas, siempre se valió de su instinto, de su mentalidad y su inteligencia para escapar cuando era necesario, golpear cuando lo creía oportuno, y esconderse cuando la situación lo ameritaba.

A medida que avanzaba podía sentirse el frío, el silencio avasallante, un hedor nauseabundo que ante su delicado olfato le hizo llevarse una mano repentinamente hacia su rostro para apaciguarlo. Las facciones en el rostro de Dastian eran poco más que de asco, sentía repulsión por todo aquello, por la situación desesperante en que los habían dejado los vampiros. Entonces se detuvo al borde de un precipicio, sin miedo alguno por resbalar y caer, simplemente disfrutaba de la vista que le ofrecía estar a esas alturas. La nube oscura que anteriormente presenció y parecía lejana extendió unos brazos etéreos y dentro de ellos algo parecía moverse libremente, con ademanes grotescos y violentos. Un grito desgarrador llenó el aire y Dastian se limitó a fruncir su entrecejo mientras olfateaba el aire como un perro en busca de algún aroma, reconociendo el terreno en general. Luego, esbozó una media sonrisa y su mirada clara se giró para observar sobre su espalda.

Vienen invitados nada agradables... —anunció antes de volver su mirada hacia la nube oscura que rápidamente se aproximaba, abarcando todo con su negrura infinita. La acción recién comenzaba, y los formidables guerreros entraban en el campo de batalla una vez más.
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Re: ¡Estado de alerta! Una reunión inesperada...

Mensaje por Invitado el Sáb Oct 27, 2012 8:13 am

Hace muchos años había oído un estudio que indicaba algo como que el peso de todas las hormigas en el mundo juntas era equivalente al de todos los humanos juntos, pero que si todas las hormigas desaparecían, el ecosistema sufriría un deterioro abrupto, mientras que si si los humanos desaparecían, el planeta incluso se regeneraría. Ahora me pregunto que habría dicho ese científico, de haber sabido que la humanidad se vería limitada a unos cuantos sobrevivientes en parte de lo que antiguamente era Nueva York, y que el mundo se iría a la mierda a causa de los demonios y unos cuantos desequilibrados que abrirían portales infernales por doquier.

En estas cosas pensaba mientras me acercaba a toda velocidad hacia el punto de reunión designado, saltando por los tejados, sujetándose de salientes, corriendo por bordes relativamente delgados haciendo equilibrio y, bueno, siendo parkour. Vestía ligero, con ropa sacrificable cuya pérdida no fuera a lamentar, y traía consigo su siempre fiel Desert Eagle, sus dos dagas habituales, y un buen montón de cuchillos para lanzar. Debía valerme de mi puntería con éstos para acertar en los puntos débiles de los demonios, ya que no eran tan efectivos para hacer volar todo como las armas de alto calibre.

Antes de salir del fuerte dejé avisado a los demás guardianes licanos para que se preparen para el peor de los casos, en que deban ser la segunda barrera de contención. No tardarían en estar listos. No me lanzaría en paracaidas a la acción sin tener uno o dos planes de respaldos en caso de que necesitemos refuerzos u otras medidas. Deberían estar atentos a mi señal. Además, había una posibilidad que no podía descartar. Rara vez me fiaba de algo, y los reportes que recibía Dastián no quedaban exentos. La posibilidad de que hayan sido adulterados por los garras rojas o los cainitas no podía quedar fuera del tablero.

Finalmente descarté en parte esta posibilidad al ver la nube oscura que se acercaba rápidamente hacia el fuerte. La amenaza era real, por lo que debería acelerar aún más el paso. Los nauseabundos olores que percibí no eran nada nuevo, ni mucho menos inesperados por lo que les resté importancia y me enfoqué en mi camino. Cuando llegué al tejado donde estaba Dastián, me detuve y me acerqué a paso lento sin decir nada. Me limité a sacar un paquete de mentas de mi bolsillo y me eché una a la boca me paré junto al mismo borde donde él estaba, pero apegado a la esquina derecha, mirando hacia nuestros próximos oponentes. Saqué un cuchillo lanzable de mi bolsillo y me puse a jugar con éste haciéndolo saltar con mi mano y atrapándolo en el aire. No respondí a las palabras de Dastián, sólo sonreí y me reí entre dientes.

(off: bien, el post quedó un poco más corto que el original.... que perdí por clickear mal >.>)
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Re: ¡Estado de alerta! Una reunión inesperada...

Mensaje por Invitado el Miér Nov 07, 2012 5:57 am

El día en oscuridad… más que un escenario lúgubre, parecía un eclipse solar, en espectáculo de dimensiones magnificas y que seguramente disfrutaríamos mucho tiempo más en estos días de caos y desesperación para los humanos y el mundo, aunque había criaturas que sabrían aprovechar este digno clima. – Y pensar que creí que yo iba a ser quien traería el apocalipsis… al menos así me ahorro un regaño y tengo chipe libre para divertirme – Dijo el Licano mirando la ciudad desde la parte superior de un edificio de gran altura.

Cuidad:

-Es un paisaje algo triste... y pensar que viví alguna vez por estos lares que ahora solo son ruinas de aparentemente miles de años, inquebrantables - Dijo el hombre, para mirar hacia el suelo desde su posición y volver a entrar al edificio por la azotea. Luego observo el agujero del ascensor , que se hallaba vació, lo mas probable es que el ascensor se hubiera caído cuando ocurrió la catástrofe, así que salto sin vacilaciones , saltando entre las paredes, del ascensor para disminuir la potencia del impacto final. A lo que vendrían siendo unos cinco pisos del atura a nivel del suelo, sacó 2 cuchillas y las clavo en la pared con firmeza, dejando un fino surco de unos 3 metros de longitud, que habían servido para detener su avance. Al detenerse, efectivamente, halló el ascensor aplastado contra el suelo y un desastre en lo que debería haber sido el lobby del lugar.

Salió con calma por la puerta, mientras se sacudía las manos y el polvo de la gabardina -Recordatorio: "Nunca mas saltar sin tener un plan " - Dijo a si mismo en voz alta.
En la calle, miro alrededor, el paisaje se veía un poco menos desolado desde el suelo, ya que no se podía apreciar en su verdadera totalidad el daño causado. Ahora le correspondía ir al lugar designado, así que decidió caminar por en medio de las calles, ya que le dolían aun los tobillos por el golpe desde el ascensor y saltar no ayudaría demasiado - Vaya clase de medico que soy... Me lastimo mas de lo que puedo curarme - Dijo para comenzar a reír mientras caminaba. Luego se detuvo un segundo y sacó su lanza ( 80cm ) y empezó a girarle entre sus manos distraído, mientras continuaba el viaje, en ese momento, llevaba la lanza, 4 repuestos de hojas, unos 10 cuchillos y las espadas gemelas, enfundadas a su espalda, ademas del siempre útil kit medico (No apto para caídas sinsentido)


Luego de la que debieron ser unos minutos de caminar en su juego. Llegó al punto de reunión, pero antes de entrar, pudo apreciar el movimiento irregular de las nubes - Vaya, espero que esa cosa luche, sea lo que sea, sino no tendrá gracia...- Sonrió antes de entrar al edificio y subió las escaleras de manera normal hasta la azotea en donde se halló a sus compañeros mirando las nubes - Es un lindo clima para aportar una salvación parcial a la paz de este funesto lugar, seria terrible que perturbaran el descanso de una ciudad muerta - Dijo entre risas, pero sin desmerecer la situación, ya que sabia que si aparecían seres en cualquier lugar, seria una catástrofe de grandes proporciones a largo tiempo...
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